¿Acaso se celebra el Día Internacional del Hombre?
Cuado ya deje de celebrarse nuestro día como ahora, entonces habremos avanzado un poco más en el camino hacia la homologación de los derechos de la mujer.
Victoria Rhode
sábado, 8 de marzo de 2008
En el Día Internacional de la Mujer
viernes, 7 de marzo de 2008
Vuelve COMEGATO de Gustavo Ott
COMEGATO
"La fácil decisión entre democracia o crimen"
Premio Nacional Casa del Artista (Mejor Obra, 1997), Premio Municipal de Teatro (Mejor Obra, 1997), Premio Municipal de Teatro (Mejor Director, 1997)
Escrita y Dirigida por Gustavo Ott
Con
RUBÉN LEON - VERÓNICA ARELLANO - DAVID VILLEGAS
¡¡¡¡TEMPORADA ESPECIAL POR GIRA INTERNACIONAL: SÓLO 6 FUNCIONES!!!!!
DESDE EL 7 DE MARZO
COMEGATO fue estrenada en 1997 en la Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas. Participó luego en el 2002 en los Temporales Internacionales de Puerto Montt (Chile), Lluvia de Teatro de Valdivia y en el Festival Internacional de Aguimes, Canarias, España. También realizó una gira por Dinamarca —Copenhague, Ejsberg, 2003; Festival de Teatro de Stuttgart 2003 y Festival Latino de Washington/Teatro de la Luna, 2003.
COMEGATO es la historia de dos hermanos y un amor. Pero también es una historia sobre el fracaso, el crimen y la traición. Una traición que parte de ser filial y conyugal para convertirse en la traición al país y a su sensibilidad. Y todo ocurre sobre esos inmensos y peligrosos tanques de gasolina que, como una bomba de tiempo, esperan el cigarrillo equivocado que descubra al verdadero protagonista de esta nación. Los personajes caminan sobre esa bomba de tiempo en la que descansa una sociedad que apuesta por la superficialidad para poder desprenderse, aunque sea de manera ficticia, de su peligrosa realidad. Entre el éxito fácil y la cotidianización de la inmoralidad, en COMEGATO el tiempo se devuelve, es una cuenta atrás, como en los detonantes de bombas, en esa carrera ciega hacia el número cero. Y la pregunta sencilla con respuesta fácil a un íntimo dilema: ¿democracia o crimen?
jueves, 6 de marzo de 2008
Arrogancia y poder *

La empresa era filial de una corporación transnacional —número tres a escala mundial— dedicada a la manufactura y comercialización de bebidas alcohólicas. Una planta industrial a 45 minutos de Barquisimeto. Luego de tres meses de prueba, ingresé formalmente como analista-programador en la gerencia de IT, lo que conllevaba otros retos y responsabilidades. Uno de ellos fue instalar un nuevo programa en la sucursal de Caracas, adonde nadie le gustaba ir, tal vez porque quedaba en el mismo edificio de la oficina matriz, a un paso de los despachos de la plana mayor.
Recuerdo que aquel día viajé a Caracas la noche previa. Según lo planificado, llegué temprano a las oficinas. Le informé de mi actividad a los usuarios (en realidad una, la asistente de administración, la única que conocía el sistema) y comencé a hacer mi trabajo. De acuerdo a mis cálculos no me llevaría más de 30 minutos. El asunto es que, antes de empezar, fui objeto de presiones porque yo no podía, “arbitrariamente” —así dijeron—, detener la facturación. Primero fue la administradora de la sucursal, luego la gerente. Como ninguna logró influir en mi determinación acudieron a instancias superiores. En menos de 10 minutos tuve enfrente a la directora de operaciones. Una mujer alta, delgada, hermosa, de unos 35 años. Sin inmutarme le dije lo mismo que le había dicho a las otras mujeres: “mientras instalo, nadie puede usar el sistema”. Ella me dejó terminar, sonrió, dio media vuelta y se marchó. Poco después recibí una llamada de mi jefe ordenándome que abortara el plan y retornara a la planta.
Durante el viaje de regreso, además de frustrado, me sentía indignado. Incluso pensé en renunciar en cuanto viera a mi jefe. Y eso hice. Pero él me persuadió para que no le diera importancia al incidente y lo olvidara.
No volvería a pisar la oficina matriz sino hasta mucho tiempo después, cuando la directora de operaciones dejó de prestar sus servicios en la empresa y su posición fue ocupada por otra persona. Sin embargo, en cierta ocasión, la encontré en la oficina de mi jefe, que ahora tenía despacho en Caracas. Al verme entrar él le preguntó que si me recordaba. Para mi sorpresa ella dijo que sí. Que era el arrogante que en una oportunidad intentó contrariarla. Yo sólo intentaba hacer mi trabajo, dije. Ella sonrió y dijo que también era importante que aprendiera a relacionarme con el poder.
Confieso que todavía no lo he conseguido.
*Publicado en el número 9 de la revista Clímax, agosto de 2006.
viernes, 22 de febrero de 2008
Entregados Premios Municipales 2007 en Galería de Arte Nacional

Caracas, 20 Feb. ABN.- En la mañana de este miércoles fueron entregados los Premios Municipales, correspondientes al año 2007, otorgados por Concejo Municipal Libertador en la Cinemateca Nacional, ubicada en la Galería de Arte Nacional (GAN).
(...)
En el género de literatura se premiaron las siguientes menciones: Investigación Histórica, resultando premiado el trabajo Origen de los Teques, desde Guaicaipuro hasta nuestros días, de Miguel Ángel Lucero; el doctor Oscar Battaglini recibió una mención honorífica; en la mención Estudio de las Comunidades Indígenas en Venezuela resultó galardonado Humberto Gómez García, por su obra El Aporte del Indio Americano al Pensamiento Europeo, recibiendo la mención honorífica José Ángel Fernández.
En cuanto a Investigación Literaria resultó galardonado Víctor Julio Carreño por el trabajo titulado La Voz del Resentimiento: Lenguaje y Violencia en Miguel de Unamuno, y dos menciones honoríficas para Hernán Marcano y Álvaro Martín respectivamente; la mención Investigación Social fue ganada por Eva Golinger por El Código Chávez y Descifrando la Intervención de Estados Unidos en Venezuela.
En la mención Novela, la ganadora fue Judith Gerendas por su libro La Balada del Bajista; el premio en la mención Poesía se lo llevó Juan Calzadilla por el tomo Ecólogo de Día Feriado, la mención honorífica recayó en José Ángel Fernández por su obra bilingüe Nünüiki ka'ikai Lenguaje del Sol; finalmente, en la mención Cuento, el ganador resultó Víctor Vegas con el libro Mensajes en la pared.
En largometraje, la película Postales de Leningrado se llevó los premios como Mejor Película, Mejor Dirección (Mariana Rondón), Mejor Sonido (Lena Esquenazi y Rosa María Oliart), Mejor Montaje (Marité Ugás) y Mejor Música (Felipe Pérez Santiago y Camilo Froideval); por su parte La Abuela Virgen, ganó los premios a Mejor Guion (Olegario Barrera), Mejor Actriz (Daniela Alvarado), Mejor Actor (Iván Tamayo) y Mejor Música Original (Trina Medina); el film Miranda Regresa obtuvo el premio por Mejor Dirección Artística (Carlos Urdanivia y Aureliano Alfonso); las menciones a la Mejor Fotografía (Alejandro Wiedemann), Mejor Actor de Reparto (Roque Valero) y Mejor Actriz de Reparto (Caridad Canelón) se las llevó el film Al Borde de la Línea.
En la categoría Cortometraje el jurado otorgó un Premio Único como Mejor Película al corto A Tres Hijos y un Vestido, de la autora Ada Hernández; el premio a Mejor Difusión Cinematográfica se le concedió al Cine Móvil Popular; como Sala de Arte y Ensayo fue premiada la Red de Salas Comunitarias de la Cinemateca Nacional; el premio a Institución más destacada lo obtuvo la Embajada de Francia en Venezuela; Amazonia Films recibió la distinción como Distribuidora o Archivo Fílmico.
En Teatro la obra Yo Satán recibió los premios a Mejor Producción (Taller experimental de Teatro y Grupo Contrajuego), Mejor Dirección (Juan José Martín) y Mejor Actor de Reparto (William Goite). También fueron galardonados, el Instituto Universitario de Teatro, con el premio a Mejor Obra de Teatro Académico, por Los Comparseros; el dramaturgo Elio Palencia recibió el premio a Mejor Texto para Autor Venezolano o Extranjero; como Mejor Actriz fue galardonada Elaiza Gil; Mejor Actor, Germán Mendieta; Francis Romero recibió el premio como Mejor Actriz de Reparto; el premio a la Mejor Escenografía se le concedió a José Escalona; la Mejor Musicalización fue para Dante Tulipano; Mejor Vestuario para Fernando Calzadilla; Mejor Iluminación, José Jiménez; la Mejor Música Original fue para Nacho Huet.
(...)
Fuente: ABN
miércoles, 13 de febrero de 2008
Vuelve 120 vidas x tres semanas
de Gustavo Ott
Del 15 de febrero al 2 de marzo
Con las actuaciones de María Brito, Gonzalo Cubero, Luis Domingo González, David Villegas y Carolina Torres.
Dirección de Gustavo Ott.
Produce Teatro San Martín de Caracas/TextoTeatro
Viernes y sábados 8:00 pm
Domingos 6 pm
Teatro San Martín de Caracas.
Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas.
Telf. (212) 4512161/3772526
Estacionamiento privado al lado del teatro.
viernes, 8 de febrero de 2008
Lo correcto parece no ser siempre lo más conveniente

Por una u otra razón no había tenido oportunidad de ver Gone baby gone, película con la que Ben Affleck hace su debut como director. Aquí fue estrenada el pasado 25 de enero con el desabrido título Desapareció una noche. ¿No sonaba mejor el Adiós, pequeña, adiós que han usado en otros países de habla hispana? ¿No es este último más fiel al título original en inglés?
En fin.
Gone baby gone es un policial con profundos cuestionamientos éticos y morales. Lleno de suspenso, muy bien armado, con giros inesperados que me han dejado gratamente sorprendido. En un punto del film pensé, “¡Ajá! ¿Qué pasó aquí?”, pero luego Affleck me demostró que sigue siendo el buen guionista que hace años irrumpió en Hollywood con Good Will Hunting, guión que en aquel entonces escribió con el talentoso e igualmente desconocido Matt Damon.
Lo que resaltaría de la cinta de Affleck es su capacidad de golpear los estamentos morales del espectador. A cada instante se nos presenta un dilema que nos obliga a fijar posición, consciente o inconscientemente, frente a un hecho particular. Patrick Kenzie, el joven detective privado que investiga la desaparición de una niña en un peligroso barrio de Boston, es el principal motor y generador de estos dilemas. Sus sólidos principios éticos y morales, y la confianza de haber crecido en el barrio y conocer sus distintos recovecos y personajes —como la palma de su mano—, le permiten transitar con relativo éxito por parajes sórdidos donde la corrupción y la muerte suelen ser los destinos más inmediatos. Pero detrás de la desaparición de la niña se esconde una historia igualmente sórdida y truculenta. Kenzie no sólo decide poner en riesgo su vida al tratar de resolver el caso, sino incluso su relación con Angie Gennaro, compañera sentimental y única socia en la agencia de investigaciones.
Una buena película, ya se sabe, es producto de conjugar una serie de factores entre ellos un buen guión, una buena dirección y, desde luego, buenas actuaciones, entre otras muchas cosas. Y la ficha artística de Gone baby gone está llena de aciertos. Desde los desconocidos Casey Affleck (hermano menor de Ben) interpretando a Patrick Kenzie, Michelle Monaghan como Angie Gennaro y Amy Ryan, como Helene McCready, la madre drogadicta de la niña desaparecida; hasta los veteranos Morgan Freeman, Ed Harris y John Ashton, en los roles de los policías que investigan el caso.
Al final, al abandonar la sala, nos queda esa extraña sensación que lo correcto parece no ser siempre lo más conveniente.
jueves, 31 de enero de 2008
Molotov en Washington D. C.

Empiezo esta nota haciendo una confesión: Tu ternura molotov está entre mis obras preferidas de la casi veintena que he visto o leído del dramaturgo venezolano Gustavo Ott. Junto a Passport, Pavlov y Dos amores y un bicho. Sin duda, cuatro pequeñas joyas que con el tiempo no han hecho más que ganar brillo y valor; donde se retratan de manera excepcional, con ciertos toques de absurdo cotidiano, algunas de las peores taras de nuestras sociedades contemporáneas: prejuicios de toda índole, mentiras, manipulación e intolerancia.
Hoy por la noche, en el Tivoli Theatre de la ciudad de Washington, la compañía Gala Hispanic Theatre correrá el telón para presentar una nueva puesta en escena de Tu ternura molotov, pieza que en 2003 obtuviera el primer premio en el V Certamen Ricardo Aranda de textos teatrales que convoca el Ayuntamiento de Santander, España, y que ha sido representada en países como España, Argentina, México, Puerto Rico, Portugal, Suiza y el propio Estados Unidos.
En la obra de Ott, Daniel y Victoria, una aburguesada pareja hispana que vive en el estado de Florida, sigue al pie de la letra las indicaciones que les ha dado una amiga para embarazarse de un varón. Mientras están en eso, el cartero toca a la puerta y entrega un paquete para Victoria. El paquete viene con sellos de Nueva York y quien lo remite es el FBI. Daniel le exige una explicación a Victoria, que trata de rehuir la respuesta, pero ante la insistencia de su esposo comienza a hablar. Habla de su vida doce años atrás, cuando ella vivía en Nueva York. A partir de allí la obra cobra un ritmo endemoniado y no para hasta el final. Esa correspondencia desde el pasado, obliga a que, Victoria primero, y luego Daniel, desnuden sus almas y dejen al descubierto el monstruo construido de prejuicios que cada uno lleva dentro. Ott utiliza el suspenso de manera magistral, Tu ternura molotov funciona como un reloj suizo, cada dato que nos revela no hace más que abrir nuestro apetito, nuestro morbo de querer saber más sobre esa pareja tan ¿disfuncional?, ¿sui generis?, ¿de caraduras? Un dúo que encaja muy bien en nuestros tiempos.
El final de la pieza pareciera dejar flotando en el aire la siguiente reflexión: El terror no viene de afuera sino que fluye como manantial desde nuestras propias entrañas.
¿Cuándo tendremos la oportunidad de verla montada en Venezuela?
*La imagen corresponde al montaje que se presentó durante la temporada 2006 en el teatro Celcit de Buenos Aires, bajo la dirección de Corina Fiorillo y con las actuaciones de María Marta Fiorni, como Victoria, y de Juan Sebastián Vila como Daniel. Foto: Soledad Ianni.
jueves, 24 de enero de 2008
El poder sugestivo del cómic

En mi infancia, durante la segunda mitad de la década del setenta, los cómics vivían una especie de edad dorada, una inusitada explosión que se manifestaba en el hecho de que sus coloridas portadas tapizaran la mayoría de kioscos o puestos de revistas de la ciudad.
Confieso que mi aversión a salir de compras es anterior a esta época, sin embargo, los domingos me llenaba de valor y solía inmolarme por unas cuantas horas para acompañar a mamá al mercado y ayudarla con las bolsas de la compra. ¿La razón? Al final del recorrido obtenía mi recompensa: me apostaba frente a uno de los kioscos mejor surtido del Barquisimeto de entonces, a mirar las portadas de los nuevos números de mis héroes, porque, siempre y cuando su continuamente vapuleado presupuesto se lo permitiera, mamá consentía en comprarme un ejemplar del cómic que yo eligiera.
En el trascurso de la semana no hacía otra cosa que pensar en aquel instante del domingo. Era subyugante y a la vez desolador. Puesto que sólo podía elegir uno entre innumerables opciones. Kalimán, Spiderman, Arandú, Águila Solitaria, Tamakún, El Santo, Martín Valiente, Los tres Villalobos, Starman, Varim... Eran seriados de historietas, de tirada o frecuencia semanal, que se hallaban en el segmento más popular del mercado, por lo general impresos en sepia —sólo en sus portadas estallaba de manera voluptuosa el color— y cuyos creadores, a excepción de Spiderman, claro, eran de origen cubano o mexicano. Mi elección, casi invariablemente, se inclinaba por Kalimán, El hombre increíble.
Quizá en el fondo todo se reduzca a una cuestión de fidelidad.
El primer cómic de su tipo que cayó en mis manos fue Kalimán. Por entonces era un niño de ocho años. No exagero al decir que me cautivó enseguida. Como héroe, Kalimán me resultó sumamente atractivo: un hombre con asombroso dominio de su mente, con arraigados principios de justicia, que prefería usar la razón antes que la violencia; siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, en especial si se trataba de una bonita y desvalida mujer. Dos de sus habilidades, cuando las ponía en práctica, solían dejarme atónito: una llamada “actus mortis”, en la que conseguía reducir al mínimo o paralizar sus signos vitales para hacerse el muerto; y la otra, una especie de desdoblamiento o trasmigración sin receptor en la que su mente abandonaba su cuerpo y podía desplazarse a cualquier lugar. En ambos actos, por supuesto, ponía en riesgo su vida.
Recuerdo que la primera aventura, la que me ató al personaje, llevaba por nombre “El valle de los vampiros”. En ella Kalimán, y su inseparable amigo Solín, eran perseguidos por la Scotland Yard al ser considerados principales sospechosos en el asesinato de un coleccionista privado y en el robo de una costosísima esmeralda. La víctima había sido amiga de Kalimán. Al tratar de aclarar el entuerto, “El hombre increíble” termina enfrentándose al conde Bartok, un vampiro que hace de las suyas en un pueblo de Inglaterra.
Como toda buena historia, las aventuras de Kalimán tenían grandes dosis de misterio, peligro y suspenso; atractivos argumentos y personajes de enorme complejidad. Podían ocurrir en una ciudad cosmopolita como Londres, o en una húmeda selva de la Amazonia; en el caluroso desierto del Sahara, o en las heladas llanuras del polo sur. Además de ser un viajero constante, Kalimán poseía gran conocimiento en casi todas las disciplinas del saber: química, física, matemática, geografía, historia, filosofía, artes marciales, y también un poco, o bastante, en parasicología y ciencias ocultas. Hablaba varios idiomas y dialectos —podía incluso comunicarse con los animales—, aunque siempre lo leyéramos en español. A veces tenía que echar mano del diccionario, o de un atlas, o de una enciclopedia para no sentirme desubicado mientras leía un nuevo capítulo.
Más tarde me enteraría de que el origen de Kalimán no había sido de papel, sino de aire, en las ondas hertzianas, en la época de oro de la radiodifusión mexicana. Su avasallante éxito en la radio, como luego su adaptación a historietas, lo repetiría en 1972 en el cine, con una película de la que más adelante se filmaría una secuela.
La fuerza narrativa, expresiva, de Kalimán, El hombre increíble, sin duda contribuyó con mi gusto de echar a volar la imaginación, y allanaría el camino para lo que vendría poco después: mis lecturas de Cortázar, Kafka, Camus, Gabriel García Márquez y Borges... pero, como se suele decir, esa es otra historia...
*La imagen corresponde al número 14 de la edición original mexicana, y al número 4 de la edición colombiana, que fue la que llegó a mis manos y que tuve ocasión de coleccionar. Mientras que la edición mexicana fue lanzada en noviembre de 1965, la colombiana apareció poco más de diez años después, en enero de 1976. En México, el cómic se publicó durante 26 años ininterrumpidos, hasta 1991. En Colombia, hasta 1999.
martes, 15 de enero de 2008
Escuchar para leer

En él Linsabel y Jason, de manera informal y amena, ponen al día a su audiencia sobre efemérides, cuentan anécdotas relacionadas con los autores y sus obras, leen fragmentos de textos, recomiendan libros e informan sobre el acontecer literario del país, entre otras muchas cosas.
Gracias a la cordial invitación de Linsabel, ayer por la tarde, participé como invitado en la grabación del programa que se transmitirá el próximo domingo 20 de enero. Allí los tres conversamos un poco sobre literatura, cómics, teatro, sobre el proceso creativo y, desde luego, de mi libro de relatos Mensajes en la pared.
Los programas de Librería Sónica también pueden ser escuchados en la red a través del siguiente enlace.
Gracias a Linsabel y a Jason por crear y mantener este espacio hertziano dedicado a promocionar la lectura.
miércoles, 2 de enero de 2008
Bolaño conquista a los lectores de EEUU

En su blog, Río Fugitivo (por cierto, título de su novela que en 1998 fue finalista del premio Rómulo Gallegos, el mismo año en que Roberto Bolaño ganara con Los detectives salvajes), que mantiene desde octubre de 2005, suele colgar de tanto en tanto reseñas de sus últimas lecturas o análisis de la obra de sus autores predilectos.
En su más reciente post aventura cinco razones en relación con el triunfo de la obra de Roberto Bolaño en el mercado anglosajón de EEUU. “El país-continente tiene, según Milan Kundera, el provincianismo de los grandes, incapaces de ‘considerar su cultura en el gran contexto’. Es un país autónomo y endógamo, que se basta y sobra con sus propias novelas, sus propias películas, sus propias series de televisión (bueno, también pueden triunfar escritores de otros países si es que escriben en inglés: Amis, Barnes, McEwan). De vez en cuando, claro, alguien rompe la barrera y se instala en todas partes y se convierte en un imprescindible. Se le da, como hace cinco años, el “tratamiento Sebald” o el “tratamiento Murakami”. Este año que termina le tocó al chileno Roberto Bolaño (...)”, escribe Paz Soldán en su blog.
De sus razonamientos, destaco uno que no tiene nada que ver con literatura (¿o sí?):
Un “beat latinoamericano”, un poeta maldito que escribe en prosa. En Estados Unidos no sólo vende la obra; también vende el personaje. Los perfiles de Bolaño que salieron en el New Yorker, en Harper’s y en el New York Review of Books posicionaron al escritor chileno como una suerte de escritor beat a destiempo, un Kerouac para hoy, alguien que, como Rimbaud, convirtió el “mundo del verso en algo criminalmente seductor”. Se romantizó la vida vagabunda de Bolaño, se hizo hincapié en sus múltiples trabajos alimenticios como, por ejemplo, cuidador de un camping, se exageró su uso de drogas, etc. En el New Yorker, Daniel Zalewski escribió que, durante el golpe de Pinochet, Bolaño se convirtió en “un espía para la resistencia”. Harper’s llegó al extremo de sugerir que un escritor como Bolaño ya no era posible en el mundo hipersofisticado de la literatura norteamericana, llena de becas, congresos, adelantos millonarios, escritores que enseñan en universidades. Es decir, aquí también se romantizaba América Latina, tierra literaria de promisión en la que todavía podían existir escritores “salvajes” como Bolaño, no domesticados por el hipercomercio a la manera de Jonathan Franzen o Zadie Smith.
Tendría que añadir que Paz Soldán conoce bien la cultura estadounidense pues desde hace años vive en ese país. Incluso, en la actualidad, es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell, Ithaca, Nueva York.
Ahora le tocó el turno a los lectores estadounidenses de caer rendidos ante el mito y el genio de Bolaño.