sábado, 14 de febrero de 2009

Algo que deberíamos tener muy presente los venezolanos en el día de mañana

Parece que siempre está a punto de suceder algo terrible (...) Esta capacidad de insuflar miedo en las sociedades es tremendamente dañina, porque el miedo no genera responsabilidad o altruismo, sino más miedo, más dependencia de nuestros supuestos defensores. Al final, el círculo vicioso se establece de forma irremediable: necesitamos ser protegidos por quienes fundan su razón de ser en un supuesto catálogo de terrores.

Ricardo Menéndez Salmón

lunes, 9 de febrero de 2009

Síndrome latinoamericano

A principios de esta década que se aproxima a su fin (ya sólo quedan poco menos de once meses para decirle adiós a los primeros diez años del siglo XXI, ¿otra década perdida para los latinoamericanos?) escribí un artículo que fue publicado en un reconocido diario venezolano y cuyo nombre es el mismo que le he dado a este post.

En aquel entonces ni Ortega en Nicaragua, ni García en Perú, presidían a sus respectivas naciones, pero ya un creciente grupo de sus (¿desmemoriados?) compatriotas amenazaban con llevarlos de vuelta al poder.

De cara a un nuevo proceso electoral en Venezuela, tan importante como todos los que se han sucedido desde 1958, he querido reproducir mi artículo tal cual apareció publicado en aquel entonces.

Creo que no hace falta agregar ningún otro comentario.


Síndrome latinoamericano

Los latinoamericanos vivimos de sobresalto en sobresalto.

Las crisis económicas, sociales y de gobernabilidad han encontrado un mullido colchón en nuestra ancha geografía. Si me aventurara a trazar una especie de balance, desde que comencé a interesarme por los contenidos de los diarios, allá por los lejanos ochenta, cuando era apenas un adolescente, hasta estos tiempos actuales que nos ocupan, concluiría en que son más las malas noticias que he leído sobre la región que las buenas. Sí. Lamentablemente muchas más. Para muestra un botón: las cruentas dictaduras de derecha en el sur, los desmanes de las guerrillas de izquierda en Centroamérica, millares de desaparecidos de uno y de otro lado, autoritarismos y represiones de toda especie, los golpes de estado, las devaluaciones de la moneda, la hiperinflación y la aparición, de tanto en tanto, de seductores mesías que prometen guiar a sus pueblos a la redención: Fidel Castro, Daniel Ortega, Noriega, Alan García, Carlos Andrés Pérez, Menem, Fujimori, etcétera y que no hicieron otra cosa que acumular poder y dejar luego a sus países sumidos en crisis peores a las que los antecedieron. Hombres de carne y hueso con dos atributos en común: mucho carisma y ambiciones desmedidas de poder.

Sin embargo, como cita el adagio popular, la culpa no es del burro sino de quien lo arrea. Porque algunos de esos mesías que han fracasado estrepitosamente siguen arrastrando a millones de seguidores en sus propios países o fuera de ellos, como lo demuestra la popularidad de Castro en toda la región y las osadas y surrealistas candidaturas por la presidencia en 2001 de Daniel Ortega en Nicaragua y de Alan García en Perú: en contra del más elemental sentido común, dieron la pelea y hasta llegaron a colarse en un nada despreciable segundo lugar. Tampoco conviene olvidar “el tango” de Menem en la querida Argentina, ni el joropo de CAP en estas tierras de Dios.

¿Qué induce a nuestra gente a seguir este tipo de comportamiento? ¿La ingenuidad?¿La falta de memoria histórica colectiva? ¿La ignorancia? ¿La exclusión? ¿El resentimiento? ¿La frustración? ¿O acaso ese sentimiento tan caprichoso que llamamos esperanza?¿O quizá sea una mezcla letal de todo lo anterior?

En algo más de quinientos años de historia, todavía tenemos líderes que apelan a los desmadres que se llevaron a cabo durante el proceso de conquista para nutrir sus arengas henchidas de resentimiento y lugares comunes. Arengas que cierto sector de la población está siempre dispuesto a escuchar y con las cuales se retrotrae a una época más romántica. A veces no hay nada peor que escuchar sólo aquello que deseamos escuchar. Entretanto, los descendientes directos de las víctimas de nuestro abyecto pasado, siguen abarrotando las calles de los principales centros urbanos de América Latina para mendigar una moneda o un mendrugo de pan. Anacronismos son anacronismos.

Los recientes sucesos de La Paz son parte de ese largo reportaje que viene escribiéndose en la región desde tiempos remotos: miseria, populismo y violencia; un círculo vicioso que cada vez pareciera consolidarse más, hacerse más fuerte y por lo tanto más difícil de romper. A finales de los ochenta le tocó el turno a Venezuela con el Caracazo, el año antepasado a la Argentina y ahora a la vapuleada Bolivia. ¿Cuál será el próximo país en inscribir su nombre en esta indeseable lista?

Mientras nuestros pueblos insistan en elegir a los líderes menos indicados (radicales con un verbo encendido, clasista y divisionista; con fórmulas populistas para resolver los problemas; autoritarios con evidente incapacidad para negociar e inobjetables ambiciones de poder), estaremos condenados a repetir la historia.

No obstante, esto no parará de la noche a la mañana como por arte de magia. Es preciso que desde los sectores más moderados y modernos de nuestras sociedades, comience a emerger una nueva camada de líderes que se entregue a la impostergable tarea de articular un mensaje atractivo y creíble para llegar a las grandes masas de excluidos, sin que por ello caiga en la tentación de echar mano a las facilidades que ofrecen el resentimiento y el populismo. Por supuesto, también tendrán que demostrar la validez de su compromiso con las metas trazadas. Sólo así podríamos esperar un futuro distinto a nuestro convulsionado presente.

Lo contrario sería algo bastante próximo al suicidio colectivo.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Regresa “Cuando seamos grandes”



Tras su exitosa primera temporada y su participación en la X edición del Festival de Teatro Infantil José Gregorio Romero 2008, Cuando seamos grandes, montaje de la pieza infantil escrita por Víctor Vegas, dirigido por Jennifer Morales y producido por el Teatro San Martín de Caracas, regresa a la sala principal de este teatro del suroeste de la ciudad a partir del próximo 7 de febrero.

La puesta en escena cuenta con las actuaciones de Paola Baroferre, José Alberto Blanco, Zammy Giménez, Kaoru Yonekura, Yma Sumack y la participación especial de la niña Verónica León.

Cuando seamos grandes obtuvo en 2006 el primer premio en el IX Certamen de Dramaturgia Infantil de la Universidad Central de Venezuela y fue publicada ese mismo año por el Fondo Editorial Pío Tamayo (Barquisimeto, Venezuela).

Las funciones serán los días sábados y domingos a las 3:00 pm. El Teatro San Martín de Caracas está ubicado en la Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas, Telf. (212) 4512161/3772526. Estacionamiento privado al lado del teatro.

martes, 3 de febrero de 2009

El último padre


En 2007 tuve la oportunidad, y a la vez la fortuna, de trabajar en el equipo técnico del primero de los espectáculos del Proyecto Padre, ideado, promovido y organizado por Gustavo Ott y el Teatro San Martín de Caracas. Un proyecto que llega a su fin el próximo viernes 6 de febrero con el estreno de su tercer y último espectáculo. En los dos anteriores, ha levantado no pocas polémicas: unos lo han amado, otros odiado, pero ha dejado a muy pocos indiferentes... Y en esta ocasión seguramente será igual. Sin embargo, voy a dejar que sea el propio departamento de prensa del Teatro San Martín quien le haga la invitación al lector y explique la envergadura e importancia de este proyecto:

Estreno mundial con cinco piezas dedicadas al tema del “Padre”.

TERCER PADRE: OBRAS JOSÉ, SE ESTRENA EN SAN MARTÍN

El Teatro San Martín de Caracas presenta este viernes 6 de Febrero, a las 8 pm, y en estreno mundial, el Tercer Padre: Obras José, “Atardeceres”; cinco piezas sobre el tema del Padre iberoamericano escritas de manera especial para el TSMC por Angel Norzagaray (México), Benjamín Gelemiri (Chile), Ignacio del Moral (España), Santiago Martín Bermúdez (España) y Mónica Ogando (Argentina), bajo la dirección del venezolano Costa Palamides.

Este Tercer Padre: Obras José, “Atardeceres”, está compuesto por las obras “El Padre José” de Angel Norzagaray (México); “¿Quién Eres?” de Ignacio del Moral (España); “La Cuota de Plusvalía” de Benjamín Gelimeri (Chile); “Domingo” de Mónica Ogando (Argentina) y “Ella Bailaba Boleros de Isolina” de Santiago Martín Bermúdez. El elenco lo integran María Brito, Ludwig Pineda, Juliana Cuervo y José Gregorio Martínez.

El Proyecto Padre: Obras José es un mega proyecto que contempla en su totalidad tres espectáculos distintos contentivos de 13 obras y 13 autores de 9 países. El personaje central, “José”, posee las mismas características en todas las piezas, aunque varía su contexto, condición social, usos del idioma, profesión, etc. Si “José” en una obra es un burgués, en la otra es un obrero, un macho o gay, un filósofo o un idiota, un tahúr o un santo. “José” es casado, divorciado o viudo y vive al mismo tiempo en Argentina, Venezuela, España, Chile o México. Puede que “José” hable mucho o poco y su vida es distinta en cada obra aunque es el mismo “José” siempre: padre de dos hijos y con un temblor en su mano derecha. Y es el mismo “José” siempre porque queda claro que “José” es, además de un personaje, una metáfora.

Para Costa Palamides, director de este Tercer y último “Padre”, fundir la realidad del "padre hispanoamericano" ha sido “esclarecedor y a la vez aterrador”.

—Se trata de un rompecabezas de angustias y delirios sobre la paternidad en nuestros días —acota Palamides—. Me he valido de recursos del realismo mágico, el surrealismo, el hiperrealismo, la farsa y el melodrama; cinco tergiversaciones de la realidad, cinco maneras de enfoque en una rayuela de la que surgen y se desvanecen cinco padres terriblemente verídicos, reconocibles y patéticos —apunta.

Este es el primer trabajo que el reconocido director de Teatrela realiza con el equipo del Teatro San Martín de Caracas/Textoteatro. “Trabajar en San Martín es una delicia; hay allí una guarida de creación. En este caso, con cuatro actores excepcionales y un equipo de mística bajado de los cielos, con pócimas de dos gardenias y milagros. No es para menos con tanto padre paternal y padrísimo que nos duele y nos avasalla”, dice el Director invitado.

Tercer padre: más profundo y difícil.

Según explica Gustavo Ott, Director General del TSMC, este “Tercer Padre” es el espectáculo más “profundo y difícil” de los tres presentados hasta ahora.

—De los tres espectáculos es el que tiene más piezas, cinco. Costa realiza un trabajo de dramaturgia con los cinco dramaturgos y logra hilar, como un buen autor no sólo de la escena, sino de la literatura, las cinco historias que, en tiempos, contextos y lenguajes distintos, apenas tienen un punto de coincidencia: un personaje llamado “José”. De los tres “Padres”, este es el único que funde las piezas. Por supuesto, esto no es nada fácil de hacer, incluso para el autor más bregado, pero Costa lo ha hecho como un veterano de la pluma.

Con el Tercer Padre culmina la primera fase de este programa de autores que ha reunido, desde el 2007, a catorce actores, trece autores, tres directores y dos decenas de artistas de catorce países. Las 13 Piezas “José” serán publicadas este mismo año y presentadas en julio próximo, cuando se estrene el Primer Espectáculo del Proyecto Madre: Obras María, que también incluirá quince piezas de todo el mundo escritas especialmente para este proyecto, dedicadas al tema de la Madre.

Padre 1 , 2 y 3…

El Primer Padre: Obras José, “Amaneceres” se estrenó el 8 de Junio del 2007 y fue integrado por las piezas: “Los Adioses de José” de Victor Viviescas (Colombia); “El que te cogió y se fue” de Elio Palencia (Venezuela); “Papá poeta” de Ricardo Halac (Argentina) y “Cenizas Vivas” de Roberto Ramos Perea (Puerto Rico). El elenco de este “Primer Padre” lo Integraron los actores Gonzalo Cubero, Trino Rojas, María Eugenia Romero, William Escalante, José Luis Záez y Lismar Ramírez, bajo la dirección general de Luis Domingo González.

El Segundo Padre: Obras José, “Noches” fue estrenado el 5 de Junio del 2008 (con el apoyo de Iberescena, el Centro Helénico de México y el Celcit-Argentina) con las piezas “El Testamento de José” de Luis Mario Moncada (México); “La Rosa Mística” de Patricia Suárez, (Argentina) y “Notará que llevo un arma” de Gustavo Ott (Venezuela), dirigidos por Marcos Vieyra (México), con la participación de Susana Varela (Argentina) y los actores Venezolanos, Luis Domingo González, David Villegas, José Gregorio Martínez y Jennifer Morales.

Y el Tercer Padre: Obras José, “Atardeceres”, que estrena el TSMC este viernes 6 de febrero está compuesto por las obras “El Padre José” de Angel Norzagaray (México); “¿Quién Eres?” de Ignacio del Moral (España); “La Cuota de Plusvalía” de Benjamín Gelimeri (Chile); “Domingo” de Mónica Ogando (Argentina) y “Ella Bailaba Boleros de Isolina” de Santiago Martín Bermúdez.

Las Funciones del Tercer Padre: Obras José, “Atardeceres”, serán a partir de este viernes 6 de febrero, de viernes a sábado a las 8 pm y los domingos a las 6 pm en la Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas.

sábado, 31 de enero de 2009

Lugares comunes


Tengo un par de amigos a quienes les incomodan los lugares comunes. Aunque pensándolo bien, los efectos que los lugares comunes producen en ellos se acercarían más a las expresiones siguientes: les aterra, les da pavor, les causa pánico, animadversión...

Para ellos un lugar común es una especie de blasfemia, una hiedra que se adhiere a la obra y a la velocidad del rayo va cubriéndola con sus ramas hasta abrazarla por completo y por fin asfixiarla. Me cuentan, con la exageración natural del escritor, que mientras trabajan o leen un libro y sienten a la distancia el olor de un lugar común, apagan la computadora o cierran el libro y echan a correr.

Pero, ¿puede escribirse hoy en día con semejante temor a los lugares comunes cuando las historias de tanto contarlas se han agotado?

Recuerdo que a finales de los ochenta escuché una vieja canción que me encantó, una de esas rarezas que uno sólo se encuentra de tanto en tanto. La historia que se contaba en ella me pareció en extremo original y de paso muy cortazariana. Enseguida dije para mis adentros, “algún día escribiré algo basado en este tema”. Los años discurrieron como liebres, anduve de aquí para allá y de allá para acá, sin embargo, el azar me permitió cumplir con aquella promesa: “Cartas para Celia”, relato que aparece en mi libro Mensajes en la pared, viene a ser su materialización.

Tiempo después, a principio de la década de dos mil, compré un par de novelas de Milan Kundera, autor cuya obra me impuse casi como una obligación leer a partir de La insoportable levedad del ser. Mientras me adentraba más y más en la lectura de una de aquellas novelas de Kundera (no voy a mencionar su título para azuzar la curiosidad del lector) iba descubriendo más y más que las historias que a veces creemos originales no son tales y que los seres humanos, no importa en la latitud-longitud del globo terráqueo donde les haya tocado nacer, en cuestiones de sentimientos y emociones, tienden a comportarse o reaccionar más o menos de forma parecida. ¿Cómo si no llegamos a identificarnos con las historias que otros nos cuentan?

En fin. La canción que creí muy original —que hasta me empujó a escribir un relato corto— y la novela de Kundera se asemejaban tanto en sus anécdotas que cualquiera hubiera jurado que uno le había robado, o copiado, la idea al otro. Una cosa si bien no imposible sí bastante descabellada. No obstante, esas coincidencias suelen ocurrir con mayor frecuencia de lo que el común de la gente piensa que ocurren. Y aún más si nos enfocamos en los entornos creativos. Picasso y Braque, por ejemplo, inventaron el cubismo casi al mismo tiempo y antes de llegar a trabajar juntos, sin conocer uno lo que había estado haciendo el otro, por “pura casualidad”. Bueno, esto sólo es un decir (por eso lo he entrecomillado), puesto que ambos eran grandes admiradores de la obra de Cezanne.

Desde entonces, en mi caso particular, dejaron de molestarme los lugares comunes y comencé a preocuparme más por la manera cómo se abordaban las historias en los libros que leía, en lugar de abocar toda mi atención a la historia que se contaba. Es decir, desde entonces empezó a interesarme más la forma que el fondo. Por supuesto sigo creyendo que el fondo de cualquier relato es importante, pero definitivamente no es lo más importante, puesto que una buena obra es más que la suma de sus partes. Una historia mil veces contada puede aguantar otras mil veces más de narración (y creo que más aún), siempre y cuando la manera de narrarla aporte alguna novedad, alguna diferencia significativa con sus predecesoras. O que simplemente hinque sus dientes sin compasión ni titubeos en la condición humana, una característica a la que cada vez más le doy importancia cuando leo una buena historia.

No olvidemos que el miedo a los lugares comunes entre los escritores, desde hace ya bastante, se ha convertido también, en sí mismo, en un lugar común.

jueves, 15 de enero de 2009

Cambios


“El cambio es lo único constante” o “el cambio es lo único que permanece” son expresiones muy familiares para mí, que he escuchado recurrentemente a lo largo de mi vida, en especial en los últimos años que me dediqué a la informática. Eran los tiempos de “¿Quién se ha llevado mi queso?”, un libro que llegó a mis manos a través de distintas vías (internet, jefes, amigos y unos cuantos desconocidos) y que terminé odiando, entre otras cosas, porque era el predilecto de los facilitadores de los talleres con los que a veces los departamentos de recursos humanos de las grandes corporaciones suelen torturar a los empleados.

Eran también los tiempos en que la gente de IT veníamos de un largo proceso —nada sencillo, por cierto— de cambios aplicados en el hardware y software que usaban las compañías con el objeto de prevenirlas contra los desastres del efecto Y2K o Año 2000, ¿recuerdan? Años de duro trabajo y profundas transformaciones... De modo que ¿quién mejor que un informático para saber ponderar el significado de la palabra cambio?

En aquella época y en cualquier otra.

Y tras cada cambio es indispensable la necesaria transición, el breve o largo período de adaptación mientras las cosas van tomando su lugar, van ocupando el espacio que les corresponde, se van ajustando, amoldando al nuevo orden que impone el propio cambio. Sin este necesario período cualquier otro cambio que ocurra enseguida es probable que no pueda ser asimilado o aprovechado en su totalidad. Es así como la transición forma también parte inseparable del cambio, su vital compañera.

En mi vida he experimentado muchos cambios, la mayoría buscados, porque para bien o para mal soy de los que no pueden estarse quietos por mucho tiempo en un mismo lugar. Así cuando en casa todos creían que estudiaría una carrera relacionada con las artes, escogí Ingeniería en Informática. Apenas me gradué, busqué salir de casa, y aunque esto no se dio de inmediato, sí terminó dándose un par de años después de comenzar a ser “económicamente activo”. Otra ciudad, otros aires, otras oportunidades para el cambio. En mi trabajo siempre me mantuve cambiando, bien fuera de aplicación a la que daba soporte o de cargo en la organización que pagaba mi sueldo. Incluso, a mediados de los noventa, formé parte de un equipo de reingeniería (término que la mayoría de empleados no relacionaba con el cambio sino con los despidos) que propuso modificaciones significativas en los procedimientos y sistemas de logística y atención al cliente de la empresa que, a su vez, generaron innumerables modificaciones en las aplicaciones a las que daba soporte el departamento de IT. Fue sin duda una de las etapas más activas de mi vida profesional, en la que más he trabajado y aprendido —aprendido no sólo cosas técnicas, sino una especie de filosofía para resolver problemas, o intentar resolverlos, desde luego—. En la adolescencia milité en una fracción estudiantil del partido comunista, hice teatro y practiqué un apostolado en un barrio de esos que llaman de “estrato social bajo”, pero donde consolidé muchos de los principios que me han guiado hasta el día de hoy. De adulto trabajé para una corporación trasnacional y he invertido (ganado y perdido) en los mercados bursátiles internacionales. A los treinta me casé cuando llevaba toda mi vida diciendo que nunca lo haría; he cambiado varias veces de lugar de residencia; abrí, mantuve y cerré mucho después un club de video en el que pretendía (ingenuamente, claro está) popularizar algunas obras maestras del Séptimo Arte; y a principio de esta década, decidí colgar mi título de ingeniero y retomar mi carrera literaria que había interrumpido años antes por ese deseo irreprimible que me empuja a los brazos del cambio.

Hace poco, junto a mi esposa, he emprendido otro proceso de cambio; apenas ahora estamos en el período de transición del que he hablado líneas arriba: el tiempo de observar y dejarse llevar, de adaptarse. Sin embargo, estoy seguro de que los cambios no se detendrán, seguirán sucediéndose en mi vida como hasta ahora, y yo continuaré abriendo mi puerta, cediéndoles el paso y dándoles la bienvenida... Bien con una sonrisa en el rostro o con una mueca que se le parezca; bien para estar arriba o bien para estar abajo... Nunca se sabe... La vida es demasiado corta para vivir todas las vidas que a uno le agradaría vivir...

martes, 13 de enero de 2009

Premio de cuento para jóvenes autores

Además de un joven autor en vías de consolidar su carrera como narrador (su último libro y primera novela, La huella del bisonte, Grupo Editorial Norma, 2008, fue acogido de manera entusiasta por un nutrido grupo de lectores), Héctor Torres es un fervoroso promotor de la literatura venezolana.

Desde ese rincón necesario como lo es Ficción Breve Venezolana, lleva años difundiendo la obra de autores de distintas generaciones y gracias a su boletín informativo, que distribuye semanalmente a través del email, mantiene a muchos al tanto de los eventos relacionados con la presentación de libros y otras actividades que tienen que ver con el entorno editorial del país.

También, junto a la reconocida escritora Ana Teresa Torres, cada año, bajo el patrocinio del PEN Venezuela y la Alcaldía de Chacao, organiza el evento Semana de la Nueva Narrativa Urbana, que en sus tres primeras ediciones ha tenido muy buena acogida de público.

Creo que seguramente gran parte de los miembros de las nuevas generaciones (y de las viejas también, desde luego) han hecho, por una u otra razón, contacto con Héctor y que de cierta manera tengan que agradecerles algo (yo por ejemplo, me incluyo en esa larga lista; la de las nuevas generaciones, se entiende) debido a su entrega y desprendimiento en esa labor de difusión de la que he venido hablando.

Quizá por este motivo la Policlínica Metropolitana de Caracas le ha encargado la responsabilidad de coordinar su joven premio de cuentos para jóvenes autores que en este año arriba a su tercera edición.

A continuación reproduzco, tal y como me las ha hecho llegar el propio Héctor, las bases para los interesados, y como siempre, recomiendo leerlas con detenimiento antes de enviar cualquier material para que luego no haya “sorpresas inesperadas”.

BASES COMPLETAS

La Policlínica Metropolitana convoca al PREMIO DE CUENTO "POLICLÍNICA METROPOLITANA" PARA JÓVENES AUTORES, en su tercera edición (2009).

La Policlínica Metropolitana ha instituido este premio como un reconocimiento a los jóvenes talentos venezolanos en el arte de la escritura. Con este premio se pretende promocionar y estimular la alta creación juvenil y enriquecer el patrimonio cultural escrito.

Los autores que concursen deberán regirse por las siguientes

B A S E S

1.- Podrán participar todos los autores venezolanos, o extranjeros residenciados en el país, menores de 40 años.

2.- Se admitirá un sólo cuento por autor, de tema libre, los cuales deberán ser originales, inéditos y escritos en lengua española, con extensión comprendida entre las cinco (5) y las veinticinco (25) cuartillas, a doble espacio e impresas por una sola cara. Los textos participantes deberán ser inéditos, no premiados anteriormente ni comprometidos en otro concurso o publicación.

3.- Se otorgará un 1er. premio de Bs.F. 6.000, un 2do. premio de Bs.F. 3.000 y un 3er. premio de Bs.F. 1.500. El jurado podrá otorgar, además, las menciones que considere necesarias.

4.- Los cuentos participantes serán recibidos hasta el 15 de febrero de 2009. El veredicto se dará a conocer el 15 de abril de ese año, fecha en que se precisará el día del acto de premiación. Un número limitado de cuentos podría resultar con menciones honoríficas, a consideración del jurado, con opción a ser publicados junto con el cuento ganador, sin que ello implique ninguna retribución monetaria para los autores. Policlínica Metropolitana se reserva el derecho de publicación y explotación de las obras premiadas, así como el de las menciones honoríficas, en cualquier forma y modalidad, dentro y fuera del territorio nacional, sin limitación alguna. En consecuencia, el ganador, los premiados y aquellos con posibles menciones honoríficas, cederán a Policlínica Metropolitana los derechos para editar, publicar y comercializar las obras, en un número limitado de ejemplares y por un plazo máximo de cinco (5) años, contados a partir de la fecha del concurso, aunque se trate de una coedición.

5.- Los premios serán indivisibles y no podrán ser declarados desiertos.

6.- Los textos participantes se enviarán con seudónimo, en cuadruplicado, a la siguiente dirección: Junta Directiva, Sótano 2, Policlínica Metropolitana, Calle A-1, Urbanización Caurimare, Caracas, 1060. En sobre aparte se colocarán el nombre del cuento, el seudónimo y los datos completos del autor (nombre, dirección, CI, teléfono, correo y un breve CV literario). También podrán participar enviando al correo electrónico: concursodecuentos@pcm.com.ve y un archivo adjunto con el cuento en word, y otro con los datos del autor.

7.- El jurado del concurso estará integrado por los escritores Ednodio Quintero, Alberto Barrera Tyzska y Krina Ber.

8.- Todo lo no estipulado en estas bases será resuelto por el Comité Organizador.

9.- Los ganadores se comprometen a participar personalmente en la ceremonia de entrega del premio, actos de presentación y promoción de su obra. Los autores ganadores y aquellos con menciones honoríficas autorizarán a los organizadores del premio utilizar su nombre e imagen con fines promocionales.

10.- No podrán participar aquellas personas que trabajen en la Policlínica Metropolitana, C. A., ni en sus empresas filiales.

viernes, 9 de enero de 2009

¿Spiderman en los billetes de un dólar?


Algunos conocen sobre mi debilidad hacia los cómic (en especial The Amazing Spider-man), así que al toparme esta mañana con esta nota en el diario El País, no pude evitar la tentación de hacer la referencia en mi blog. En la imagen de arriba, con su particular sentido del humor, Spidy le dice a Obama: “Hey, if you set to be in my cover, can I be on the dollar bill?”. Cosas de Spidy...

martes, 6 de enero de 2009

A ver si no es demasiado tarde...

Ayer por la tarde se realizó en Madrid la tradicional Cabalgata de los Reyes Magos. Este año la propuesta del Área de Las Artes de Madrid para la Cabalgata tomó como argumentación a la naturaleza y es quizá una buena ocasión para subir el video que ahora pongo a disposición de los cibernautas que caen por error o les gusta pasearse de tanto en tanto por estos espacios. Tal vez algunos ya lo han visto porque lleva tiempo recorriendo la internet. Pero nunca está demás redundar sobre el asunto: es un hecho que nos atañe a todos y diariamente hay que reflexionar y actuar en la medida de nuestras posibilidades sobre él... A ver si no es demasiado tarde...

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Orden y vida


Por estas fechas algunos suelen hacer su lista de buenas intenciones que se comprometen a cumplir seriamente durante el nuevo año que está a punto de abrir sus puertas de par en par.

Quizá para muchos sean las mismas buenas intenciones que aspiraban cumplir durante este otro año que se va, y que debido a múltiples razones, tuvieron que dejar de lado empujados por el cúmulo de actividades diarias que a todos nos toca y que nos vemos en la obligación de cumplir.

Sin embargo, lo cierto es que desde un principio muchas de esas buenas intenciones están destinadas al naufragio, al fracaso, principalmente porque se las piensa o se las dice en un momento de arrebato, contagiado por la emotividad de estos días de fin de año que mueven tanto a los compromisos, a los balances y a las buenas intenciones.

Para que esas metas dichas o pensadas, revestidas del aura maravillosa de esta época, lleguen a concretarse, son necesaria al menos dos cosas: metodología y voluntad, o lo que es lo mismo: orden y perseverancia.

Desde que comencé a desempeñar la carrera en la que me gradué —la digo una vez más para aquellos que todavía no lo saben: Ingeniero en informática—, trasladé al ámbito personal la metodología que usaba en el ámbito profesional con el fin de no perder de vista mis “buenas intenciones” de cada año: construir una lista con diez o doce metas concretas (no más), que fueran realmente alcanzables y que dependieran más de mí que del azar (nada como “este año me gano el gordo en la lotería”); fijar a cada una de estas metas un peso específico de acuerdo a su importancia o relevancia; definir un par de fechas tentativas para su cumplimiento dentro del año (la más cercana y la más lejana, por ejemplo, y cuidar de que las fechas de cumplimiento de todas las metas no coincidieran en el último trimestre) y por último crear una hoja de cálculo en la que vaciaría todas esta información y que me serviría de herramienta, de brújula, para dar seguimiento (mensual y a veces hasta semanal) al desarrollo o cumplimiento de cada una de las metas que me había trazado. Esta metodología ha permitido que esté “encima” de mis buenas intenciones y que no las eche al olvido, hasta que vuelvan a mí —para atormentarme, desde luego— a finales de año. Y por supuesto, a lo anterior habría que agregar una buena dosis de empeño, de perseverancia.

Que la gente no cumpla con las metas que se trazó alguna vez creo que, por lo general, depende más de ellas mismas que de su entorno, y de que no se hayan trazado un plan u orden factible para poder lograrlas. O que simplemente hayan escogido o impuesto a sí mismas metas inalcanzables.

Durante un reciente vuelo de Frankfurt a Madrid, me tropecé con una de esas historias anónimas que lo dejan a uno reflexionando sobre la falta de compromiso que a veces tenemos con nosotros mismos, con nuestros pequeños sueños. Al abordar el avión me encontré con que mi puesto estaba ocupado por una persona. Era una mujer de mediana edad, sin duda europea, y con unos enormes lentes oscuros. Me le acerqué y le pregunté en inglés qué asiento tenía, me respondió que el 22D, pero que la azafata la había reubicado en ese —el 22F, el que me correspondía— por cuestiones de seguridad y para mayor comodidad, y que si quería saber algo más ella con gusto me ampliaría la información. Le dije que estaba bien, que no había problema, que yo ocuparía su puesto. Total, hace tiempo que en los aviones prefiero pasillo a ventanilla, sobre todo si la fila que me toca es de tres puestos. Y eso hice. Quiso el azar que el 22E quedara libre y que casi a mitad de vuelo la señora del 22F y yo entabláramos una extensa y agradable conversación, después de que, también por azar, ambos nos percatáramos que habíamos nacido bajo el signo del mismo idioma. La señora resultó ser española, de Segovia, para más señas, y con un nombre muy castizo: María José González.

La historia de María José enseguida me cautivó: hace diez años le detectaron un tumor avanzado que, pese a no lograr arrebatarle la vida, sí dejó sus secuelas: le quitó el sentido de la vista. En menos de seis meses su vida dio un giro inesperado: además de quedar totalmente ciega, su esposo la abandonó y no tuvo más remedio que enfrentar toda aquella tragedia a solas. Tras superar la depresión que le generó el nuevo orden de su vida, acudió a un organismo que prestaba ayuda a los invidentes y decidió empezar desde cero. Ahora María José es una persona independiente, que trabaja y hace una vida en relativa normalidad, hasta navega por internet, y envía y responde emails gracias a dispositivos especiales. Vive y trabaja en Colonia, Alemania. Tiene un humor envidiable y le encanta conversar y conocer personas de otras culturas. Habla varios idiomas, aunque me confesó que el peor que se le daba era el inglés (que sin embargo era muchísimo mejor que el mío), que si tenía que hablarlo lo hacía pero no se sentía cómoda (cosa que no le sucede con el alemán, que lo hablaba a placer con las azafatas de Lufthansa). Entre las muchas cosas que me dijo hubo una que me empujó a escribir este post: “el orden para una persona normal es la mitad de su vida, pero para un invidente es TODA la vida”.

Así que también yo por estos días tengo planeado hacer mi lista de buenas intenciones para el año entrante. Echaré mano a la metodología de siempre, pero esta vez con la mente puesta en las palabras de María José. Y es que algo tenemos que aprender cuando nos topamos con las historias anónimas de personas especiales y maravillosas como ella.