sábado, 21 de abril de 2007

¿Cuántos actos fallidos caben en un minuto?


Anoche asistí al estreno de “120 vidas x minuto”, la pieza más reciente del reconocido dramaturgo venezolano Gustavo Ott.

En los últimos dos años, el Teatro San Martín de Caracas se ha convertido para mí en una especie de oasis. Los espectáculos que suelen representarse allí, nunca dejarán indiferente a un espectador ávido por ver cosas nuevas.

Y “120 vidas x minuto”, ganadora del Segundo Premio del Concurso Nacional de Creación Contemporánea y Dramaturgia Innovadora de 2006, convocado por el IAEM, no podía ser la excepción que confirmara la regla.

Según el propio autor, en esta obra une dos hechos aparentemente inconexos: la muerte del artista cinético Jesús Soto en 2005, y el accidente aéreo, ocurrido el mismo año en la sierra venezolana de Perijá, en el que murieron 120 personas por negligencia de la compañía de transporte al no cargar con suficiente combustible los tanques de la nave. “Que el avión cayera por falta de gasolina en esa inmensa cuenca de petróleo y energía fue una metáfora que no pude quitarme de la cabeza por mucho tiempo”, dice Ott.

Con un planteamiento visual muy atractivo, unas actuaciones sólidas, escenografía y dirección no convencionales, “120 vidas x minuto” nos pasea a lo largo de cinco historias particulares y una colectiva, hilvanadas a través del discurso del maestro venezolano.

Todo sucede dentro de un avión a punto de aterrizar. Soto deambula como un fantasma por los pasillos del avión, exponiendo sus planteamientos estéticos como lo hiciera en vida, y como lo hace aún mediante su obra.

El espectáculo es geométrico. Está armado, estructurado, de forma tal que se produzca en el espectador el efecto de que las cinco historias particulares (y la colectiva, desde luego) ocurren al mismo tiempo. Por eso vemos que en un primer plano se representa la “historia de turno” mientras que en segundo plano observamos fragmentos de las otras historias. Un enorme hexágono en el centro de la escena, que a lo largo de la pieza se desarma y vuelve a armar, funciona como comodín: a un tiempo sirve como compartimiento de pasajeros y escenario dentro del escenario; incluso, como uno de esos aparatos que marcan el compás en música: el hexágono marca los cambios de tiempo o ambiente de la pieza. Por supuesto, como metáfora del horror, vemos caer el avión una y otra vez, una y otra vez.

Por lo hasta ahora descrito, vale decir que “120 vidas x minuto” no es una obra fácil; no ofrece concesiones al espectador. Sin embargo, por la estética y los movimientos que se despliegan sobre escena, y en especial por el trabajo actoral, consigue atrapar al público, lo mantiene hipnotizado de principio a fin. Y esto fue sencillo comprobarlo siendo parte de una sala llena a reventar como la de anoche.

En fin, “120 vidas x minuto” es un espectáculo de alta factura, donde los detalles han sido muy bien cuidados (la música ayuda enormemente, sobre todo en los monólogos de Soto y de la aeromoza Emily; las proyecciones, cambio de luces y la escenografía también agregan). La ficha artística (María Brito, Gonzalo Cubero, Luis Domingo González, David Villegas y Carolina Torres) hace alarde de su talento, sobre todo Luis Domingo, que nos muestra a un creíble Soto, y Carolina Torres, que nos lleva casi a las lágrimas con su monólogo de Emily, la aeromoza autodestructiva.

Quizá haya dos detalles que pudieran meterle, al comienzo, mientras se adapta, algo de ruido al espectador: la hiperkinética de los personajes en segundo plano y el sonido de las turbinas del avión que se escucha durante casi toda la obra.

Me complace en extremo este nuevo acierto de Gustavo Ott como dramaturgo y director.

Bravo por el Teatro San Martín de Caracas. Bravo por TextoTeatro. Bravo por Gustavo Ott.

sábado, 14 de abril de 2007

Mensajes desde Barcelona



The Barcelona Review es uno de los selectos espacios con los que la narrativa breve contemporánea cuenta en esa infinidad, esa otra "Biblioteca de Babel" que conocemos como internet.

Según la revista estadounidense Writer's Digest, The Barcelona Review figura entre las cinco mejores páginas literarias de la web. Asimismo, para la editorial Doubleday es «la mejor revista literaria electrónica de ficción contemporánea internacional».

Entre las interesantes cosas que ofrece The Barcelona Review, está el hecho de que la revista cuenta con sus respectivas versiones en idioma inglés, francés, catalán y, desde luego, español. Y eso, por supuesto, no es poca cosa.

Entre los bytes de la versión en español, los visitantes podrán encontrar textos con las firmas de reconocidos autores como Javier Marías, Juan José Millás, Juan Goytisolo, Sergio Ramírez, Pedro Juan Gutiérrez; y de algunos más jóvenes como Alberto Fuguet, Edmundo Paz Soldán, Santiago Roncagliolo, Juan Bonilla; entre muchos otros.

En el número más reciente de la revista, el 58, me han concedido el honor de dedicarme un espacio especial al publicar una reseña de mi libro de relatos Mensajes en la pared (Monte Ávila Editores, 2006) y el cuento que tiene la difícil tarea, en este libro, de darle la bienvenida a sus posibles lectores: Amnesia.

La reseña, escrita por Alejandro Marqués, finaliza de esta manera:

“Los relatos de este libro son un buen ejemplo de cómo se puede seguir haciendo buena literatura al margen de las modas, con un sentido certero del mundo que vivimos y una elegancia propia de los autores consagrados, lo que nos brinda la sensación de novedad y frescura aunque sea la misma buena literatura de siempre. Léanlo y disfruten.”

Muchas gracias a Ernesto Escobar Ulloa, editor de The Barcelona Review, por el interés y la entusiasta promoción que le ha hecho a mi libro Mensajes en la pared.

Vale aclarar que no es mi primer libro publicado, pero como si lo fuera.

miércoles, 11 de abril de 2007

Rebelión de perros en el CELARG



El próximo 18 de abril, a las 8:00 PM, el espacio de difusión Dramática Iberoamericana estará presentando en la Sala Experimental del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), el 1er Ciclo de Teatro Mínimo titulado, La rebelión de los perros, cuya finalidad es dar cabida a voces nuevas y consagradas de la dramaturgia iberoamericana a través de montajes minimalistas y lecturas dramatizadas.

Tomando como excusa al mejor amigo del hombre, este 1er ciclo presentará piezas breves de autores venezolanos como Loida Pérez, Vicente Lira, Juan Ramón Pérez, Gerardo Blanco, Víctor Vegas y José Antonio Barrios. Aun cuando son voces que están dándose a conocer en la dramaturgia nacional, algunos de ellos cuentan con una larga trayectoria en el mundo del teatro y otros han obtenidos premios en concursos de textos teatrales dentro y fuera de Venezuela.

Historia del hombre que se convirtió en perro, la emblemática pieza del reconocido dramaturgo argentino Oswaldo Dragún, se encuentra como centro gravitacional del ciclo, ya que sirvió de punto de partida para escribir el resto de las piezas. Son obras cargadas de humor e ironía, no exentas de un trasfondo de denuncia social que, al tiempo de provocar la risa en los espectadores, los invitará a la reflexión.

Las palabras de presentación de este 1er Ciclo de Teatro Mínimo estarán a cargo del prestigioso académico y crítico teatral Orlando Rodríguez.

La puesta en escena contará con las actuaciones de Germán Mendieta, Linsabel Noguera, Josué Gil, Mabe Hernández y Darwin Berroeta. Todos bajo la producción y la dirección general de Loida Pérez.

lunes, 19 de marzo de 2007

Permítenos que te caigamos a cuentos



Entre el 23 y 27 de abril se estará realizando la segunda edición de la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, evento organizado por el PEN de Venezuela bajo la coordinación de Ana Teresa Torres y Héctor Torres, y con el apoyo de la Fundación Chacao y la Fundación para la Cultura Urbana.

Dicho evento reúne a quince voces de la nueva narrativa venezolana que, durante cinco noches, leerán sus relatos para el público que desee acercarse a escucharlos en el Centro Cultural Chacao, ubicado en la avenida Tamanaco de El Rosal, justo detrás del Centro Lido, a las 7:00 pm.

El lunes 23 abrirán el evento Álvaro Pérez Capiello, Víctor Vegas (sí, leyeron bien: yo) y Gisela Kozak. Les seguirán el martes 24: Ricardo Waale, José Tomás Angola y Carlos Ávila; el miércoles 25: Mario Morenza, Marianne Díaz Hernández y Eduardo Cobos; el jueves 26: Carolina Rodríguez, Rafael Victorino Muñoz y Miguel Hidalgo; y cerrará el viernes 27: Arnoldo Rosas, Leopoldo Tablante y Ana García Julio.

Cada noche, el trío de voces será presentado —y sus textos comentados— por un autor reconocido de nuestra narrativa; ellos son: Judit Gerendas, Antonieta Madrid, Federico Vegas, Ángel Gustavo Infante y Oscar Marcano, respectivamente.

El año pasado la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, en su primera edición, tuvo muy buena acogida de público, incluso rebasó las expectativas de los organizadores. Esperemos que este año vuelva a repetirse el fenómeno.

Entonces, permítenos que te caigamos a cuentos otra vez.

viernes, 9 de marzo de 2007

Los lectores de Cortázar


Para Cortázar existían sólo dos tipos de lectores. El primero de ellos, el lector-hembra, lo describía como “el tipo que no quiere problemas sino soluciones, o falsos pro­blemas ajenos que le permitan sufrir cómodamente sentado en su sillón, sin comprometerse en el drama que también debería ser el suyo”. En el extremo opuesto de la misma cuerda, estaba el lector-cómplice, que definía como aquel que “puede llegar a ser copartícipe y copa­deciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma”.

Después de lo anterior, como es natural, alguien que esté leyendo esta nota no le será difícil concluir que a Julio Cortázar le gustaba pensar que escribía para el segundo tipo de lectores: “Por lo que me toca, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me in­teresa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo”.

Según Diego Trelles Paz, escritor peruano, “la noción del lector como activo creador de la obra literaria y la destrucción del estado parasitario de la lectura, ya habían sido señaladas por José María Castellet en su libro La hora del lector (1957) y, trece años más tarde, Roland Barthes reafirmaba esta premisa señalando que: «el objetivo del trabajo literario (de la literatura como trabajo) es hacer que el lector no sea más un consumidor, sino el productor del texto»”.

Vaya clase de afirmación. ¡Bravo por Barthes!

De una u otra manera, un grupo de los creadores —quisiera pensar no despreciable— a los que nos ha tocado escribir en esta época, compartimos obsesiones similares a las expuestas en los párrafos previos. ¿Cómo hacer que el lector se involucre activamente en la construcción de las historias que contamos? ¿Cómo encender la chispa que eche a andar su propia maquinaria creativa mientras lee nuestros relatos? ¿Cómo hacer que nos acompañe activamente en la gran aventura de ficcionar? Vale señalar que quienes escribimos en la actualidad la tenemos bien cuesta arriba frente a las nuevas generaciones de lectores, porque si bien la manera de contar historias ha cambiado, ha evolucionado, ha sido objeto de no pocas innovaciones en las últimas décadas, también el lector ha ido evolucionando con el tiempo y hoy en día es mucho más difícil, por decir lo menos, hallarse con lectores ingenuos —si es que alguna vez esta rara especie llegó a existir. Además, cine y televisión han contribuido para que la cuesta de la que vengo hablando se haga mucho más pronunciada y tortuosa para las nuevas generaciones de autores. ¿Cómo cautivar a los lectores en la época post Tarantino? La respuesta no puede ser otra distinta a la que han echado mano tantos creadores: la forma, la estructura que armemos al momento de contar, en fin, el envoltorio de nuestras historias.

Por ejemplo, el caso de Roberto Bolaño, uno de los escritores latinoamericanos más influyente de nuestros tiempos, no deja de ser paradigmático. A él se debe parte de las innovaciones en la manera de narrar a las que he hecho referencia, sobre todo, en su inquietante y extraordinaria novela Los detectives salvajes. Durante una entrevista que le concedió al periodista Daniel Swinburn, del diario chileno El Mercurio, dijo: “En cualquier caso, la presión temática siempre ha ido a la par con la presión de la estructura. De hecho, cuando imagino un cuento o una novela o una pieza teatral, lo que sea, menos tal vez un poema, el primer escollo, el primer problema a resolver es el de la estructura, es decir, el envoltorio. A fin de cuentas, lo que se cuenta siempre es una variación de lo que el hombre se viene contando a sí mismo desde hace miles de años. Lo que cambia, lo que permite que el árbol, si aceptamos darle esa figura a la experiencia literaria, se mantenga vivo y no se seque es la estructura, nunca el argumento”.

Y allí está Rayuela, de Cortázar, para confirmarlo.

De manera que es en la estructura donde hallaremos el gran reto a la hora de sentarnos a escribir. En ella está el verdadero atractivo para el lector, nuestra posibilidad de encender su maquinaria creativa, de que a la hora de leernos se comporte como un lector-cómplice y no como un lector-hembra.

Menudo reto.

jueves, 8 de marzo de 2007

A reír al teatro


Entre el 2 de marzo y el 8 de abril, los habitantes del suroeste de la ciudad tendrán la oportunidad de reírse a mandíbula batiente con la primera Muestra de Comedia del Teatro San Martín de Caracas.

Se trata de un selectivo grupo de comedias estrenadas en las salas del circuito comercial del este caraqueño que Jorgita Rodríguez, presidenta de la empresa productora de espectáculos Talento Femenino, y el reconocido dramaturgo Gustavo Ott, director del Teatro San Martín, pensaron que podía funcionar muy bien en ese espacio. Y no se equivocaron, pues el pasado fin de semana, cuando se inauguró el evento, la asistencia fue masiva. El viernes abrió Mister Juramento, de Néstor Caballero, interpretado por el polifacético Franklin Virgüez; le siguió sábado y domingo Locas, Trasnochadas y Melancólicas, de Indira Páez, con las actuaciones de Lourdes Valera y Nohely Arteaga.

Otros espectáculos que prometen estirar las risas del público durante los siguientes fines de semana son La coleccionista, de Manuel Mendoza y Alejandro Aragón, con la participación de Tania Sarabia y Sheila Monterola; Pony, de Gustavo Ott, con las interpretaciones de Verónica Arellano y Salomón Adames; Rosario Prieto, viuda de..., escrita y actuada por Rosario Prieto, con la participación especial de Juan Carlos Lira; El hombre chiste, de Carlos Sánchez Delgado, representado por César Bencid; Entiéndeme tú a mí, de Eloy Arenas, protagonizada por Karl Hoffmann y Carlos Montilla; la pieza infantil Las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza, de Humberto Orsini; y el 8 de abril, el cierre de la muestra será con el monólogo que Romano Rodríguez escribió para su hermana Ruddy, Una mujer con suerte.

Los organizadores prometen repetir el evento en los años venideros. Los interesados pueden consultar la programación del mismo en la página web del Teatro San Martín de Caracas o en VayaAlTeatro.com.

jueves, 22 de febrero de 2007

De vuelta al lugar de la fantasía


La fantasía era aquel lugar que solíamos visitar una y otra vez durante nuestra infancia para sustraernos de los peligros del mundo real. ¿Cuánta veces muchos de nosotros no inventamos un mundo paralelo, particular, para refugiarnos a jugar o a fantasear? Cuando las cosas no marchaban bien, o no resultaban lo que nosotros esperábamos, entonces corríamos hacia ese otro espacio cargados de anhelos y desesperación. Y allí sí que conseguíamos ser todo cuanto no podíamos ser en la realidad. Éramos valientes, nos enfrentábamos a los más grandes peligros sin vacilar y, lo mejor de todo, era que siempre salíamos victoriosos de aquellas aventuras. Allí no existía nada que pudiera resistirse a lo que nuestra imaginación exigiera. Éramos héroes cabalgando sobre un corcel blanco, atravesando interminables llanuras, para salvar o rescatar a alguien.

A ese maravilloso mundo Guillermo del Toro nos hace retornar en El laberinto del Fauno. Durante 112 minutos, Del Toro apuesta por revivir ese niño que todavía, muy de vez en vez, consigue revolverse en nuestro interior. Y lo consigue con una maestría que congela el aliento. No por casualidad una de las promociones de la película se refiere a ella como “un cuento de hadas para adultos”. Y no es para menos, porque a lo largo de la película se suceden escenas de violencia y crudeza logradas con tal nivel de claridad y calidad que nada tienen que envidiar a las grandes producciones del cine norteamericano.

El argumento es el siguiente: una niña de 13 años, llamada Ofelia (Ivana Baquero), viaja con su madre embarazada (Ariadna Gil) para encontrarse con lo que será, a partir de entonces, su hogar, un pueblo ubicado a la mitad de un bosque rodeado de montañas. Es el año 1944, a pesar de que la guerra civil española ha finalizado, todavía en las montañas se mantienen alzados algunos vestigios de la resistencia republicana. El capitán Vidal (Sergi López), nuevo esposo de la madre de Ofelia, ha sido destacado allí con un grupo de hombres para acabar con la resistencia. Cierta noche Ofelia encuentra las ruinas de un laberinto donde habita un fauno que le hace esta revelación: ella es en realidad una princesa, la última de su estirpe, a quien los suyos llevan mucho tiempo esperando. Para poder regresar a su mágico reino, Ofelia deberá enfrentarse a tres pruebas antes de la luna llena.

Dos historias que se alternan y entrelazan de manera extraordinaria para relatarnos las aventuras de Ofelia en sus dos mundos, el real y el que ha creado su rica imaginación estimulado por sus lecturas de cuentos de hadas. El laberinto del Fauno sorprende por su belleza, por el cuidado puesto en los detalles. Hay un equilibrio vital entre ambas historias y entre la sucesión de escenas cargadas de la violencia del mundo real y las inquietantes escenas de ese otro mundo creado por la imaginación de Ofelia, que a momentos pareciera tan real como el otro mundo, el verdadero, el que la niña se niega a aceptar por completo. Así como a través de las acciones de la pequeña Ofelia podemos apreciar la profunda riqueza, ingenuidad y ternura del mundo infantil, el capitán Vidal nos muestra la cara deforme de la maldad absoluta. Ambas actuaciones carecen de desperdicio, son de una solidez efectiva, monumental. Otros aspectos que valen ser resaltados son el maquillaje y los efectos especiales que le aportan a la película enorme verosimilitud. Ni hablar del trabajo de Del Toro como guionista y director.

El laberinto del Fauno hará que el espectador cabalgue de nuevo sobre sus viejas emociones, las que lo inundaban mientras recreaba su propio y particular mundo de ilusiones, por allá en los lejanos días de su infancia.

lunes, 12 de febrero de 2007

Reverón en el MOMA


Ayer domingo, 11 de febrero de 2007, fue abierta al público la retrospectiva que el Museo de Arte Moderno de Nueva York dedica al pintor venezolano Armando Reverón.

Jesús Soto y Reverón están considerados como los hitos mayores del arte moderno venezolano. Si bien la obra de Soto ha logrado un indiscutible reconocimiento internacional, sería ahora que la obra de Reverón, con esta exposición que ofrece el MOMA hasta el próximo 16 de abril, tendría su verdadero bautizo de fuego en el ámbito internacional.

Cuatro salas del sexto piso del prestigioso museo albergan cien piezas del pintor de Macuto. Entre paisajes, desnudos, autorretratos, sus fieles muñecas de trapo y otros objetos. Casi seis años le ocupó a John Elderfield, curador de la muestra y curador jefe del Departamento de Pintura y Escultura del museo, preparar esta retrospectiva de Reverón. El primer gran contacto que tuvo Elderfield con la obra del maestro venezolano se remonta a 1998, durante la Bienal de Sao Paulo, cuando vio un pequeño grupo de sus paisajes. Antes sólo había visto trabajos individuales del artista en exposiciones de arte latinoamericano. A partir de entonces Elderfield quedó fascinado con su obra y se dedicó a su estudio. Otro que está íntimamente ligado con la exposición es el venezolano Luis Enrique Pérez Orama, uno de los mayores conocedores de la obra reveroniana y curador de arte latinoamericano del Moma.

Hasta ahora Reverón había sido presentado (o disminuido, sería la palabra exacta) por algunos críticos como un impresionista tardío y extraviado en el caribe. Nada más apartado de la realidad. John Elderfield, dice: “Reverón no es un impresionista ni un post impresionista. En casos rarísimos llega a pintar yuxtaponiendo colores, técnica afecta a estos movimientos (...) Lo suyo, después de los paisajes blancos, es una reconstrucción de la pintura y de la representación”. Más adelante añade: “Lo extraordinario es que Reverón es el último de los grandes modernos clásicos revelados al mundo. No estaba preparado para tanta belleza y para el carácter radical de este artista. Mi especialidad es el modernismo europeo clásico y considero que la vinculación y contraste que hizo este venezolano entre los mundos de la apariencia real y el de la imaginación, llegan a estar más ejemplificados en él que en Matisse y Bonnard”.

Incluso el periodista Edgar Alfonzo-Sierra dejó colar ayer, en la edición del diario El Nacional, una anécdota que vincularía la obra de Reverón con Picasso:
La película sobre Armando Reverón que rodó la cineasta venezolana Margot Benacerraf fue vista por el artista español epítome de la modernidad, Pablo Ruiz Picasso. El autor se interesó en ver la pieza cuando conoció a la directora. Le dijo incluso que sabía de la existencia de Reverón. Semanas después Picasso organizó la proyección que se haría en la plaza del pueblo francés de Valoris, con los habitantes del lugar. “Me gustó mucho. Vamos a hacer algo juntos”. Benacerraf hizo algunas tomas con el artista, pero el proyecto no llegó a cristalizarse. Durante los 6 años de investigación que condujeron a la actual exhibición de Reverón en el MOMA, se conoció que Picasso hizo en 1951 esculturas de muñecas colgadas como las que, insistentemente, aparecen en el documental de Benacerraf.
La muestra ha despertado gran expectativa entre el público y ha sido bien acogida por la crítica especializada de la gran manzana, principal invitada en la inauguración privada del pasado miércoles 7 de febrero. El viernes el cuerpo de artes visuales del diario The New York Times destinó parte de su portada y contraportada a una entusiasta crítica de la exposición firmada por Holland Cotter. También New York Sun, a través del crítico Lance Splund, le dedicó espacio a la muestra en su sección de arte y cultura. A lo largo del día de ayer, decenas de personas acudieron a la inauguración oficial.

Al César lo que es del César.

viernes, 9 de febrero de 2007

Día internacional del despecho



La semana próxima, muchas parejitas celebrarán el día de los enamorados (también conocido como día de San Valentín) en nuestro país, pero, ¿habrá quienes celebren el día del despecho? Mi amiga Victoria reflexiona sobre la materia en el siguiente artículo, publicado por el diario El Nacional el lunes 26 de noviembre de 2001. Que lo disfruten...



Teoría del despecho

Por Victoria Rhode

Algunos entendidos en la materia son de la opinión que el despecho femenino es susceptible de ser separado en varias fases o etapas. Hablan de la existencia de cuatro etapas claramente definidas. Cada una posee características y sentimientos propios que conforman una actitud, un comportamiento, más o menos homogéneo, dentro del complejo proceso del despecho. El nombre asignado a cada fase viene dado justamente por la presencia mayoritaria o dominio de uno o más de estos comportamientos. Otro punto resaltante en nuestra teoría, y con el que coincide gran número de expertos, es que dichas etapas no suelen sucederse en un orden predeterminado. Incluso algunas podrían llegar a repetirse a lo largo del proceso. En estas notas me dispongo a analizar, muy someramente —y en primera persona—, cada una de las interesantes etapas del despecho femenino.

La primera que analizaremos ha sido denominada: Todo está okey. Es la etapa de la negación. El problema está allí, frente a nuestras propias narices, pero no lo queremos ver. Todo el mundo sabe lo que está ocurriendo: familia, amigos, compañeros de oficina, todos; excepto nosotras. Nos hemos quedado estáticas en un punto mientras la vida pasa a nuestro lado a gran velocidad. Todavía seguimos con él y creemos ser muy felices a su lado. No lo escuchamos las pocas veces que se llena de valor para decirnos que ya no nos quiere, que existe otra. “Por Dios, si ni siquiera sabrías vivir sin mí, tontito. Sólo estás un poco confundido. Eso es todo”. Definitivamente, es la etapa de la gran estupidez.

El muy maldito es un perro se denomina la segunda etapa. Es una fase explosiva, de gran liberación de energía, casi sólo comparada con el proceso de fisión nuclear. Indignación. Rabia. Mucha rabia. Al fin hemos despertado y reconocemos que hemos sido unas idiotas con el muy maldito que ha terminado siendo un perro como cualquier otro. Aunque esa rabia no deja de ser una especie de mecanismo de autodefensa de nuestro sabio organismo, quien tiene que dirigir tamaña emisión de energía hacia alguna parte, o, en otro caso, reventaríamos como chicharras. Sin embargo hay que tener algo de precaución para no partirle la cabeza al maldito o dejar sin greñas a la bruja. En estos momentos es mejor echar mano a la sensatez. Pensar que la bruja no tiene tanta culpa en el asunto y que el perro fue, hasta hace poco, nuestro cachorrito predilecto. Entonces hay que orientar toda esa agresividad, toda esa violencia adonde mejor podamos sacarle provecho. Dos ejemplos exitosos de esta actitud lo tenemos en Shakira, con su Si te vas, y, en Alanis Morissette, con You Oughta Know.

Llegamos a la tercera fase: La vida no vale nada. Esta es la etapa de más bajo perfil porque realmente andamos por el suelo. La autoestima está en valores negativos. Debemos tener especial cuidado con caer en alguna peligrosa crisis de deshidratación ya que solemos llorar por cualquier cosa. Por esta razón se sugiere ingerir bastante líquido. Mucha agua. También son válidos los productos con grado alcohólico superior a los 12 G.L. porque estimulan la sed del día siguiente. Claro. Por ser esta la fase de mayor riesgo para nuestra salud se recomienda salir de ella lo más pronto posible. Así que consiga los viejos compactos de Leonardo Favio, Ana Gabriel, Laura Pausini o Ricardo Montaner y escúchelos hasta el cansancio mientras acompaña a los mocos y a los lagrimones con algún buen cabernet sauvignon o, en su defecto, una buena vodka sueca.

Aquí vamos de nuevo es la cuarta fase y por ende la última que analizaremos. Es la etapa de la luz al final del túnel oscuro que es el despecho. Aun cuando continuamos con algunos de nuestros sentidos en estado de alerta máxima, la tranquilidad, la sensatez y la autoestima van encontrando el camino. Desde luego todavía desconfiamos de cualquier cachorro que se nos acerca porque sabemos que detrás de todo aparente, tierno y hermoso cachorrito, se encuentra agazapado un enorme rottweiler. Pero como lo realmente emocionante es jugar y no estar sentada calentando banca, en el momento menos esperado saltamos a la cancha. Por lo general, al principio domina la precaución, la suspicacia, pero como nosotras ignoramos cómo hacerlo de otro modo, enseguida hundimos el pie sobre el acelerador —¡hasta el fondo!— y que sea lo que Dios quiera.

martes, 6 de febrero de 2007

La reivindicación del fracaso


Imagínense una familia como ésta: un padre que ha creado una metodología en nueve pasos para ganadores y durante todo el día no para de hablar de ella (aunque no le funcione consigo mismo); una madre sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de casa y que fuma a escondidas; un abuelo que consume cocaína y pornografía, sin ningún tipo de recato, y encima lo grita a los cuatro vientos; un tío intelectual, gay y depresivo que acaba de ser dado de alta de un hospital público tras un intento fallido de suicidio; un adolescente que odia a todos (menos a Nietzsche, a quien lee con devoción) y que lleva meses sin pronunciar una sola palabra; una pequeña que admira a las misses y sueña con coronarse en un certamen de belleza llamado Little Miss Sunshine.

Ahora, estimado lector, móntenlos a los seis en una furgoneta Volkswagen de los años setenta, con fallas en el croche y con rumbo a California, a más de mil kilómetros de distancia, al Little Miss Sunshine, donde la pequeña de casa, por un golpe de suerte, ha sido invitada a participar... ¿El resultado? Una road movie, una comedia negra con escenas del más genuino y corrosivo humor que se haya visto en pantalla (al más puro estilo de los hermanos Coen o los hermanos Farrelly), que mantendrá al espectador, de principio a fin, con la mandíbula batiente.

A partir de un guión sencillo (escrito por Michael Arndt), pero muy bien construido, cargado de exquisita ironía, Jonathan Dayton y Valerie Faris hacen su debut en el cine —aunque ya tenían larga experiencia dirigiendo en otros medios— y consiguen armar un estupendo alegado a favor del fracaso. Las actuaciones de los seis protagonistas son maravillosas, un himno al compromiso del actor con sus personajes y con su propia efectividad. No en vano el grupo de actores de esta película (Greg Kinnear, Toni Collette, Alan Arkin, Steve Carell, Paul Dano y la pequeña Abigail Breslin) fue escogido recientemente como el mejor elenco en la décima tercera entrega de los galardones del Sindicado de Actores de Estados Unidos (SAG), por encima de otros elencos como los de Babel y The departed.

Nuestra sociedad nos enseña desde pequeños a admirar e imitar a los exitosos, ¿pero no son acaso las historias de los fracasados las más atractivas, las más conmovedoras? ¿No son ellas las que acaban en las páginas de los libros, sobre las tablas de los teatros o en las pantallas de cine?

Para muestra, este delicioso botón titulado Little Miss Sunshine.