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miércoles, 19 de junio de 2019

Sprachspielkultur



Conocí a Annette Kuhn hace poco más de dos años. Nuestro primer contacto fue posible gracias a la hija menor de unos buenos amigos, los Rösli-Deffendini, a quienes Irma y yo consideramos parte de nuestra familia —para nosotros son esa clase de amigos a la que Isaac Chocrón llamaba la “familia elegida”, tanto o a veces incluso más importante que la familia de sangre—. De hecho, Adriana, la hija menor de los Rösli-Deffendini, nos trata a Irma y a mí como si fuéramos sus tíos desde antes que empezara siquiera a decir palabra.

Ahora Adriana tiene diez años.

Los Rösli-Deffendini viven en Winterthur, una ciudad y comuna suiza perteneciente al cantón de Zúrich. Allí se mudaron a finales de 2015.

Cierto día, a la escuela pública de esa localidad donde Adriana cursa la primaria, llegó una profesora suplente que, entre otras cosas, le habló a la clase sobre la indeleble magia del teatro. En la mínima ocasión que tuvo, la menor de los Rösli-Deffendini saltó y dijo que ella tenía un tío escritor que había publicado varios libros y que además hacía teatro. Aquella profesora suplente se interesó en lo que había dicho su alumna y al final de la clase la llamó aparte y estuvo conversando un rato con ella.

Aquella profesora suplente era Annette Kuhn.

Como muchos suizos, Annette domina varios idiomas (español, inglés, francés, italiano y, por supuesto, su idioma materno, alemán). Aparte de ser docente, es una veterana actriz con estudios en importantes escuelas de actuación de Suiza y Alemania y a lo largo de su trayectoria ha incursionado en otras áreas de las artes escénicas como la dramaturgia y la dirección y producción de espectáculos.

Años atrás fundó un par de compañías de teatro que todavía mantiene en activo al día de hoy. Con una de ellas ha producido y dirigido espectáculos conectados con la esencia de la cultura hispana. En 2015 estuvo de gira por Sudamérica con uno de estos espectáculos.

Semanas después de aquella conversación entre profesora y alumna, Annette me escribió un email y desde entonces hemos estado en contacto, bien sea por Whatsapps, Skype o correo electrónico. Y en todas estas comunicaciones que hemos sostenido, tras aquel primer email introductorio, ambos hemos mostrado nuestro interés y deseo de trabajar juntos. A finales de 2016 se presentó una oportunidad de hacerlo y ni corta ni perezosa Annette viajó hasta Madrid a comienzos de 2017, pero, por diversos motivos, aquel asunto no cuajó —a despecho nuestro, nos vimos en la obligación de abortar dicho proyecto— y nos dejó a ambos frustrados y con muy mal sabor de boca. Sin embargo, el contacto y el deseo de colaboración mutua continúan manteniéndose intactos.

En marzo de este año Annette inauguró un espacio en Feuerthalen —localidad vecina de Schaffhausen, ciudad y comuna donde reside Annette— a través del cual pretende canalizar parte de sus múltiples inquietudes creativas. Lo ha bautizado ÄNET AM RHY - Raum für Sprachspielkultur, algo así como “al otro lado del Rin, espacio para el juego de palabras”. El nombre es a su vez una especie de juego de palabra puesto que la sala y la casa de Annette están separadas por el río Rin aunque pertenecen a cantones diferentes. Como Annette es una enamorada de los idiomas y de otras culturas, no solo quiere que la sala acoja actividades exclusivamente en alemán, sino que allí también tengan lugar eventos en otros idiomas. Hasta el momento, entre otros, en ÄNET AM RHY se han presentado un par de músicos argentinos, un poeta estadounidense de origen cheyene y el próximo domingo 23 yo estaré hablando sobre mi obra en un encuentro que incluirá música y lecturas dramatizadas de fragmentos de mis libros publicados en España.

ÄNET AM RHY nace con un espíritu transversal, con la idea de acoger entre sus variadas actividades manifestaciones artísticas de otras culturas y en otros idiomas.

Seguramente más adelante surgirán nuevas oportunidades que nos planteen nuevos retos y desde luego nuevas ocasiones de colaborar y trabajar juntos. Por lo pronto, no puedo más que desearle larga y prospera vida a ÄNET AM RHY - Raum für Sprachspielkultur.

viernes, 9 de marzo de 2018

Los orígenes de un libro (y II)


Igor y yo habíamos quedado en su casa. Ambos nos encontrábamos sentados en el salón en el que en otras ocasiones habíamos mantenido largas discusiones sobre libros y autores que nos gustaban y también sobre esos otros que nos gustaban menos. Mientras él leía el material que acababa de entregarle, yo no apartaba la vista de su rostro y estaba muy atento a los movimientos de sus manos. A ratos sonreía, a ratos arrugaba el ceño, a ratos meneaba la cabeza en señal de aprobación o rechazo; de vez en cuando soltaba una sonora carcajada o murmuraba “bien, bien”, “no, no” o “extraordinario”… Y nunca dejó de deslizar con vigor y velocidad, sobre cada una de las páginas, el bolígrafo con el que subrayaba, tachaba o encerraba en círculos una palabra, una línea o todo un párrafo.

Aquella tarde salí de la casa de Igor con la tarea de revisar las correcciones y sugerencias que él acababa de realizarle a mis textos y pasarlos de nuevo en limpio. En esa época yo solía escribir a mano; una vez revisadas y corregidas mis obras, era cuando las pasaba en limpio a máquina de escribir. No tenía ordenador. Tal vez ahora suene bastante extraño —¡y hasta absurdo!— que un estudiante de informática no cuente con ordenador en su casa, pero en esos años era de lo más común. Sobre todo lo era para aquellos que nos habíamos matriculado en la universidad pública.

Igor, además, me había dicho que tenía que ponerle título a aquel grupo de textos. No le di muchas vueltas y le puse el primero que se me vino a la cabeza: Infortunio de los objetos.

Una vez que mis textos estuvieron nuevamente pasados en limpio, una vez que Igor hizo la debida selección que incluiría la plaquetta (eligió cinco: “Seres en un texto”, “Nobleza de las aceras”, “Aburrimiento de una bisagra”, “Inconveniente de los espejos” y “Autorretrato”) lo acompañé a la imprenta donde ambas publicaciones serían procesadas.

Los Cuadernos Literarios Detrás de la Celosía se presentaron en el viejo edificio de la extensión de cultura de la UCLA a principio de 1991. Durante el evento me reencontré con varios de mis compañeros de taller y me enteré de que, por cuestiones burocráticas, Igor dejaría de ser el coordinador del taller. La noticia me cayó como un balde de agua fría y me entristeció. “Son cosas que pasan”, dijo Igor, “Estoy acostumbrado”.

Poco después también yo dejaría el taller. Aunque no dejé de escribir. De hecho en el período que va de enero de 1990 a enero de 1992 escribí un puñado de relatos con los que ingenuamente planeaba comenzar a armar mis dos primeros libros, para los cuales incluso tenía títulos: “Mensajes en la pared” y “Textos snob”. He dicho “ingenuamente” porque en mayo de 1992 la realidad se hizo presente y empecé a ejercer mi profesión de informático.

Ambos proyectos de libros quedaron en suspenso.

Retomando la historia de Infortunio de los objetos, no volví a saber de la plaquetta a lo largo de 1991, cuando se suponía que sería publicada y presentada. En cierta oportunidad le pregunté a Igor y, encogiéndose de hombros, me dijo que ya todo lo que él podía hacer lo había hecho, que el resto dependía de las autoridades de la extensión de cultura con las que ya no tenía contacto. Entendí y me resigné a que nunca vería aquellos textos publicados.

No obstante, durante el primer trimestre de 1992, una vecina me entregó una nota donde había apuntado un nombre y un teléfono —en aquel tiempo no teníamos teléfono en casa y yo daba el número de nuestra vecina cuando me pedían datos de contacto— y me decía que llamara en horas de oficina tan pronto como me fuera posible.

Al día siguiente marqué al número que me había dado mi vecina y de esa llamada salió una cita con Rosicler Aitken, la nueva coordinadora de la extensión de cultura de la UCLA.

Días más tarde, tras una breve espera, entraba en el despacho de la nueva coordinadora de la extensión de cultura de la UCLA. Rosicler Aitken, una mujer atractiva y elegante, me recibió con gran amabilidad y me felicitó por el trabajo realizado. Yo estaba desorientado y fue entonces que ella, percatándose de mi desconcierto, me extendió un ejemplar de Infortunio de los objetos, la plaquetta que creía que nunca vería publicada.

Allí supe que, junto con otras publicaciones, Infortunio de los objetos se presentaría dentro de un par de semanas. No podía creérmelo.

Años después, siendo ya amigos, Rosicler me confesó que apenas se instaló en su despacho de la extensión de cultura de la UCLA, había mandado a hacer una revisión profunda del material almacenado en los depósitos del viejo edificio y cuando se topó con Infortunio de los objetos quedó impresionada, según sus propias palabras, mis textos la sedujeron enseguida. De modo que ordenó incluyeran de inmediato la obra en la programación de presentaciones y que me buscaran a mí para darme ella misma la noticia.

Así fue cómo aquella plaquetta se convirtió en el embrión y el origen de “La naturaleza de las cosas” (titulado en un principio “Textos snob”), el libro que acaba de publicar Ediciones Carena y que el próximo martes 13 de marzo estaremos presentando en Madrid.

Ahora, casi treinta años más tarde, los dos libros que planifiqué escribir por aquella época y que con ingenuidad creía que se convertirían en mis dos primeros libros se encuentran uno al lado del otro sobre uno de los anaqueles de mi biblioteca.

Se ha cerrado el círculo.

PD: Este post es continuación de este otro: Los orígenes de un libro (I)

jueves, 22 de febrero de 2018

Los orígenes de un libro (I)


Entre finales de 1989 y mediados de 1990, asistí como alumno a mi primer taller de escritura creativa. Se trataba de un taller de narrativa convocado por la extensión de cultura de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), en la que por entonces cursaba la carrera de Ingeniería en informática.

Recibíamos clases en un viejo edificio de la Avenida 20, entre las calles 9 y 10 de la ciudad de Barquisimeto; el mismo donde funcionaban las oficinas administrativas de la extensión de cultura de la UCLA. Me gastaba de diez a quince minutos ir o venir andando desde mi casa hasta aquel viejo edificio.

Igor Zamora, poeta y escritor de la región, estaba al frente de la coordinación del taller.

La cita con Igor y mis otros compañeros de curso era una vez por semana y yo esperaba su llegada con ansias, como si ese fuera el día más importante de la semana. En ocasiones salía del viejo edificio como si estuviera andando por las nubes y en otras casi arrastrándome; en ocasiones pensaba que mis textos tenían algún valor y en otras que eran una absoluta mierda, que no merecía la pena dedicarles tanto tiempo. Pero saliera como saliera, bien colgado de una nube o rodando como una piedra cuesta abajo en una ladera, volvía puntual a honrar mi siguiente cita con la literatura.

No falté a ninguna sesión del taller a lo largo de aquel período.

Recuerdo que hasta allí me había llevado la necesidad de compartir con gente de similares intereses a los míos, la necesidad de continuar creando rodeado de gente, puesto que el grupo de teatro en el que había venido trabajando en los últimos años, de pronto se desintegró, se volvió añicos y tuve que enfrentarme a una especie de síndrome de abstinencia. El taller literario de la UCLA fue mi tabla de salvación. Aunque por aquellos años sabía, como sigo sabiéndolo hoy, que el trabajo del escritor es una labor solitaria, aislada, individual —ya había escrito varias obras de teatro y algunos cuentos—, también era consciente de que atravesaba una etapa en la que tenía la urgencia de sentir que a mí alrededor había personas que compartían mi vocación.

Además de escribir y leer mis textos frente a otros —o que otros los leyeran—, de obtener su feedback, una de las principales y atractivas motivaciones del taller era que existía la posibilidad que algunos de los textos producidos durante el curso fueran incluidos en la revista literaria que publicaba la extensión de cultura de la UCLA, los Cuadernos Literarios Detrás de la Celosía. En dicha publicación, los textos seleccionados de los talleristas se codearían con los de autores de reconocida trayectoria tanto regional como nacional.

Sin duda un gran aliciente para alguien que deseaba ser escritor.

La depresión que sigue al final de un ciclo que ha sido enormemente placentero y enriquecedor —como cuando finaliza la temporada de un espectáculo en el cual llevabas meses o quizás años trabajando— quedó minimizada tras dos maravillosas noticias que Igor me dio el último día de clase: la primera, que uno de mis textos había sido elegido para ser publicado en los Cuadernos Literarios Detrás de la Celosía y, como si esto no hubiera sido suficiente, la segunda noticia era aún mejor que la anterior: Igor había conseguido que el próximo número de la serie literaria “Dr. Argimiro Bracamonte”, que de igual forma publicaba la extensión de cultura de la UCLA, estuviera dedicado a “mi obra”.

A continuación inserto una aclaración que a esta altura considero indispensable: en la serie literaria “Dr. Argimiro Bracamonte” solía recogerse una muestra de la obra de un autor novel que a la vez representaba una promesa para las letras de la región por la calidad de sus textos. Enterarme de esto por boca de Igor fue para mí una sorpresa y una gran satisfacción. Sabía que a él le gustaba lo que yo escribía, pero de allí a que trabajos míos fueran incluidos en un número de aquella publicación me pareció en principio excesivo.

“No tengo material para eso”, le respondí tan pronto el corazón volvió a bombear sangre por mis venas y recuperé por fin el aliento. “Pues entonces ponte a trabajar. Tienes al menos cuatro meses para entregarme el material porque el próximo número de la serie no se publicará hasta comienzos del año próximo”, dijo Igor.

Regresé a casa con un montón de emociones encontradas. Sentía euforia y angustia, sentía miedo y orgullo, sentía descaro y bochorno.

Sin embargo, sabía que nada de lo que había escrito hasta ese momento me serviría. No le había mentido a Igor al decirle que no contaba con material para publicar en el número que me había conseguido de la serie literaria “Dr. Argimiro Bracamonte”. De modo que me encerré en mi habitación y me puse a trabajar como él lo había recomendado, como un poseso. La primera certeza que se me vino a la cabeza al conocer el formato de la plaquetta —de cuatro caras y unos 35 cm. de alto por 15 cm. de ancho— que componía la colección fue que tenía que escribir textos cortos. Tras varias horas de trabajo y meditación, descarté la poesía en verso —sí, por aquel tiempo, como muchos otros autores noveles, enamorados de las palabras, escribía poesía— y opté por la prosa. Los siguientes días fueron un calvario puesto que nada de lo que producía acababa por satisfacerme. Hasta que de repente, una madrugada, tuve un chispazo y escribí un texto en el que daba vida a objetos y hablaba sobre sus desventuras o infortunios aunque todo en el fondo era una excusa para reflexionar sobre la condición humana. “Por aquí van los tiros”, susurré y, en medio de una suerte de epifanía, escribí una docena de textos en aquella línea durante los días que vinieron a continuación.

Este material sería el que semanas después le presentaría a Igor.

(Continuará)

martes, 13 de junio de 2017

La incertidumbre del dramaturgo ante el estreno


En ocasiones, durante un estreno, las preguntas que se hacen los actores antes de salir a escena son las mismas preguntas que retumban sin cesar en el interior de la cabeza del autor del texto —que aguarda en silencio en la oscuridad del patio de butacas— en el que se ha basado el espectáculo que está a punto de comenzar: ¿Le (me) gustará lo que hemos (han) hecho con su (mi) obra? ¿Estaremos (estarán) a la altura de los personajes que ha (he) creado? ¿Le (me) gustará en realidad este montaje? ¿Será estéticamente atractivo para él (mí)? ¿Habremos (habrán) respetado la esencia de la pieza?

Los nervios que atacan a ambos creadores en esos instantes, pese a ser muy distintos, quizás compartan una intensidad similar. Una vez un amigo actor me dijo que el día que dejara de sentir mariposas en el estómago antes de salir a escena, ése mismo día se plantearía dejar de actuar. Y parafraseando lo que dijo este querido amigo, también yo dejaré de asistir a los estrenos de los espectáculos basados en mis textos cuando dejen de producirme las expectativas que suelen producirme.

Entre las muchas bondades y misterios que conserva el teatro como disciplina de creación colectiva está el hecho que un mismo texto puede generar múltiples interpretaciones y por tanto una variedad casi infinita de puestas en escena. De manera tal que una misma pieza puede ser degustada en preparaciones y presentaciones diversas a lo largo de los años. Es lo que ocurre con algunas piezas emblemáticas o “clásicos” que están constantemente subiendo a escena. A la hora de dar forma a un espectáculo cuyo origen proviene de un texto, los grupos o compañías de teatro cuentan casi con la misma libertad creativa con la que un lector recrea en su imaginación el universo que habita en una novela.

Ya sé. Lo admito. Tal vez se me ha ido la pinza y he exagerado un poco con esta última afirmación, pero es para que el lector menos habituado en los misterios del teatro comprenda lo que intento decir.

Por ejemplo, Pieza para dos actores es una de mis obras de teatro más representadas. He tenido la fortuna de asistir o ver varios de sus montajes en distintas ciudades. Recuerdo con especial cariño y emoción tres de ellos: el de Montevideo (el primero, estrenado en abril de 2009; se mantuvo durante tres meses en cartelera y recibió muy buenos comentarios de público y la crítica especializada), que produjo la gente de Ilusionarios Teatro; el de NNC, estrenado en 2010, el texto fue traducido al gallego y llevado a escena en este mismo idioma en Santiago de Compostela y, finalmente, el que estuvo a cargo de la Corporación TECOC de Bello (Medellín) y que, desde su estreno en 2014, la agrupación repone en su sala cada cierto tiempo.

La pretensión de todo dramaturgo es escribir historias que acaben sobre los escenarios. Asistir al estreno de un espectáculo basado en uno de tus textos en el que solo participas como autor, que nada tienes que ver con la producción más allá de haber contribuido con el texto, es de las cosas más maravillosas que pueden ocurrirle a un autor teatral. Por eso, cada vez que en cualquier lugar del mundo sube a escena una de mis obras, alzo la copa y digo ¡a su salud!

Por estas fechas un nuevo montaje de Pieza para dos actores hace temporada en Madrid (para los interesados: se titula El cuarto y estará todos los domingos de junio en la Sala NAO 8, calle Nao, 8, a las 20.30 horas). Esta vez los papeles de los personajes (Lucía y Antonio) recaen sobre las excelentes interpretaciones de Silvia Campos y Antonio Escamez, bajo una más que interesante —e inquietante— puesta en escena de Omar Morán. He de aclarar que Silvia se había enfundado ya en la piel de Lucía en una producción anterior que se estrenó en la Sala Vargas Calvo del Teatro Nacional de San José de Costa Rica en 2011. Lamentablemente no pude asistir a la temporada de este montaje pero sé de buena fuente que se mantuvo dos meses en cartelera y que también recibió muy buenos comentarios de público y crítica.

Aparte de las estupendas actuaciones y de la inquietante y sórdida atmósfera que ha conseguido crear el equipo artístico, lo que más me ha sorprendido de este último montaje de mi obra es que ha despertado en mí la sensación de reencontrarme con el texto que pergeñé hace casi treinta años. Quizá sea justo esto lo que me ha impulsado hoy a escribir y compartir esta nota en mi blog. Me explico. Hasta la fecha los montajes de Pieza para dos actores de los que he tenido noticia se han llevado a escena siempre en el formato de comedia. Como ya he argumentado antes, al principio de esta nota, algo por demás válido, lícito, que funciona. Totalmente plausible. Sin embargo, El cuarto se aleja de estos registros y ha apostado por una puesta en escena más inquietante y sórdida que, he de ser honesto y confesarlo, se acerca más a la lectura de aquel texto de 1989.

Una vez más la magia y los misterios del teatro han vuelto a materializarse sobre un escenario. Una vez más me dejan sorprendido. Aunque, desde luego, todo lo anterior no pasa de ser la mera impresión, apreciación u opinión personal del autor del texto. Que quede claro.

sábado, 23 de mayo de 2015

23/23: Soon – Yes


Y por fin he llegado a la última entrega... “Soon” pertenece a “Relayer”, el séptimo álbum de estudio de Yes. Originalmente la canción formaba parte de “The Gates of Delirium”, el primer track de este disco, inspirada en la novela “Guerra y paz” de León Tolstoi. Pero, en 1975, “Soon” fue lanzado en los Estados Unidos como sencillo. Relayer es el primer trabajo de la banda que conocen los tres protagonistas de “La edad del rock and roll”, con el que quedan boquiabiertos y prendados para siempre del grupo. Antes de Yes escuchaban casi exclusivamente hard rock y heavy mental. Con “Soon” puedo decir también que se cierra la novela y desde luego su banda sonora. Las últimas tres páginas de “La edad del rock and roll” deberían ser leídas mientras los acordes de esta canción se reproducen en un equipo de sonido o en la propia cabeza del lector. No añado nada más. Ah, sí, solo una cosa más: os espero esta noche en Con Tarima, calle del Príncipe 17, a las 21h. Hasta entonces.

viernes, 22 de mayo de 2015

22/23: Wild Horses – The Rolling Stone


Preparando lo que será el final de estas entregas, y por tanto la presentación de “La edad del rock and roll” –mañana sábado 23 de mayo–, bajo las revoluciones y os dejo “Wild Horses”, de The Rolling Stone. A esta banda se aplica lo que dije hace unas cuantas entregas atrás sobre The Beatles: ninguna lista de rock and roll estaría completa sin incluirlos. En uno de los capítulos finales de la novela, los tres protagonistas tienen una larga discusión alrededor de la música de los Stone.

21/23: Comin’ Under Fire – Def Leppard


Acercándome al final de esta serie de entregas (sólo restan dos), iniciada con el objetivo de mostrar a sus posibles lectores la banda sonora que escuchan los protagonistas de “La edad del rock and roll”, vuelvo a Def Leppard y a su Pyromania, trabajo en el que está incluida "Comin’ Under Fire".

jueves, 21 de mayo de 2015

20/23: Thunderstruck – AC/CD


Antes de comenzar a colgar esta serie de videos que componen la banda sonora de la novela “La edad del rock and roll”, hice una especie de preámbulo colgando este otro video de 2Cellos interpretando Thunderstruck, de AC/DC. El dueto esloveno-croata no sólo ha interpretado este tema de la banda, sino también “Highway to hell”, “Back in Black” y “You Shook me All Night Long”. Esto no es más que otra muestra de la popularidad de AC/DC entre el gran público, una banda que sin duda ha funcionado como iniciadora de muchos amantes del rock and roll. Para aquellos fans que quieran escuchar cómo suenan los célebres temas de AC/DC en violonchelo, los invito a que busquen en YouTuve los videos de 2Cellos.

martes, 19 de mayo de 2015

19/23: Urgent – Foreigner


Foreigner es otra de esas bandas americanas de rock que se salva de ingresar en la lista negra de uno de los personajes de “La edad delrock and roll”. Aunque más por motivos sentimentales que estéticos. El lector que se anime con la novela lo comprenderá. Seguramente muchos recuerden a Foreigner, más que por esta canción que he elegido, por algunas baladas que popularizó en la década de los ochenta, entre ellas, "Waiting for a Girl Like You", "That Was Yesterday" y "I Want to Know What Love Is". Aun cuando la banda se formó en la ciudad de New York, a mediados de los años setenta, dos de sus integrantes eran veteranos músicos británicos: Mike Jones (ex Nero and the Gladiators, Spooky Tooth y The Leslie West Band) e Ian McDonald (ex de la mítica King Crimson). De allí el origen de su nombre. Por cierto, la fuerza que el saxofón consigue imprimirle a esta canción, hace olvidar por momentos que es un intruso y está usurpando el rol protagónico de la guitarra eléctrica.

lunes, 18 de mayo de 2015

18/23: Dazed and Confused – Led Zeppelin


Entorno a “Dazed and Confused” los tres protagonistas de “La edad del rock and roll” tienen una larga conversación. Discuten sobre la autoría original de la canción y del plagio que, desde los mismos inicios de la grabación del tema en el primer álbum de la banda titulado simplemente "Led Zeppelin” –icono absoluto del rock and roll–, pesa sobre Jimmy Page. Y para aquellos no tan familiarizados con la trayectoria de la banda, hablo del año 1969. No creo exagerado decir que “Led Zeppelin” sea quizá uno de los discos más influyentes de la historia del rock and roll. Y esto porque la verdad he evitado caer en la hipérbole y decir que "es el más influyente de la historia del rock and roll”. Algo parecido mas no similar. Por favor no se pierdan la técnica que utiliza Page, a cierta altura de “Dazed and Confused”, para hacer gemir su guitarra. 

17/23: Cum On Feel the Noize – Quiet Riot


A uno de los personajes de “La edad del rock and roll”, las bandas de rock americanas no le gustan demasiado. O casi nada. “Porque, a exención de unas pocas, hacen un rock de pena”, dice. Él prefiere las británicas. Quiet Riot está entre esas pocas bandas americanas que se salvan de engrosar su lista negra. Y más específicamente, también según sus propias palabras, el álbum “Metal Health”, publicado en marzo de 1983. Una cosa curiosa es que la versión original de “Cum On Feel the Noize” fue compuesta, grabada y popularizada en 1973 por Slade (¡una banda británica!), que la llevó hasta el número 1 en Reino Unido. El cover realizado por Quiet Riot, diez años después, alcanzaría el número 5 del Billboard y sería, junto a “Bang Your head (Metal Health)”, incluido en “Metal Health”, sus mayores éxitos. “Metal Health” tiene el privilegio de haber sido el primer disco de heavy metal en conseguir ubicarse en el puesto número 1 del top Billboard.

sábado, 16 de mayo de 2015

16/23: Knocking at Your Back Door – Deep Purple


Cuatro entradas atrás hablé sobre el apoteósico retorno de Deep Purple a los escenarios musicales con “Perfect Strangers”, después de un largo silencio de casi ocho años. Era 1984 y la noticia, como a bastantes otros amantes del rock, había producido en los tres protagonistas de “La edad del rock and roll” una especie de conmoción. Deep Purple era una de sus bandas favoritas y que se hubiera reagrupado (¡y encima con la alineación clásica!), como han de imaginar, significaba mucho para ellos. La escena de la novela a la que hago referencia, comienza con uno de los personajes mostrando, “con algo de dosificada presunción y autosuficiencia”, el álbum “Perfect Strangers”. Creo conveniente decir que los cinco músicos (Gillan, Blackmore, Paice, Lord y Glover) se las ingeniaron para que los temas mantuvieran el sonido clásico de la banda, pero con un aire más contemporáneo, más de la década de los ochenta. Sobre todo “Mean Streak” y “A Gypsy’s Kiss”. E incluso hay temas en el disco que suenan bastante más al Rainbow de principios de los ochenta, como “Wasted Sunset” y  “Hungry Daze”. El disco alcanzó el 5º puesto en Gran Bretaña y el 17º en el  Billboard estadounidense. Una última aclaratoria: “Knocking at Your Back Door”, la canción que he elegido, suena en directo más al clásico Deep Purple que en su versión de estudio.

viernes, 15 de mayo de 2015

15/23: Still loving you – Scorpions


Este tema de Scorpions, de haberse publicado un par de años antes, hubiera sido el soundtrack perfecto para uno de los personajes de “La edad del rock and roll”. En el inicio de su historia, sería preciso aclarar, en la primera parte de la novela. Sin embargo, “Still Loving You” fue el segundo sencillo lanzado del álbum “Love at First Sting”, publicado por la banda en marzo de 1984. Le precedió “Rock You Like a Hurricane“. Entonces, para la fecha en que “Still Loving You” comenzó a sonar en las radios, las heridas del personaje principal del que les hablo habían ya sanado. O casi. “Is there really no chance / to start once again? / I’m loving you”… Es lo mismo que una y otra vez, al principio, este protagonista de la novela le pide a su ahora ex novia… Pero durante la adolescencia todo suele ocurrir tan deprisa y experimentarse con tal intensidad que pocas veces hay chance de dar marcha atrás… Creo no equivocarme al afirmar que esta canción es la más conocida de Scorpions. A partir de la segunda mitad de aquel glorioso 1984, no pararía de sonar en las radios de todo el mundo por muy muy largo tiempo.

jueves, 14 de mayo de 2015

14/23: Rock Hard Ride Free – Judas Priest


Antes de que el hermano mayor de uno de ellos los introdujera a la música de Yes, los tres protagonistas de “La edad del rock androll” eran metaleros. Y Judas Priest se encontraba entre sus grupos favoritos. “Defenders of the Faith”, álbum que la banda publicó en enero de 1984 y al que pertenece “Rock Hard Ride Free”, desde luego lo escucharían una y mil veces en la sala de estar de la casa de uno de ellos, durante aquel glorioso año de 1984. Presten atención a los agudos que Rob Halford consigue en esta canción; sin duda su voz está entre las mejores del género. O al menos eso piensan los tres protagonistas de “La edad del rock and roll”. Supongo que a estas alturas, algunos de los que hayan seguido mis entradas de los últimos catorce días, se preguntarán por qué diablos hasta este momento no he mencionado de manera explícita los nombres de los personajes de mi novela. Y procedo a responder enseguida: pues porque he tejido una especie de juego (ya lo dijo Cortázar, la literatura es un juego) alrededor de uno de esos tres nombres y el lector tendrá el reto de descubrirlo antes de que sea mencionado por vez primera, cosa que por supuesto sucede hacia mitad del libro.

miércoles, 13 de mayo de 2015

13/23: The Number of the Beast – Iron Maiden


La segunda banda internacional en subir al escenario de Rock in Rio, en aquel día inaugural del festival, fue Iron Maiden. Por entonces el grupo andaba de gira mundial promocionando su más reciente trabajo de estudio, Powerslave. A continuación transcribo la descripción que de ese momento hace uno de los personajes de “La edad del rock and roll”: “A las doce de la media noche Iron Maiden hizo su magistral entrada. En un tris se adueñó del escenario y de nuestra atención. Combinó a la perfección escenografía, luces, un sonido brutal y el delirio de miles de admiradores que habíamos viajado hasta allí para verlos. Confieso que los dos primeros trabajos de ‘la doncella’ no me habían gustado demasiado. Toño y Fernando vivían fastidiándome con el deseo de que les dijera qué era lo que no me terminaba de convencer en ellos. No obstante, considero que a partir de The number of the Beast su música cambió de forma sustancial. O más bien de forma radical. Para ser honestos, creo que el sonido menos crudo y la voz de Bruce Dickinson le aportaron mucho a la banda, la revistieron de una verdadera personalidad. Los muchachos se revolcaban de la risa al escucharme hablar de aquella manera…”.

martes, 12 de mayo de 2015

12/23: Crusader – Saxon


1984 fue un año especialmente generoso con los amantes del hard rock y el heavy metal. Muchas bandas que cultivaban ambos géneros publicaron nuevo material ese año, entre ellas, Iron Maiden (Powerslave), Judas Priest (Defenders of the Faith), Scorpions (Love at First Sting), Whitesnake (Slide It In), Saxon (Crusader) y, algo que recuerdo con especial emoción, la vuelta a los escenarios musicales, después de un largo período de ausencia, de un legendario grupo que, particularmente yo, cuento entre mis favoritos: Deep Purple. La banda volvió con su alineación clásica, a saber: Gillan, Blackmore, Paice, Lord y Glover y con un disco que se ha convertido también en clásico: Perfect Strangers. Una de las escenas de “La edad del rockand roll” está dedicada a este acontecimiento. Para redondear lo magnífico de 1984, a mediados de año se empezaron a oír los primeros rumores de lo que iba a ser Rock in Rio… 

lunes, 11 de mayo de 2015

11/23: Here I Go Again – Whitesnake


En la década de los ochenta muchas bandas “duras” se atrevieron a incluir baladas en sus trabajos de estudio. Whitesnake estuvo entre estas bandas y quizá el gran público la recuerde justamente por dos de ellas: Is This Love y Here I Go Again. Hubo otras bandas de hard rock y heavy metal que también consiguieron popularizar este tipo de temas, no muy comunes hasta entonces en sus repertorios, como Scorpions (Still Loving You), Nazareth (Where Are You Now) o Def Leppard (Love Bites), entre otras. Here I Go Again se incluyó originalmente en el álbum Saints & Sinners de 1982; pero luego la banda reeditaría una nueva versión en su disco más conocido, 1987. Whitesnake fue la banda internacional que abrió el festival de Rock in Rio. En la realidad de 1985, y por supuesto en la ficción de “La edad del rock and roll”. Su participación se concretó a última hora por la cancelación de Def Leppard. Los tres protagonistas no tenían mucha información sobre ella porque era un grupo aún poco conocido en América Latina. Faltaban todavía dos años para que publicaran 1987.

10/23: Bohemian Rhapsody – Queen


¿Quién no ha sacudido mil veces la cabeza y simulado tocar una guitarra eléctrica imaginaria mientras escucha Bohemian Rhapsody? Y acá estoy seguro que no hablo sólo en nombre de los amantes del rock… A cierta altura de “La edad del rock and roll”, tres de sus personajes escuchan esta canción de Queen en el interior de un coche, entre ellos, uno de los protagonista. Aunque, por más increíble que parezca, el protagonista lo menos que hace es prestarle atención a Bohemian Rhapsody… Está en los días más duros de su duelo, luego que su novia rompiera con él y ahora, ensimismado, no piensa en otra cosa que no sea buscar la manera de regresar con ella. Ya lo escribió Henry Miller: cada cual tiene su tragedia particular.

viernes, 8 de mayo de 2015

8/23: War Pigs – Black Sabbath


Live Evil fue un disco en directo que lanzó la discográfica de la banda en enero de 1983. Se usó material grabado el año anterior durante la gira mundial de promoción de Mob Rules. Era la primera vez que los seguidores de Black Sabbath (aquellos que no habíamos podido asistir a sus últimos conciertos, se entiende) escuchábamos los temas clásicos de la banda en la voz de Ronnie James Dio, el vocalista que sustituyó a Ozzy Osbourne tras su abrupta salida en 1979. Pese a que en los dos discos de estudio anteriores (Heaven and Hell y Mob Rules) las cosas habían marchado bien con Dio, durante el proceso de edición y mezclado de Live Evil todo se torció y la banda al completo se resintió. Dio dejaría Black Sabbath en noviembre de 1982 con el fin de formar su propia banda, llevándose con él al batería Vinny Apice. Otro punto interesante alrededor de Live Evil es que, a su lanzamiento, fue ensombrecido por el más reciente trabajo de Ozzy Osbourne, Speak of the Devil, publicado cinco meses atrás y también en directo, y encima, sólo contenía temas de Black Sabbath. Irónico, ¿no? Ignorando estos sórdidos detalles, los tres protagonistas de “La edad del rock and roll” se conocen y empiezan a tratarse gracias a este disco de Black Sabbath. Live Evil sería el disco alrededor del cual los tres se sentarían por vez primera a escuchar y conversar sobre música; el primer momento de muchos que vendrían después…

jueves, 7 de mayo de 2015

7/23: Owner of the Lonely Heart – Yes


“You are every move you make” es un verso de esta canción de Yes que, además de usarlo como epígrafe para la primera parte de la novela, creo que gravita a lo largo de ella como lo hace la luna alrededor de la tierra. Porque “La edad del rock and roll”, entre otras cosas, nos habla sobre la importancia de las decisiones que tomamos en nuestra vida. Y, claro, de sus consecuencias… Owner of the Lonely Heart pertenece al disco 90125, editado en noviembre de 1983. Este disco está entre los favoritos de los protagonistas, puesto que significó la vuelta de la banda a la escena musical luego de un breve período de receso. Enseguida de su lanzamiento, el sencillo escaló hasta el número 1 en varias listas de popularidad a escala mundial. Incluida la Billboard estadounidense. Es el único número 1 que ha conseguido la banda en su carrera. Algo que en su momento enfadó a muchos de los fans más ortodoxos, principalmente debido a que nunca estuvieron de acuerdo con el giro que había tomado la banda a partir de 1980. Justo un par de meses antes de que 90125 se ponga a la venta, nuestros protagonistas se encuentran, se reúnen por vez primera, al coincidir en el mismo salón de clase. Y como no podía ser de otra forma, los reúne la música, pero no la música de Yes, para que escuchen a Yes faltan todavía algunas semanas… En la próxima entrada hablaré del disco que propició dicho encuentro.