lunes, 26 de mayo de 2008

Mensajes en la pared en Booksur.com

En varias ocasiones visitantes de este blog, que residen fuera de Venezuela, me han escrito a mi cuenta de correo electrónico solicitándome información sobre dónde podían adquirir mi libro de relatos Mensajes en la pared. Naturalmente mi respuesta era que sólo estaba a la venta en Venezuela. Sin embargo, desde hace algunos meses, Mensajes en la pared también puede adquirirse a través de la página web de Booksur.com.

Booksur.com es una filial de Libros Andinos, con cede en la ciudad de Miami, especializada en la distribución de libros de la región: “ofrecemos cerca de 100,000 títulos de libros producidos en la región andina: Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Nos establecimos en 1970 y nos convertimos en una librería especializada en temas andinos”, es la oferta que puede leerse en su página web.

De modo que aquellos interesados en leer Mensajes en la pared, que viven fuera de Venezuela, ahora pueden adquirirlo a través de Booksur.com siguiendo con atención los pasos que allí se indican. Recomiendo, antes que nada, leer con cuidado la sección de preguntas frecuentes para evitar confusiones.

sábado, 24 de mayo de 2008

Laberinto interior

Según los conocimientos actuales, los primeros que imaginaron el concepto del laberinto fueron los antiguos mesopotámicos. Estos le arrancaban las tripas a los animales, o, a veces, los intestinos a los seres humanos, y, según la forma que tuvieran, predecían el futuro. Sentían admiración por lo complejo que eran. Así que la forma del laberinto remite a las entrañas. Es decir, que el principio de laberinto reside en tu propio interior. Y éste se corresponde con el laberinto exterior.


Haruki Murakami

jueves, 15 de mayo de 2008

El oído de Flaubert y el subconsciente


Cuentan que Flaubert solía hacer las correcciones de estilo de sus textos al aire libre, en una pequeña alameda de tilos cercana a su casa de Croisset. Allí, mientras recorría la alameda, se entregaba a la lectura de sus escritos en voz alta, dejando la responsabilidad mayor del trabajo a su oído. Así lo relata Mario Vargas Llosa en el libro Cartas a un joven novelista:

No sé si usted sabe que Flaubert tenía, respecto del estilo, una teoría: la del mot juste. La palabra justa era aquella —única— que podía expresar cabalmente la idea. La obligación del escritor era encontrarla. ¿Cómo sabía cuándo la había encontrado? Se lo decía el oído: la palabra era justa cuando sonaba bien. Aquel ajuste perfecto entre forma y fondo —entre palabra e idea— se traducía en armonía musical. Por eso, Flaubert sometía todas sus frases a la prueba de “la gueulade” (de la chillería o vocerío). Salía a leer en voz alta lo que había escrito, en una pequeña alameda de tilos que todavía existe en lo que fue su casita de Croisset: la allée des gueulades (la alameda del vocerío). Allí leía a voz en cuello lo que había escrito y el oído le decía si había acertado o debía seguir buscando los vocablos y frases hasta alcanzar aquella perfección artística que persiguió con tenacidad fanática hasta que la alcanzó.

En la enésima relectura que hago del libro de Vargas Llosa, caigo en cuenta de que un texto que escribí hacia finales de 2002, y que colgué aquí en junio del año pasado, está sin duda inspirado o influenciado por la anécdota del oído de Flaubert. A veces pensamos que hemos dado con una idea original y en el fondo no es más que un enfoque de la idea de otro, que leímos y creíamos olvidada, sin embargo, esa idea se mantuvo, permaneció agazapa en nuestro subconsciente para brotar tiempo después como si fuera realmente nuestra. ¿A esto se refería Borges al afirmar que toda creación era de una u otra forma un plagio?

Los curiosos pueden leer el texto del que hablo haciendo clic aquí.

jueves, 1 de mayo de 2008

La literatura como pararrayos


Poco a poco uno va llenándose de libros. Por aquí y por allá se van acumulando las pilas puesto que en los anaqueles de la biblioteca ya no queda lugar disponible. Todavía así nunca parecen suficientes.

Libros de viejos y queridos autores que hemos convertido en nuestros libros de cabecera. Otros de autores recientes y por descubrir. Algunos leídos en la adolescencia, que nos negamos a releer, porque tememos no reencontrar en ellos la magia que en su momento nos trastocó.

Y es que los libros, como los seres vivos, también cambian con el paso del tiempo, se van haciendo viejos (y aquí no me refiero, desde luego, a su aspecto puramente físico, sino a algo más recóndito), unos con mayor rapidez que otros.

Incluso hay libros que pese a haberlos adquirido años atrás, aún conservan, intacta, la envoltura original, virgen, sin una sola rasgadura. Libros que quizá nunca llegaremos a leer.

En mis años de informático, cuando el dinero no era un problema serio —no como ahora, quiero decir, porque el dinero fue, es y será siempre un problema serio en nuestras sociedades— acostumbraba a comprar libros aún a sabiendas de que no podría leerlos. Al menos no de inmediato. En aquel tiempo mi promedio de lectura era realmente patético, lastimoso. Tan sólo dos o tres libros al año. No más. Aún así era difícil resistirme a la tentación de entrar en una librería y salir, rato después, cargado de libros. Y si esa librería echaba sus anclas en ciudades como Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá, la experiencia se tornaba todavía más intensa y desestabilizadora. Ahora estoy seguro de que en aquellos años, sin saberlo, me aboqué a la tarea de construir una especie de fondo de libros para esta otra etapa que vivo en la actualidad, en la que, por muchas razones, comprar un libro ya no es lo mismo que antes.

Precisamente de aquellos años data el libro —releído una y otra vez en no pocas ocasiones— del que quiero hablar en este post. Y quizá en los siguientes. Se trata de un libro ideal para quienes nos iniciamos en el arte de contar historias, escrito por un consagrado e inigualable contador de historias: Mario Vargas Llosa. ¿Su título? Cartas a un joven novelista (Editorial Planeta, 1997).

Vargas Llosa estructura su libro como epístolas dirigidas a un interlocutor, aspirante a novelista, con el que mantiene una íntima, sincera, didáctica y muy extensa correspondencia. A veces, mientras avanzamos en la lectura, nos sentimos como fisgones que hemos violentado un espacio creado exclusivamente para dos. Y otras, incluso, como los destinatarios del texto que leemos. Pero no es en la forma, sino en el contenido, donde se halla lo sustancial de Cartas a un joven novelista. Vargas Llosa, de una manera sencilla, amena y en extremo inteligente, dicta cátedra, una clase magistral en el arte de contar historias. Allí reflexiona sobre las motivaciones, la vocación, las perspectivas, la disciplina y perseverancia de alguien que ha decido elegir el oficio de escribir. Pese a estar enfocado hacia el género de la novela, creo que funciona con igual validez para el resto de los géneros literarios (sobre todo los narrativos, como el relato y la crónica) que tienen como meta principal precisamente ésa, la de contar historias. “La predisposición a fantasear nada más que como umbral del verdadero ejercicio de la literatura; la indisoluble relación fondo-forma, el estilo, la técnica narrativa, la voz propia, el tiempo, el poder persuasivo de una historia, la organización del relato, la ambigüedad, los datos escondidos, las ‘mudas’ de una historia”, son, entre otros, algunos de los tópicos que, con la precisión de un neurocirujano, el autor aborda en Cartas a un joven novelista. Sin duda, un libro de obligada y reiterada relectura para cualquier novel escritor.

En lo sucesivo, iré posteando aquí algunas de las notas que he tomado durante mis relecturas del libro de Vargas Llosa; en su mayoría citas o fragmentos que he considerado relevantes para acercarles la lupa.

Con la intención de que sirva de abreboca a curiosos o interesados en el tema, aquí va el primer fragmento:

Tal vez el atributo principal de la vocación literaria sea que quien la tiene vive el ejercicio de esa vocación como su mejor recompensa, más, mucho más, que todas las que pudiera alcanzar como consecuencia de sus frutos. Ésa es una de las seguridades que tengo, entre muchas incertidumbres sobre la vocación literaria: el escritor siente íntimamente que escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, pues escribir significa para él la mejor manera posible de vivir, con prescindencia de las consecuencias sociales, políticas o económicas que puede lograr mediante lo que escribe.

¿Acaso hubiera podido elegir un mejor fragmento para dar inicio a esta especie de vía crucis literario?

Puede que sí, pero he comenzado por éste porque sin duda me toca en lo inmediato.

jueves, 24 de abril de 2008

Gente sin imaginación

Sólo que ya estoy más que harto de la gente sin imaginación. De ese tipo de gente que T.S. Eliot llama “hombres huecos”. Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello. Personas que intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad soltando, una tras otra, palabras huecas.


Haruki Murakami

lunes, 21 de abril de 2008

Quince que cuentan


Desde hace poco más de tres años (seguramente más) Ana Teresa Torres y Héctor Torres vienen haciendo un trabajo de hormiguita, como se le suele decir a esas arduas tareas que nos imponen a veces ciertas actividades u oficios.

Su meta era la de crear un espacio donde las nuevas generaciones de narradores venezolanos pudieran mostrar sus trabajos al público e interactuar con él. Gracias a esa iniciativa de los Torres (y aquí abro un paréntesis para subrayar lo que Héctor siempre aclara: “no somos familia”; consanguínea, se entiende), apoyada por el Pen de Venezuela y el Centro Cultural Chacao, nació el evento Semana de la Nueva Narrativa Urbana, que este año alcanza su tercera edición.

Noche tras noche, a lo largo de una semana, quince voces de la nueva narrativa local (tres cada noche) pueden ser escuchadas y leídas por el público asistente. A ellos se unen cinco reconocidas voces (una por noche), también de la narrativa local, que los presentan y comentan sus relatos.

Quienes hayan tenido la ocasión de asistir a las dos ediciones anteriores, habrán podido comprobar que se trata de un evento donde la sencillez y el profesionalismo se dan la mano. Tal vez por esta razón la gente respondió con generosidad y asistió concurridamente durante los diez días de aquellas dos ediciones de 2006 y 2007. Ya lo dijo Chejov, “La sencillez es una gran virtud”.

A lo largo de esta semana que ha empezado a correr, en el Centro Cultural Chacao, en El Rosal, de nuevo se reunirán los noveles narradores locales y aquellos que les encanta que le caigan a cuento. Y para el cierre del día viernes, se tiene planeado presentar el libro Quince que cuentan, publicado por la Editorial Fundación para la Cultura Urbana, con palabras de Carlos Pacheco, donde se recoge los quince textos de los autores de la segunda edición —en la que tuve la oportunidad de leer uno de mis relatos.

Ojalá que los noveles narradores locales puedan seguir contando con este valioso espacio creado por los generosos y laboriosos Torres (¿se han puesto a pensar todos los hilos que ambos tienen que mover para que cada año se realice el evento en un país como el nuestro? ¿Con libro incluido?) y que el público en general continúe apoyando la iniciativa con su asistencia, porque para contar es necesario que alguien escuche o lea. Sin duda.

jueves, 17 de abril de 2008

Continúa éxito de Cuando seamos grandes

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Aunque niños se nos permita ser
tan sólo una vez en la vida
el sueño vivirá en nosotros
como el grano de pan en la espiga


Cuando seamos grandesde Víctor Vegas

Del 29 de marzo al 4 de mayo

Con las actuaciones de Paola Baroferre, Oriana Nigro, Zammy Giménez, José Alberto Blanco, Kaoru Yonekura y la participación especial de la niña Verónica León.

Produce Teatro San Martín de Caracas/TextoTeatro
Dirección de Jennifer Morales

Sábados y domingos, 3:00 pm

Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas.
Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas.
Telf. (212) 4512161/3772526

Estacionamiento privado al lado del teatro.

lunes, 14 de abril de 2008

Permitamos que nos caigan a cuentos otra vez


La semana próxima, del lunes 21 al viernes 25 de abril, vuelve la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, evento que tiene como finalidad la difusión y promoción de perfiles emergentes en el contexto de la narrativa venezolana, organizado por el Pen de Venezuela y el Centro Cultural Chacao, bajo la coordinación de Ana Teresa Torres y Héctor Torres.

En su tercera edición, contará con la participación de los siguientes escritores que leerán sus textos al público asistente: lunes 21, Luis Alejandro Ordoñez, Dayana Fraile y Gabriel Torrelles; martes 22, Rafael Ortega, José Urriola y Jorge De Abreu; miércoles 23, Jorge Gustavo Portella, Ricardo Román Marcano y Olga Colmenares; jueves 24, Carlos Russo, Luis Enrique Belmonte y Keila Vall de la Ville; viernes 25, Gabriel Payares, Javier Dominguez y Rafael Osío Cabrices.

Cada noche, los tres lectores de turno, serán presentados y sus textos comentados por los reconocidos escritores Ednodio Quintero, Carlos Noguera, Alberto Barrera Tyszka, Milagros Socorro y José Luis Palacios, respectivamente.

El vienes 25, día de cierre, según esta nota, será presentado el libro con los relatos de los autores que participaron en la edición pasada.

Los encuentros de la III Semana de la Nueva Narrativa Urbana se realizarán en el auditorio principal del Centro Cultural Chacao, en El Rosal, a partir de las 7:00 pm.

lunes, 7 de abril de 2008

La maldad como belleza


¿Puede acaso la maldad llegar a ser bella?

No ciertamente en la crudeza de nuestra cotidianidad, reflejada en las páginas de los diarios o en los departamentos de redacción de otros medios de comunicación, desde luego, pero sí en las manos de un creador, de un artista, que a través de su ingenio la moldea, le da forma y la convierte en objeto de arte, es decir, en belleza.

Ahora mismo me vienen a la mente tres ejemplos: The Silence of the lambs de Jonathan Demme, Bram Stoker’s Dracula de Francis Ford Coppola y Estrella distante de Roberto Bolaño, dos películas y una pequeña joya de la literatura donde la maldad se transfigura en belleza.

Sin embargo, no es de cine ni de literatura de lo que voy a hablar sino de la más reciente puesta en escena de la premiada obra Ochenta dientes, 4 metros y 200 kilos del reconocido dramaturgo venezolano Gustavo Ott, producida por el Teatro San Martín de Caracas y bajo la dirección de Luis Domingo González, cuyo estreno, en la sala principal del mismo teatro, fue el pasado viernes 4 de abril.

También Luis Domingo González con su puesta, de manera sobria y contundente a partir del texto de Ott, las limpias y excelentes actuaciones de Rubén León, David Villegas, José Gregorio Martínez, Carolina Torres y Leonardo Gibbs, y las acertadas participaciones técnica de Alfonso Ramírez en la  musicalización, Gerónimo Reyes en la iluminación y Enrique González V. en la escenografía y vestuario, logran convertir a la maldad en belleza.

La puesta de González, con indiscutible economía de recursos, hace más con menos y consigue construir la atmósfera adecuada para contar la historia de Ángel, Cacho y Cándido, tres amigos que en la adolescencia, a causa de una proverbial irresponsabilidad, cometen un crimen que los marca para toda la vida. A partir de allí sus destinos se escribirán con sangre, aunque ellos intenten borrar de sus memorias el obsceno suceso. Pero como en las tragedias griegas, por más que los tres quieran eludir su sino, éste los persigue convertido en gárgola, un monstruo de 80 dientes, 4 metros y 200 kilos que llevan sobre las espaldas.

A lo largo del montaje hay momentos de gran belleza poética: cuando un viejo recoge basura le cuenta una truculenta historia a los adolescentes Ángel, Cacho y Cándido, historia que coincide con la que ellos están viviendo; o cuando, atormentados por la culpa, los tres adolescentes, por separado, despiertan en medio de pesadillas; o cuando Cacho, próximo a enfrentarse a su irrevocable destino, ve claramente al monstruo que lo ha perseguido por años; o ese recurrente despertar y caer de nuevo en el sueño (¿o pesadilla?) de un Ángel ya adulto y fracasado; para por fin rematar en un final ¿macabra y obscenamente poético?

Como en la mayoría de piezas de Ott, 80 dientes... tiene una estructura compleja, sin que esto se convierta en obstáculo para el correcto fluir de la historia que se cuenta. La profundidad de su tema, lo irracional de algunas de sus situaciones y esos diálogos absurdamente líricos a los que nos tiene acostumbrado, contrastan para construir un curioso retrato de nuestra sociedad actual, de nosotros como país, ¿acaso no nos parecemos demasiado a esos tres alegres adolescentes que aman el béisbol y van por la vida sin querer responsabilizarse de sus acciones? No obstante, tarde o temprano, la vida pasa factura...

Pese a reconocer su incuestionable calidad como texto dramático, 80 dientes... no forma parte en mi lista personal de imprescindibles. Ella y yo no terminamos de hacer “clic”. Y esto no lo digo a manera confesional o por puro capricho, sino con la intención de reforzar el concepto totalizador y totalizante en el teatro moderno y su implacable fórmula: texto+director+actrices/actores+producción= teatro.

Que el espectáculo teatral depende irremediablemente de que cada uno de los elementos de esta fórmula funcione como engranaje de relojería suiza, es lo que nos ha demostrado, una vez más, la gente del Teatro San Martín de Caracas durante el estreno del pasado viernes de la premiada obra de Ott.

Inmejorable manera para celebrar 15 años de existencia.

miércoles, 2 de abril de 2008

Los 80 dientes de Ott

El béisbol y un monstruo desde el 4 de abril
80 DIENTES, 4 METROS Y 200 KILOS
TE MUERDEN EN SAN MARTÍN

Este viernes 4 de abril, a las 8 p.m., el TEATRO SAN MARTÍN DE CARACAS y TEXTOTEATRO se visten de gala para el estreno de “80 DIENTES, 4 METROS Y 200 KILOS”, escrita por Gustavo Ott y dirigida por Luis Domingo González, obra merecedora del Premio Internacional Tirso de Molina 1998, el galardón más importante de la dramaturgia en español. La pieza, catalogada por el jurado del premio “como una épica sobre la culpa y el lenguaje” es el estreno con el que el TEATRO SAN MARTÍN DE CARACAS celebra sus 15 años de existencia.

Su "absoluta modernidad, impecable construcción dramática e interesantísimo mestizaje lingüístico", la hicieron merecedora del XXVIII Premio Tirso de Molina otorgado en 1998 por la Agencia Española de Cooperación Internacional, entidad que además publicó esta obra que narra cómo la naturaleza de las obsesiones nos conduce a cometer actos irracionales. Esta pieza es, según la crónica de la Agencia Española, la única pieza venezolana que ha ganado el Premio Tirso de Molina, desde que en 1976 la obra del merideño Edilio Peña, “Los pájaros se van con la muerte”, quedara como primera finalista.

“80 DIENTES...” retrata el mundo del béisbol como un reflejo de las obsesiones, en un paralelismo entre ese deporte y la realidad del entorno social, sicopatólogico y criminal. Para Ott, se trata de un esquemático y sencillo alegato sobre el tema de la conciencia a finales del siglo XX, mediante la integración de tres piezas distintas en lo formal pero con una historia común: lo que sucede con la vida de tres personas luego de cometer un crimen.

Para la producción que hiciera hace seis años la COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO, Héctor Manrique consideró que en esta pieza, el béisbol, en una dimensión poética, permite a cinco actores llevar a cuestas 30 años de la vida de unos personajes consumidos por el peso de la conciencia. “Es una obra paradigmática donde convergen todas las ilusiones y oportunidades perdidas de una nación que ha extraviado valores y metas y lucha por reencontrarlas", sentenció Manrique.

En esta nueva producción del TEATRO SAN MARTÍN/TEXTOTEATRO, dirigida por Luís Domingo González, la propuesta será novedosa no sólo desde el punto de vista temático “sino también estética, porque marca un nuevo rumbo de nuestro grupo, TextoTeatro, indagando un poco más en el estilo que abordamos en 120 VIDAS X MINUTO: un nuevo expresionismo, una poesía de la catástrofe y la caída, una visión cruda del macabro latinoamericano, sin concesiones”, ha dicho el director de la obra, Luis Domingo González, sobre este trabajo.

Para el autor, “80 DIENTES, 4 METROS Y 200 KILOS” es una obra épica escrita en tres capítulos “como si se tratara de tres autores distintos. Quise experimentar con la idea de ser otro escritor, uno distinto a mí, a la manera de Calvino. Así, escribí esta pieza que cuenta la historia de tres amigos desde los 70 hasta los 90. Y de los amigos a un crimen cometido, olvidado por todos, pero que regresa vengativo, como el monstruo de la culpa”, añade Ott.

“80 DIENTES...” fue presentada en el 2002, en su traducción inglesa (80 Teeth, 4 Feet, 200 Pounds), por el Public Theater de Nueva York dirigida por Tlaloc Rivas dentro del programa NEW WORKS NOW, con George C. Wolfe como productor. La pieza ha sido galardonada también con el premio CELCIT 2002 y fue finalista del prestigioso PRINCESS GRACE PLAYWRITING AWARD de Estados Unidos en el 2003. Esta es la primera producción del autor realizada por su grupo TextoTeatro.

Por compromisos internacionales de la compañía, esta producción podrá verse sólo en 12 funciones, a partir del 4 de abril. El elenco de esta puesta “expresionista” del TSMC lo integran RUBÉN LEÓN, DAVID VILLEGAS, JOSÉ GREGORIO MARTÍNEZ, CAROLINA TORRES y LEONARDO GIBBS. Musicalización de Alfonso Ramírez, Iluminación de Gerónimo Reyes, escenografía y vestuario de Enrique González V., todos bajo la dirección de Luis Domingo González.

Las funciones serán desde el 4 de abril, viernes y sábados 8 p.m., domingos 6 p.m. Entrada general: Bs. 8000/Bs.F 8.

Fuente: Prensa TSMC