lunes, 14 de abril de 2008

Permitamos que nos caigan a cuentos otra vez


La semana próxima, del lunes 21 al viernes 25 de abril, vuelve la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, evento que tiene como finalidad la difusión y promoción de perfiles emergentes en el contexto de la narrativa venezolana, organizado por el Pen de Venezuela y el Centro Cultural Chacao, bajo la coordinación de Ana Teresa Torres y Héctor Torres.

En su tercera edición, contará con la participación de los siguientes escritores que leerán sus textos al público asistente: lunes 21, Luis Alejandro Ordoñez, Dayana Fraile y Gabriel Torrelles; martes 22, Rafael Ortega, José Urriola y Jorge De Abreu; miércoles 23, Jorge Gustavo Portella, Ricardo Román Marcano y Olga Colmenares; jueves 24, Carlos Russo, Luis Enrique Belmonte y Keila Vall de la Ville; viernes 25, Gabriel Payares, Javier Dominguez y Rafael Osío Cabrices.

Cada noche, los tres lectores de turno, serán presentados y sus textos comentados por los reconocidos escritores Ednodio Quintero, Carlos Noguera, Alberto Barrera Tyszka, Milagros Socorro y José Luis Palacios, respectivamente.

El vienes 25, día de cierre, según esta nota, será presentado el libro con los relatos de los autores que participaron en la edición pasada.

Los encuentros de la III Semana de la Nueva Narrativa Urbana se realizarán en el auditorio principal del Centro Cultural Chacao, en El Rosal, a partir de las 7:00 pm.

lunes, 7 de abril de 2008

La maldad como belleza


¿Puede acaso la maldad llegar a ser bella?

No ciertamente en la crudeza de nuestra cotidianidad, reflejada en las páginas de los diarios o en los departamentos de redacción de otros medios de comunicación, desde luego, pero sí en las manos de un creador, de un artista, que a través de su ingenio la moldea, le da forma y la convierte en objeto de arte, es decir, en belleza.

Ahora mismo me vienen a la mente tres ejemplos: The Silence of the lambs de Jonathan Demme, Bram Stoker’s Dracula de Francis Ford Coppola y Estrella distante de Roberto Bolaño, dos películas y una pequeña joya de la literatura donde la maldad se transfigura en belleza.

Sin embargo, no es de cine ni de literatura de lo que voy a hablar sino de la más reciente puesta en escena de la premiada obra Ochenta dientes, 4 metros y 200 kilos del reconocido dramaturgo venezolano Gustavo Ott, producida por el Teatro San Martín de Caracas y bajo la dirección de Luis Domingo González, cuyo estreno, en la sala principal del mismo teatro, fue el pasado viernes 4 de abril.

También Luis Domingo González con su puesta, de manera sobria y contundente a partir del texto de Ott, las limpias y excelentes actuaciones de Rubén León, David Villegas, José Gregorio Martínez, Carolina Torres y Leonardo Gibbs, y las acertadas participaciones técnica de Alfonso Ramírez en la  musicalización, Gerónimo Reyes en la iluminación y Enrique González V. en la escenografía y vestuario, logran convertir a la maldad en belleza.

La puesta de González, con indiscutible economía de recursos, hace más con menos y consigue construir la atmósfera adecuada para contar la historia de Ángel, Cacho y Cándido, tres amigos que en la adolescencia, a causa de una proverbial irresponsabilidad, cometen un crimen que los marca para toda la vida. A partir de allí sus destinos se escribirán con sangre, aunque ellos intenten borrar de sus memorias el obsceno suceso. Pero como en las tragedias griegas, por más que los tres quieran eludir su sino, éste los persigue convertido en gárgola, un monstruo de 80 dientes, 4 metros y 200 kilos que llevan sobre las espaldas.

A lo largo del montaje hay momentos de gran belleza poética: cuando un viejo recoge basura le cuenta una truculenta historia a los adolescentes Ángel, Cacho y Cándido, historia que coincide con la que ellos están viviendo; o cuando, atormentados por la culpa, los tres adolescentes, por separado, despiertan en medio de pesadillas; o cuando Cacho, próximo a enfrentarse a su irrevocable destino, ve claramente al monstruo que lo ha perseguido por años; o ese recurrente despertar y caer de nuevo en el sueño (¿o pesadilla?) de un Ángel ya adulto y fracasado; para por fin rematar en un final ¿macabra y obscenamente poético?

Como en la mayoría de piezas de Ott, 80 dientes... tiene una estructura compleja, sin que esto se convierta en obstáculo para el correcto fluir de la historia que se cuenta. La profundidad de su tema, lo irracional de algunas de sus situaciones y esos diálogos absurdamente líricos a los que nos tiene acostumbrado, contrastan para construir un curioso retrato de nuestra sociedad actual, de nosotros como país, ¿acaso no nos parecemos demasiado a esos tres alegres adolescentes que aman el béisbol y van por la vida sin querer responsabilizarse de sus acciones? No obstante, tarde o temprano, la vida pasa factura...

Pese a reconocer su incuestionable calidad como texto dramático, 80 dientes... no forma parte en mi lista personal de imprescindibles. Ella y yo no terminamos de hacer “clic”. Y esto no lo digo a manera confesional o por puro capricho, sino con la intención de reforzar el concepto totalizador y totalizante en el teatro moderno y su implacable fórmula: texto+director+actrices/actores+producción= teatro.

Que el espectáculo teatral depende irremediablemente de que cada uno de los elementos de esta fórmula funcione como engranaje de relojería suiza, es lo que nos ha demostrado, una vez más, la gente del Teatro San Martín de Caracas durante el estreno del pasado viernes de la premiada obra de Ott.

Inmejorable manera para celebrar 15 años de existencia.

miércoles, 2 de abril de 2008

Los 80 dientes de Ott

El béisbol y un monstruo desde el 4 de abril
80 DIENTES, 4 METROS Y 200 KILOS
TE MUERDEN EN SAN MARTÍN

Este viernes 4 de abril, a las 8 p.m., el TEATRO SAN MARTÍN DE CARACAS y TEXTOTEATRO se visten de gala para el estreno de “80 DIENTES, 4 METROS Y 200 KILOS”, escrita por Gustavo Ott y dirigida por Luis Domingo González, obra merecedora del Premio Internacional Tirso de Molina 1998, el galardón más importante de la dramaturgia en español. La pieza, catalogada por el jurado del premio “como una épica sobre la culpa y el lenguaje” es el estreno con el que el TEATRO SAN MARTÍN DE CARACAS celebra sus 15 años de existencia.

Su "absoluta modernidad, impecable construcción dramática e interesantísimo mestizaje lingüístico", la hicieron merecedora del XXVIII Premio Tirso de Molina otorgado en 1998 por la Agencia Española de Cooperación Internacional, entidad que además publicó esta obra que narra cómo la naturaleza de las obsesiones nos conduce a cometer actos irracionales. Esta pieza es, según la crónica de la Agencia Española, la única pieza venezolana que ha ganado el Premio Tirso de Molina, desde que en 1976 la obra del merideño Edilio Peña, “Los pájaros se van con la muerte”, quedara como primera finalista.

“80 DIENTES...” retrata el mundo del béisbol como un reflejo de las obsesiones, en un paralelismo entre ese deporte y la realidad del entorno social, sicopatólogico y criminal. Para Ott, se trata de un esquemático y sencillo alegato sobre el tema de la conciencia a finales del siglo XX, mediante la integración de tres piezas distintas en lo formal pero con una historia común: lo que sucede con la vida de tres personas luego de cometer un crimen.

Para la producción que hiciera hace seis años la COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO, Héctor Manrique consideró que en esta pieza, el béisbol, en una dimensión poética, permite a cinco actores llevar a cuestas 30 años de la vida de unos personajes consumidos por el peso de la conciencia. “Es una obra paradigmática donde convergen todas las ilusiones y oportunidades perdidas de una nación que ha extraviado valores y metas y lucha por reencontrarlas", sentenció Manrique.

En esta nueva producción del TEATRO SAN MARTÍN/TEXTOTEATRO, dirigida por Luís Domingo González, la propuesta será novedosa no sólo desde el punto de vista temático “sino también estética, porque marca un nuevo rumbo de nuestro grupo, TextoTeatro, indagando un poco más en el estilo que abordamos en 120 VIDAS X MINUTO: un nuevo expresionismo, una poesía de la catástrofe y la caída, una visión cruda del macabro latinoamericano, sin concesiones”, ha dicho el director de la obra, Luis Domingo González, sobre este trabajo.

Para el autor, “80 DIENTES, 4 METROS Y 200 KILOS” es una obra épica escrita en tres capítulos “como si se tratara de tres autores distintos. Quise experimentar con la idea de ser otro escritor, uno distinto a mí, a la manera de Calvino. Así, escribí esta pieza que cuenta la historia de tres amigos desde los 70 hasta los 90. Y de los amigos a un crimen cometido, olvidado por todos, pero que regresa vengativo, como el monstruo de la culpa”, añade Ott.

“80 DIENTES...” fue presentada en el 2002, en su traducción inglesa (80 Teeth, 4 Feet, 200 Pounds), por el Public Theater de Nueva York dirigida por Tlaloc Rivas dentro del programa NEW WORKS NOW, con George C. Wolfe como productor. La pieza ha sido galardonada también con el premio CELCIT 2002 y fue finalista del prestigioso PRINCESS GRACE PLAYWRITING AWARD de Estados Unidos en el 2003. Esta es la primera producción del autor realizada por su grupo TextoTeatro.

Por compromisos internacionales de la compañía, esta producción podrá verse sólo en 12 funciones, a partir del 4 de abril. El elenco de esta puesta “expresionista” del TSMC lo integran RUBÉN LEÓN, DAVID VILLEGAS, JOSÉ GREGORIO MARTÍNEZ, CAROLINA TORRES y LEONARDO GIBBS. Musicalización de Alfonso Ramírez, Iluminación de Gerónimo Reyes, escenografía y vestuario de Enrique González V., todos bajo la dirección de Luis Domingo González.

Las funciones serán desde el 4 de abril, viernes y sábados 8 p.m., domingos 6 p.m. Entrada general: Bs. 8000/Bs.F 8.

Fuente: Prensa TSMC

martes, 1 de abril de 2008

Y lo dijo uno de los grandes...

El escritor peruano Mario Vargas Llosa dijo tras el estreno mundial de su obra Al pié del Támesis el sábado en Lima, que los novelistas [cualquier escritor, diría yo] que escriben teatro deben aprender a ser humildes al ver que su trabajo es enriquecido en la puesta en escena. Mientras que en "la novela uno es dueño y señor de lo que hace", el texto teatral se convierte en "un guión, un punto de partida" que es fortalecido en el proceso por el director, actores, técnicos.

Fuente: Diario El Universal

martes, 25 de marzo de 2008

Estreno de Cuando seamos grandes


Aunque niños se nos permita ser
tan sólo una vez en la vida
el sueño vivirá en nosotros
como el grano de pan en la espiga


Cuando seamos grandes
de Víctor Vegas

Del 29 de marzo al 4 de mayo

Con las actuaciones de Paola Baroferre, Gleison Medina, Oriana Nigro, Zammy Giménez, José Alberto Blanco, Kaoru Yonekura y la participación especial de la niña Verónica León.

Produce Teatro San Martín de Caracas/TextoTeatro
Dirección de Jennifer Morales
Sábados y domingos, 3:00 pm

Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas.
Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas.
Telf. (212) 4512161/3772526
Estacionamiento privado al lado del teatro

miércoles, 19 de marzo de 2008

La música de las palabras

Ya sea en la música o en la ficción, lo principal es el ritmo. Tu estilo tiene que tener un ritmo bueno, natural, firme, o la gente no va a seguir leyéndote. Aprendí la importancia del ritmo de la música, y especialmente del jazz. A continuación viene la melodía, que en literatura viene a ser un ordenamiento apropiado de las palabras para que vayan a la par del ritmo. Si las palabras se acomodan al ritmo de una manera suave y bella, uno no puede pedir más. Lo siguiente es la armonía; los sonidos mentales que sostienen las palabras. Luego viene la parte que más me gusta: la libre improvisación. A través de algún canal especial, la historia fluye libremente desde el interior. Todo lo que tengo que hacer es sumergirme en la corriente. Finalmente viene lo que quizá sea lo más importante de todo: esa elevación, esa emoción que uno experimenta al completar su “interpretación” y al sentir que ha alcanzado un lugar nuevo y significativo. Y si todo sale bien, uno consigue compartir esa sensación de elevación con sus lectores (su audiencia). Es una culminación maravillosa que no puede obtenerse de ninguna otra manera.

jueves, 13 de marzo de 2008

Fútbol y literatura


Desde hace algún tiempo me ha dado por comparar el fútbol y la literatura. Dos de las muchas pasiones que me atraviesan, que me corroen, que me trastocan...

En países donde el fútbol es más que una pasión, una manera de afrontar la vida, como Argentina o Brasil, mis compañeros de trabajo se asombraban al oírme hablar de ese deporte y me decían, “pero ¿es que a los venezolanos les gusta el fútbol?”.

Eso fue siete u ocho años atrás, en la época cuando era infeliz y no lo sabía... Tal vez ahora, con la evolución que ha mostrado la vinotinto en los últimos tiempos, mis ahora ex compañeros de trabajo piensen de manera distinta. Ojalá.

Pero es de fútbol y literatura que quiero hablar.

Como en el fútbol, el talento en literatura es importante, aunque no lo más importante. En ambos lo más importante es la disciplina. Sin disciplina, un futbolista o un escritor, por más talento que derroche, no tendrá un mañana.

El suceso más maravilloso en fútbol es el gol. Todo futbolista (hasta los arqueros) ha soñado alguna vez con hacer uno. Sin embargo, no todos están llamados a esa gloria. Dependerá mucho de las habilidades innatas en cada cual y de los designios de un señor llamado director técnico. El jugador de fútbol debe tener conciencia sobre cuál posición se ajusta más a sus habilidades o características para entonces conocer todo acerca de ella y tratar de ser el mejor en su estilo. De la misma forma un escritor debe conocer sus habilidades, saber qué género le calza mejor y tratar de conocerlo al máximo. No todo los escritores pueden ser a un mismo tiempo novelistas, poetas, dramaturgos, cuentistas, ensayistas, etcétera. Desde luego se dan algunos raros casos de escritores extremadamente versátiles, pero como en los jugadores de fútbol, esa no es la regla si no la excepción.

Una vez que el futbolista conoce en qué posición funciona mejor, debe pulir su técnica. Sin técnica y sin disciplina no hay mañana. Si logra conjugar talento y técnica entonces destacará en la cancha. Es lo ideal pero de nuevo ésta es la excepción y no la regla. Hay muy pocos jugadores en el mundo que lo logran. Son los cracks. Y un crack no nace todos los días. Sin embargo el fútbol necesita de los crack como de los jugadores técnicos. En literatura pasa exactamente igual.

El azar, o esa cosa que algunos llaman suerte, juega un papel relevante en ambas disciplinas. Tanto en un juego particular para un futbolista, como en una determinada obra que escribe un escritor. No importa lo mal o bien que se juegue en la cancha, o la dedicación y cuidado que se tenga al escribir una obra, el factor suerte siempre estará acechando a la vuelta de la esquina para colaborar en nuestro éxito o hundirnos en la desgracia.

Al igual que un futbolista requiere de la vitrina de un equipo para mostrar sus habilidades en el oficio, un escritor requiere de una editorial para dar a conocer su trabajo. Y aunque el futbolista debute en un equipo modesto, siempre tiene en mente o aspira a ser parte de un equipo grande; tan grande como su ambición se lo permita o exija. De igual manera el escritor debe aspirar a colocar su obra en la editorial que la haga llegar a más lectores. Desde luego esto suele hacerse de manera escalonada, porque sería muy ingenuo creer que un futbolista que se inicia pueda jugar en el equipo de primera del Real Madrid o del Milan, por ejemplo.

Un futbolista, aun cuando no tenga compromisos a diario con su equipo, entrena todos los días. El escritor también, aunque no trabaje en una obra particular, debe escribir todos los días. Y cuando digo escribir, no quiero decir crear un texto nuevo, porque revisar y corregir es escribir. Por supuesto la lectura es parte del imprescindible entrenamiento cotidiano de cualquier escritor.

Mientras corre de un lado a otro la cancha, un futbolista sabe que cuenta con personal especializado (médicos, masajistas, etcétera) en caso de llegar a necesitarlo. Los diccionarios (de sinónimos y antónimos, de dudas y dificultades, etcétera) representan ese personal especializado para el escritor. Nunca deben faltar sobre su escritorio a la hora de recorrer de arriba abajo la página.

Hay muchas más comparaciones entre fútbol y literatura que he venido acumulando con los años, pero tal vez ésas sean parte de otro post. Uno futuro que todavía no sé cuándo escribiré pero que desde ya me ha comenzado a guiñar el ojo.

sábado, 8 de marzo de 2008

En el Día Internacional de la Mujer

¿Acaso se celebra el Día Internacional del Hombre?

Cuado ya deje de celebrarse nuestro día como ahora, entonces habremos avanzado un poco más en el camino hacia la homologación de los derechos de la mujer.
Victoria Rhode

viernes, 7 de marzo de 2008

Vuelve COMEGATO de Gustavo Ott


COMEGATO
"La fácil decisión entre democracia o crimen"
Premio Nacional Casa del Artista (Mejor Obra, 1997), Premio Municipal de Teatro (Mejor Obra, 1997), Premio Municipal de Teatro (Mejor Director, 1997)
Escrita y Dirigida por Gustavo Ott
Con
RUBÉN LEON - VERÓNICA ARELLANO - DAVID VILLEGAS
¡¡¡¡TEMPORADA ESPECIAL POR GIRA INTERNACIONAL: SÓLO 6 FUNCIONES!!!!!
DESDE EL 7 DE MARZO
COMEGATO fue estrenada en 1997 en la Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas. Participó luego en el 2002 en los Temporales Internacionales de Puerto Montt (Chile), Lluvia de Teatro de Valdivia y en el Festival Internacional de Aguimes, Canarias, España. También realizó una gira por Dinamarca —Copenhague, Ejsberg, 2003; Festival de Teatro de Stuttgart 2003 y Festival Latino de Washington/Teatro de la Luna, 2003.
COMEGATO es la historia de dos hermanos y un amor. Pero también es una historia sobre el fracaso, el crimen y la traición. Una traición que parte de ser filial y conyugal para convertirse en la traición al país y a su sensibilidad. Y todo ocurre sobre esos inmensos y peligrosos tanques de gasolina que, como una bomba de tiempo, esperan el cigarrillo equivocado que descubra al verdadero protagonista de esta nación. Los personajes caminan sobre esa bomba de tiempo en la que descansa una sociedad que apuesta por la superficialidad para poder desprenderse, aunque sea de manera ficticia, de su peligrosa realidad. Entre el éxito fácil y la cotidianización de la inmoralidad, en COMEGATO el tiempo se devuelve, es una cuenta atrás, como en los detonantes de bombas, en esa carrera ciega hacia el número cero. Y la pregunta sencilla con respuesta fácil a un íntimo dilema: ¿democracia o crimen?

jueves, 6 de marzo de 2008

Arrogancia y poder *


Ocurrió a finales de 1992. En aquella época yo tenía 25 años y unas ganas enormes de comerme el mundo. En mayo habían coincidido dos hechos que me cambiaron la vida: un título de Ingeniero en Informática y un contrato en una compañía codiciada por varios compañeros de promoción.

La empresa era filial de una corporación transnacional —número tres a escala mundial— dedicada a la manufactura y comercialización de bebidas alcohólicas. Una planta industrial a 45 minutos de Barquisimeto. Luego de tres meses de prueba, ingresé formalmente como analista-programador en la gerencia de IT, lo que conllevaba otros retos y responsabilidades. Uno de ellos fue instalar un nuevo programa en la sucursal de Caracas, adonde nadie le gustaba ir, tal vez porque quedaba en el mismo edificio de la oficina matriz, a un paso de los despachos de la plana mayor.

Recuerdo que aquel día viajé a Caracas la noche previa. Según lo planificado, llegué temprano a las oficinas. Le informé de mi actividad a los usuarios (en realidad una, la asistente de administración, la única que conocía el sistema) y comencé a hacer mi trabajo. De acuerdo a mis cálculos no me llevaría más de 30 minutos. El asunto es que, antes de empezar, fui objeto de presiones porque yo no podía, “arbitrariamente” —así dijeron—, detener la facturación. Primero fue la administradora de la sucursal, luego la gerente. Como ninguna logró influir en mi determinación acudieron a instancias superiores. En menos de 10 minutos tuve enfrente a la directora de operaciones. Una mujer alta, delgada, hermosa, de unos 35 años. Sin inmutarme le dije lo mismo que le había dicho a las otras mujeres: “mientras instalo, nadie puede usar el sistema”. Ella me dejó terminar, sonrió, dio media vuelta y se marchó. Poco después recibí una llamada de mi jefe ordenándome que abortara el plan y retornara a la planta.

Durante el viaje de regreso, además de frustrado, me sentía indignado. Incluso pensé en renunciar en cuanto viera a mi jefe. Y eso hice. Pero él me persuadió para que no le diera importancia al incidente y lo olvidara.

No volvería a pisar la oficina matriz sino hasta mucho tiempo después, cuando la directora de operaciones dejó de prestar sus servicios en la empresa y su posición fue ocupada por otra persona. Sin embargo, en cierta ocasión, la encontré en la oficina de mi jefe, que ahora tenía despacho en Caracas. Al verme entrar él le preguntó que si me recordaba. Para mi sorpresa ella dijo que sí. Que era el arrogante que en una oportunidad intentó contrariarla. Yo sólo intentaba hacer mi trabajo, dije. Ella sonrió y dijo que también era importante que aprendiera a relacionarme con el poder.

Confieso que todavía no lo he conseguido.

*Publicado en el número 9 de la revista Clímax, agosto de 2006.