jueves, 27 de diciembre de 2007

Gajes del oficio



Hace escasamente dos años, y unos pocos días, en diciembre de 2005, viajé a España para participar en dos eventos: la presentación de un libro donde se incluía una de mis piezas de teatro y las deliberaciones de los premios de dramaturgia de Villa de Torreperogil, en su edición de ese año, de las que formaba parte del jurado.

Era la primera vez que salía del país en mi recién adquirido rol de escritor. Antes lo había hecho en innumerables ocasiones como ingeniero en informática, oficio que abandoné en 2003, como han de saber algunos de mis lectores, para dedicarme por completo a la literatura.

Entretanto rellenaba las formas de inmigración para mi entrada en España, al llegar a la casilla “Profesión”, tuve la duda de si colocaba “escritor” o “ingeniero en informática”. Quizá la costumbre, o un prurito para entonces inconfesable, me obligaron a escribir: “ingeniero en informática”.

Días después, de retorno a Caracas, ante esos chocantes formatos de inmigración, me ganó de nuevo la duda, ¿qué colocaba en la casilla de “Profesión”? Reflexioné un poco y tal vez gracias al buen trato recibido en Torreperogil, y a una extraña confianza adquirida durante el viaje, me atreví a colocar: “escritor”.

Mientras en el aeropuerto de Baraja el agente de inmigración pasó por alto lo que decía la casilla “Profesión” de mi formato, en Maiquetía no pasó desapercibida y el agente me hizo no pocas preguntas y comentarios relacionados con mi oficio de escritor.

Y es que esta profesión pareciera levantar sospechas en el ánimo de algunos de nuestros interlocutores. “¿Escritor? ¡Escritor es Gabriel García Márquez!”, parecieran pensar al tiempo que nos miran por el rabillo del ojo con una expresión a medio camino entre una profunda compasión y una inadmisible pena ajena.

Ahora que lo escribo —no sé si la experiencia vivida en los últimos cinco años ha aumentado mis niveles de paranoia—, siento que es la misma expresión que acostumbro a ver dibujada en los rostros de ciertos parientes, amigos o conocidos cuando respondo a su pregunta sobre qué estoy haciendo ahora.

Sin duda hay profesiones dentro de las cuales uno pareciera estar más obligado que en otras a tener éxito. O al menos a obtener esas prebendas que la gente común suele relacionar con el éxito: reconocimiento, premios, fama o notoriedad, y, desde luego, no podía faltar, dinero. El oficio de escribir pareciera ser una de ellas. ¿Les suena el “cuando seas famoso...”? Y es raro, o al menos paradójico, que se manifieste algo parecido en el inconsciente colectivo de un país donde la lectura no está entre las principales necesidades, actividades o pasatiempos de sus habitantes. En lo que a mí respecta, esto sí que debería ser digno de levantar irreductibles sospechas.

Tomar la decisión de ser escritor en nuestros países tal vez se aproxime demasiado a dar un salto al vacío. “Un acto de locura”, como dijo Vargas Llosa. Pero no hacerlo, deseándolo por encima de todo, sería en cambio un acto de cobardía. A mí me llevó casi veinte años entenderlo. Sin embargo, fue suficiente tiempo para interiorizar la lección y aprenderla.

Irónicamente, ahora que la he tomado como oficio, la literatura se me ha convertido en una gran incertidumbre. Cada vez que reflexiono sobre ella, sobre sus efectos, son enormes nubarrones los que se asoman en el horizonte. Nada luce despejado. A lo largo de los años que me desempeñé como ingeniero en informática, lo confieso, nunca me había sentido tan desguarnecido, tan frágil, como me he sentido en los últimos cinco años. Sin embargo, quizás sea precisamente esto, lo que cada día hace a la literatura más atractiva para mí, aumentando mis deseos de profundizar en ella. A pesar de los obstáculos encontrados, no veo manera de desandar el camino que decidí emprender a partir de 2003. Empecé a escribir historias a los once años, y, alcanzados los cuarenta, el gusto por hacerlo parece haberse reinventado, hallado nuevas vertientes.

Como dice la popular cuña de la tarjeta de crédito: “hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar...”, entre ellas está la satisfacción de dedicarse a lo que uno desea. Y cuando la vida nos presenta esa oportunidad, importa poco lo que piensen o digan los demás.

Borges escribió que la vida exigía una pasión, la mía es escribir.

De ahora en adelante, en los formatos de inmigración que deba rellenar en los países que visite, en la casilla “Profesión”, no dudaré en colocar la palabra “escritor”.

Esa y no otra.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

A hacer teatro en el oeste


El Teatro San Martín de Caracas (TSMC) acaba de circular una convocatoria donde invita a los grupos de teatro y danza de la ciudad a presentar sus propuestas con el fin de ser seleccionadas e incluidas dentro de la programación de su nueva sala para la temporada 2008.

Se trata de la renovada “TextoTeatro”, sala anexa que acaba de ser refaccionada y equipada para su inmediata puesta en marcha.

“La Fundación Teatro San Martín, con el apoyo del Ministerio de Cultura-IAEM y de la Fundación Amigos del TSMC, ha invertido en la reparación de la sala, nuevas construcciones y adquisición de nuevos equipos, para ponerla a disposición de los grupos de teatro y danza”, dice la convocatoria.

La sala cuenta con 115 butacas, consola de 24–38 canales, banco de dimmers con capacidad para 24 reflectores, reflectores Fresnels, Lecko y Par, Equipo de sonido, planta, cd player, nueva platea y nueva cabina técnica.

Los grupos interesados pueden escribir, desde ya, presentando sus propuestas, al siguiente correo electrónico, con el asunto, “SALA TEXTOTEATRO 2008”: tsmc@tsmcaracas.com

A partir del 25 de enero de 2008, la sala TextoTeatro del TSMC estará disponible para realizar temporada en Caracas tanto de obras de teatro de cámara como de danza. Será programada para funciones de jueves a sábado, a las 8 PM, y los domingos a las 6 PM.

REQUISITOS DE LA SOLICITUD:
1.- Un email con: Nombre del Proyecto, autor, director, grupo. Breve reseña del grupo y del espectáculo.
2.- Fechas convenientes para la agrupación. Colocar dos meses, ejemplo: MARZO-ABRIL o AGOSTO-SEPTIEMBRE.

CRITERIO PARA LA SELECCIÓN:

1.- La SALA TEXTOTEATRO será programada durante el año 2008 con las propuestas recibidas a partir del 17 de DICIEMBRE del 2007 en nuestra dirección e-mail.
2.- Las solicitudes serán consideradas por orden de llegada.
3.- Sólo se programará espectáculos para público ADULTO. (Las obras de teatro infantil pueden postularse para la temporada en la SALA PRINCIPAL DEL TSMC por la misma vía, dirección e-mail.)
4.- LA SALA TEXTOTEATRO ES UN ESPACIO DE CÁMARA, ES DECIR, PARA OBRAS O ESPECTÁCULOS QUE PUEDAN ADAPTARSE A UN ESPACIO PEQUEÑO (5 mts de ancho, disminuyendo en forma de abanico, x 4 mts de profundidad y 5 mts de alto). ASÍ, SE LE DARÁ PRIORIDAD A LOS ESPECTÁCULOS QUE TENGAN UNA PROPUESTA ACORDE CON LA CAPACIDAD DEL ESCENARIO.

CONDICIONES GENERALES:

1.- La Sala se asignará para una temporada mínima de cinco fines de semana seguidos, pudiendo alargarse la misma, de darse las condiciones tanto de público como de programación.
2.- Las condiciones de reparto de taquilla será, durante el 2008: 70% para el grupo, 30% para el TSMC, luego del pago del 10% correspondiente al autor.El resto de las condiciones que se aplican para la Sala Principal y el funcionamiento interno del TSMC.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Coincidencias

El cemento más seguro para una convivencia democrática es la existencia de una densa cultura política instalada en la piel de la gente, es decir, una cultura democrática que funciona ella misma como límite del conflicto.

En Venezuela estamos lejos de ese ideal. Pero podemos caminar en esa dirección echando abajo los poderosos obstáculos de la miseria y la exclusión cuya persistencia hace inviable cualquier idea de país.

Rigoberto Lanz

lunes, 10 de diciembre de 2007

Así se construyen las ironías


Stalin fue candidato al premio nobel de la paz hace 60 años

Los ganadores se anuncian cada año, pero tiene que transcurrir medio siglo para que las candidaturas a los Nobel se hagan públicas, una regla que desvela con el tiempo que Stalin fue candidato al Premio de la Paz, mientras que Gandhi nunca logró el galardón en las cinco ocasiones que fue postulado. Stalin fue nominado en dos ocasiones: en 1945, por "sus esfuerzos para terminar la Segunda Guerra Mundial" y en 1948, a pesar de que su régimen hizo que murieran millones de personas. Ese año su candidatura estuvo al lado del paladín de la revolución pacífica contra la colonización británica en la India, Gandhi.


Fuente: Diario El universal de Caracas

sábado, 8 de diciembre de 2007

Premio de cuento para jóvenes autores

La Policlínica Metropolitana convoca al PREMIO DE CUENTO "POLICLÍNICA METROPOLITANA" PARA JÓVENES AUTORES, en su segunda edición (2008).

La Policlínica Metropolitana ha instituido este premio para Jóvenes Autores como un reconocimiento a los jóvenes talentos venezolanos en el arte de la escritura. Con este premio se pretende promocionar y estimular la alta creación juvenil y enriquecer el patrimonio cultural escrito.

Los autores que concursen deberán regirse por las siguientes

B A S E S

1.- Podrán participar todos los autores venezolanos, o extranjeros residenciados en el país, menores de 40 años.

2.- Se admitirá un sólo cuento por autor, de tema libre, los cuales deberán ser originales, inéditos y escritos en lengua española, con extensión comprendida entre las cinco (5) y las treinta (30) cuartillas, a doble espacio e impresas por una sola cara. Los textos participantes deberán ser inéditos, no premiados anteriormente ni comprometidos en otro concurso o publicación.

3.- Se otorgará un 1er. premio de Bs. 5.000.000, un 2do. premio de Bs. 2.000.000 y un 3er. premio de Bs. 1.000.000. El jurado podrá otorgar, además, las menciones que considere necesarias.

4.- Los cuentos participantes serán recibidos hasta el 15 de febrero de 2008. El veredicto se dará a conocer el 15 de abril de ese año, fecha en que se precisará el día del acto de premiación. Un número limitado de cuentos podría resultar con menciones honoríficas, a consideración del jurado, con opción a ser publicados junto con el cuento ganador, sin que ello implique ninguna retribución monetaria para los autores. Policlínica Metropolitana se reserva el derecho de publicación y explotación de las obras premiadas, así como el de las menciones honoríficas, en cualquier forma y modalidad, dentro y fuera del territorio nacional, sin limitación alguna. En consecuencia, el ganador, los premiados y aquellos con posibles menciones honoríficas, cederán a Policlínica Metropolitana los derechos para editar, publicar y comercializar las obras, en un número limitado de ejemplares y por un plazo máximo de diez (10) años, contados a partir de la fecha del concurso, aunque se trate de una coedición.

5.- Los premios serán indivisibles y no podrán ser declarados desiertos.

6.- Los textos participantes se enviarán con seudónimo, en cuadruplicado, a la siguiente dirección: Junta Directiva, Sótano 2, Policlínica Metropolitana, Calle A-1, Urbanización Caurimare, Caracas, 1060. En sobre aparte se colocarán el nombre del cuento, el seudónimo y los datos completos del autor (nombre, dirección, CI, teléfono, correo y un breve CV). También podrán participar enviando al correo electrónico: concursodecuentos@pcm.com.ve y un archivo adjunto con el cuento en word, y otro con los datos del autor.

7.- El jurado del concurso estará integrado por los escritores Eduardo Liendo , Federico Vegas y Oscar Marcano.

8.- Todo lo no estipulado en estas bases será resuelto por el Comité Organizador.

9.- El ganador se compromete a participar personalmente en la ceremonia de entrega del premio, actos de presentación y promoción de su obra. El autor ganador y aquellos con menciones honoríficas autorizarán a los organizadores del premio utilizar su nombre e imagen con fines promocionales.

10.- No podrán participar aquellas personas que trabajen en la Policlínica Metropolitana, C. A., ni en sus empresas filiales.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Teatro venezolano premiado en Japón


El Teatro San Martín de Caracas-TextoTeatro ganó el pasado lunes 26 de noviembre el PREMIO DEL PUBLICO en el 3er FESTIVAL INTERNACIONAL DE YAKUMO, Matzue, que finalizó en el Oeste de Japón. El grupo de Venezuela fue galardonado con el premio más importante del evento, otorgado por los espectadores a través de votación secreta.

Venezuela presentó en Yakumo el espectáculo WET DOG WAITING, versión internacional basado en la obra BANDOLERO Y MALASANGRE de Gustavo Ott, unipersonal estrenado en San Martín con el actor DAVID VILLEGAS.

Por su parte, los miembros del jurado, los norteamericanos Annet Procunier, James Sohre y el director de la Opera de Singapur, Chua Soo Pong, dieron el Premio a la Mejor Producción al grupo de Corea, Domo Theater Company por su montaje de Nightmare, un poderoso y conmovedor espectáculo dirigido por Hwang Woon Ki, quien también se llevó los premios al Mejor Director y al mejor actor de reparto, Kang Jun Hwan.

El Premio al Mejor Actor fue para Nawar Bulbul del grupo Al’Khareef Theater Company de Siria por su trabajo en A Feast Night Dream. El reconocimiento a la Mejor Actriz fue para Muriel Solatges del grupo Enfants Terrible de Francia por su trabajo en Les Plaisir d´la amour, obra que además obtuvo el Premio a la Mejor Actriz de reparto, Melanie Cervillon. El Prmio al dispositivo técnico fue a dar al grupo de los EE.UU, Altoona Theater , por su montaje de Alice.

Venezuela cerró así el Festival de Yakumo en el Alba Hall de la ciudad con esta obra definida por la critica de Matsue como “un extraordinario espectáculo que encantó a los espectadores por su fuerte contenido y la maestría actoral de Villegas, en lo que fue la noche más divertida, profunda y aplaudida de Matsue”.

Fuente: http://davidvillegas.blogspot.com/

Un cliché y dos esperanzas


Cliché: el pueblo venezolano tiene una profunda cultura democrática.

Esperanza uno: pareciera que las nuevas generaciones (léase jóvenes, léase estudiantes) tienen la mejor disposición de sacar de su categoría de cliché la frase anterior, puesto que también parecieran haber entendido, después de años de apatía, que la política, y los partidos políticos, en toda su diversidad y pluralismo, son fundamentales para la democracia.

Esperanza dos: pareciera que algunos políticos, y algunos partidos políticos, por supuesto, han comenzado a entender que lo importante es el equipo (Venezuela) y no un grupito de compinches (el partido), que la forma de defender la democracia está dentro de la misma democracia y no fuera de ella y que ese camino, pese a los propios deseos, casi siempre será largo, tortuoso, en fin, lleno de obstáculos.

A pesar de mi natural escepticismo, hoy, 3 de diciembre de 2007, después de un polarizado y reñido cotejo electoral, en el que nuestra democracia pareciera haber encontrado un respiro, como venezolano, necesito aferrarme, creer en estas dos esperanzas para algún día decir, como muchos ahora y en el pasado: “que el pueblo venezolano tiene una profunda cultura democrática” y que al mismo tiempo esa frase no me suene hueca, vacía, no me suene a simple cliché (por ejemplo, 44% de abstención en un momento crucial, en el que sin duda nos jugábamos nuestro futuro democrático, ¿son muestras de una “profunda cultura democrática”?)

Desde luego, sólo el tiempo lo dirá...

martes, 20 de noviembre de 2007

¿Existen en realidad los hombres buenos?


Mi naturaleza es la del escéptico.

Son muy pocas cosas en las que creo a pies juntillas, con una venda cubriéndome los ojos... Quizá el arte: la música, la pintura, el teatro, el cine, la literatura; en fin, la belleza... ¡y ya!; paremos de contar.

Todo lo demás que venga de la mano, del ingenio o intelecto del hombre, por mi naturaleza escéptica, lo pongo siempre en duda, en algo así como una especie de cuarentena. “¿Qué intereses hay detrás de todo este asunto?” es la pregunta que suelo hacerme.

Porque soy de los que piensa que a todos nos mueve el interés.

El mundo gira gracias a las cuatro ruedas del interés sobre las que se encuentra montado. “El amor y el interés se fueron de paseo un día...”, dice el sabio y conocidísimo adagio popular. Aunque, ¿no es el amor el mayor sentimiento interesado de la Historia? ¿Quien ama no está esperando también ser amado?

Detrás de cualquiera de nuestras acciones, consciente o inconscientemente, hay siempre un objetivo que nos empuja, que nos beneficia de algún modo o al menos nos satisfaría ver cumplido. Que ese objetivo sea más o menos loable, abyecto o noble, que abulte o no nuestras cuentas personales, que afecte a más o menos personas, que transforme nuestra historia o la deje tal como está, pues es arena de otro costal, no le resta su cariz soterrado de objetivo vulgar y silvestre. A fin de cuentas, el adjetivo se encargará de ponerlo el interesado.

Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, por citar tres nombres que casi todos aprobarían, se caracterizaron por gritar a los cuatro vientos sus intereses y, desde luego, por luchar y obtener triunfos contundentes en sus propósitos. Esto, aunado al beneficio que para otros significaron sus luchas, los han hecho personajes ejemplares, admirables, inolvidables.

Ahora citaré tres nombres que por supuesto concentrarán el rechazo de no pocos: Hitler, Stalin, Idi Amin. Sin embargo, estos personajes, como los anteriores, también vocearon sus intereses al mundo y lucharon a brazo partido por alcanzarlos. La diferencia es que en lugar de beneficiar a otros, condenaron a muchos al dolor o a la desaparición forzada. Pero apartando los valores éticos y humanistas de los intereses de ambos grupos, ¿no se pudieran poner en una misma balanza sus ambiciones personales (repito, sin tomar en consideración su valor ético o humanista; por favor, amable lector, haga un esfuerzo) y los afanes que pusieron para conseguirlos, para llevarlos a la realidad? Partiendo de estas mismas premisas, ¿por qué hablar en el primer grupo de “hombres buenos” y no se nos ocurriría, ni por equivocación, decir lo mismo del segundo grupo?

Bien, tras esta suerte de argumentación, al fin, puedo llegar a la pregunta que da título a estas notas: ¿Existen en realidad los hombres buenos?

Conviene aclarar aquí que por “hombres buenos” (y mujeres buenas, claro está) me estoy refiriendo a aquellos desinteresados en el más estricto sentido de la palabra, aquellos que no esperan nada de algunas de sus acciones, que no tienen una meta definida por alcanzar, ninguna retribución, bien sea ésta cuantitativa o cualitativa, ninguna satisfacción que se manifieste en la respuesta o feedback de los otros, se trate de sus beneficiarios o no. En fin, aquellos que hacen el bien aún a costa de su propio perjuicio y permanecen en el anonimato. ¿Acaso existe esta clase de personas?

El alemán Florian Henckel von Donnersmarck, en su galardonada ópera prima La vida de los otros, ganadora, entre otros reconocimientos, del Oscar a la mejor película extranjera en la más reciente edición de los premios de la academia, nos presenta su aproximación personal a lo que podría definirse como un hombre bueno.

Berlín Oriental. 1984. Gerd Wiesler (Ulrich Mühe) es un oficial de la policía secreta (Stasi) del régimen socialista de la RDA (República Democrática Alemana; ya es lugar común la obsesión de ciertos estados totalitarios por dejar en claro su talante “democrático”). Un hombre de principios; correcto. Eficiente, frío y calculador en su oficio. Cree en el sistema y en sus incuestionables bondades y beneficios para la RDA. Por esta razón es un celoso protector del status quo. Además, vale decirlo, es un solitario. Georg Dreyman (Sebastian Koch) es un prestigioso dramaturgo simpatizante del régimen, con algunos padrinos en las altas esferas del poder. Un creyente fervoroso, como Wiesler, del socialismo real, con sólidos principios y ética intachable. Las piezas que escribe dan cuenta de ello. Por cuestiones de puro azar, de envidia y de los imponderables caprichos del poder, las vidas de ambos se cruzan sin que uno de ellos sepa de la existencia del otro, pero ese breve lapso en que sus vidas se ven entrelazadas es suficiente para que ambos cambien para siempre.

La vida de los otros es una historia muy bien armada y profundamente conmovedora. El contexto en el cual se desarrolla le aporta una atmósfera llena de melancolía y en ocasiones bastante gris, asfixiante. En pocas palabras, nos oprime de tal manera que hay un punto en el que sólo queremos gritar y abandonar la sala, aunque, por otro lado, por decir lo menos, eso sea casi imposible. La actuación de Ulrich Mühe es tan descomunal como la frialdad del personaje al que interpreta. Es ineludible no odiar a ese hombre al principio de la película, no obstante, poco a poco, Mühe (y Von Donnersmarck, naturalmente) nos obliga a ceder terreno en nuestros sentimientos hasta que por fin caemos rendidos a sus pies con lágrimas en los ojos y un incómodo nudo apelmazado en la garganta.

El film de Von Donnersmarck derrocha inteligencia, pasión y honestidad. También cuestionamientos éticos y morales. No sólo los que se hace el oficial de la Stasi —que cree y defiende el régimen— ante la ambición, la manipulación y la corrupción de sus superiores burócratas; o los del artista-militante que de pronto comienza a sentir la asfixia a la que lo somete el sistema en que un principio creyó —es el caso del dramaturgo Georg Dreyman; de su amigo Albert Jerska (Volkmar Kleinert), antiguo director de sus obras caído ahora en desgracia; y de Christa-Marie Sieland (Martina Gedeck), actriz y pareja de Dreyman— sino incluso los del amante frente a la posibilidad de traicionarse a sí mismo o a ese otro ser que ama.

Las utopías son así, ya se sabe, comienzan siendo el sueño de unos pocos y acaban convirtiéndose en la pesadilla de muchos.

Von Donnersmarck ha conseguido construir un film redondo, con grandes momentos de tensión, humor y drama. Hay pequeños detalles que por insignificantes que parezcan no pasan desapercibidos y más adelante adquieren su vital importancia en la trama. Me tomo la libertad de mencionar a dos: la escena en que Jerska le regala a Dreyman, durante su fiesta de cumpleaños, un cuaderno de tapas viejas con el título “Sonata para un hombre bueno”; o la otra donde al tratar de esconder la máquina de escribir que le han pedido usar para sus artículos clandestinos, Dreyman se mancha de tinta roja las manos y sus pulgares quedan impresos sobre las hojas de papel. Son dos detalles en apariencia baladí, repito, pero fundamentales para entender la narración.

Algo sin lugar a dudas exquisito.

Durante una entrevista, Von Donnersmarck dijo que su cinta estaba basada en personas reales, de carne y hueso, “cada personaje plantea preguntas a las que nos enfrentamos cada día: ¿cómo tratar con el poder y la ideología? ¿Tenemos que seguir nuestros principios o nuestros sentimientos? Pero, por encima de todo, La vida de los otros es una película acerca de la capacidad de los seres humanos para hacer lo correcto, sin que importe lo lejos que se hayan adentrado por el sendero equivocado”.

Es preciso decirlo: mientras estaba en la oscuridad de la sala, sentado en mi butaca, inmerso en el trabajo de Von Donnersmarck, mi escepticismo llegó a tambalearse peligrosamente y hasta llegué a creer que en verdad existían los hombres buenos...

También es preciso decirlo: cuando uno se topa con historias tan bien contadas como La vida de los otros, a uno no le queda más que dar gracias a sus creadores y, por supuesto, al propio destino por haber conspirado para que acabáramos disfrutándolas.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Vivir en la mentira

En su análisis del postotalitarismo, Vlacav Havel afirma que “el poder es prisionero de sus propias mentiras y, por tanto, tiene que estar diciendo continuamente falsedades. Falsedades sobre el pasado. Falsedades sobre el presente y sobre el futuro. Falsifica los datos estadísticos. Da a entender que no existe un aparato policíaco omnipotente y capaz de todo. Miente cuando dice que respeta los derechos humanos. Miente cuando dice que no persigue a nadie. Miente cuando dice que no tiene miedo. Miente cuando dice que no miente.

Havel señala que, en este tipo de sociedades, los individuos no están obligados a creer en todas estas mentiras, pero sí deben comportarse como si las creyeran. Deben, entonces, “vivir en la mentira”.
Alberto Barrera Tyszka

lunes, 12 de noviembre de 2007

El infierno somos nosotros


"Las sociedades no son colectivos. Las sociedades son personas en interacción.”
Arturo Peraza, S. J.


Las sociedades, como cualquier organismo vivo, suelen enfermar.

A veces su salud puede verse afectada por trastornos menores y pasajeros como un simple resfriado; o por los micro-organismos que atacan a los pies. Sin embargo, en ocasiones puede tratarse de enfermedades más complejas, duraderas y peligrosas.

De estás últimas nos habla José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera.

Saramago se vale de una poderosa metáfora para hacernos una puesta en escena de los más bajos instintos de los seres humanos. Súbitamente, y sin saber cómo ni por qué, la gente anónima de una anónima ciudad comienza a quedarse ciega. El trastorno se propaga como reguero de pólvora y pronto se convierte en epidemia. El gobierno nacional, en pocas horas, al darse cuenta de que el “mal blanco” —así bautizan a la ceguera, porque tiene la particularidad de no dejar a quien la padece en tinieblas sino sumergido en un vacío blanco— es sumamente contagioso, toma la decisión de aislar no sólo a los afectados sino a todo aquel que haya tenido algún contacto con ellos. El temor es casi siempre el detonante para las peores acciones o resoluciones del género. A partir de aquí comienza el descenso a los infiernos y vemos cómo personas, aparentemente comunes y corrientes, con principios y valores, se sumergen en la mierda y, encima, retozan en ella.

Los ciegos que nos interesan (o los que quiere el autor que nos interesen) no sólo son aislados y abandonados a su suerte en las instalaciones de un antiguo manicomio (una de las tantas y deliciosas ironías que Saramago construye a lo largo de su relato), sino que a su alrededor se levanta un cerco militar con la amenaza explícita de que si alguno de los internos pretendiera salir, no dudarían ni un segundo en acribillarlo. Y nada como un militar para cumplir este tipo de órdenes, ya sabemos, con suma y fría eficacia. Como era de preverse, por la magnitud contagiosa de la ceguera, en poco tiempo las instalaciones colapsan: las camas no son suficientes, no hay agua o la que sale de las tuberías no es apta para el consumo, las cañerías se tapan, los alimentos que prometieron traer no llegan a sus horas (o simplemente no llegan) y, para colmo, nunca alcanzan para todos... Tampoco, como era de esperarse, tardan en aparecer los actos de canibalismos entre los internos (los dientes afilados y relucientes de la miseria humana); primero los actos de supervivencia y luego los de la más profunda abyección: el decreto de la conocidísima ley del más fuerte —fuerza, a propósito, que casi siempre concede las armas de fuego.

Permítanme a esta altura hacerles y hacerme un par de preguntas: ¿no nos suena esta historia demasiado conocida, demasiado familiar? ¿Acaso no hemos escuchado o leído algo parecido en el pasado?

En lo que a mi respecta, creo que la ceguera utilizada por Saramago como detonante de su relato, el mal blanco, ya ha sido padecida por otras sociedades en el pasado, algunas lo padecen en el presente y no es muy difícil pronosticar que otras lo padecerán en el futuro, porque, sencillamente, esa es parte esencial de nuestra naturaleza. Para no retroceder demasiado y remitirme apenas a nuestra historia contemporánea, el mal blanco antes ha recibido nombres como nazismo, fascismo, stalinismo y apartheid; por citar sólo a cuatro de sus variantes. Las similitudes son evidentes: un grupo que teme u odia a otro; basta que uno de los dos tenga algo de poder para que inicie las arremetidas contra quienes considera sus enemigos; en nuestra Historia, tal vez el miedo ha sido nombrado de muchas maneras...

La prosa de Saramago es rica, deliciosa, llena de matices y cargada de ironía. Quizá, en algún momento de la lectura, hallemos que una o dos de las argumentaciones de las subtramas luzcan débiles, no verosímiles, no obstante, eso no le quita fuerza o poderío a la narración. Nos puede chocar por unos minutos pero pronto lo echamos al olvido.

Desde luego, no todos los personajes en Ensayo sobre la ceguera son ciegos, básicamente porque el autor —y sus lectores— necesita un par de ojos que al menos vea lo que sucede, aunque se trata de algo puramente técnico, literario, porque como lo dice el propio y único personaje vidente en varias oportunidades, es tan ciega como el resto del mundo.

En estos días de profunda polarización que vivimos, valdría la pena cuestionarnos sobre si somos parte de una sociedad enferma, consumida por la ceguera, como la que nos muestra Saramago en Ensayo sobre la ceguera. ¿Estamos nosotros también ciegos o somos como una de las protagonistas: vemos pero en el fondo sólo deseamos estar tan ciegos como los demás?

Es apenas una de las muchas interrogantes que me ha obligado a hacerme Ensayo sobre la ceguera; una novela que da para pensar, reflexionar, cuestionarnos una y otra vez.

¿No les parece?

PS para cinéfilos: una versión cinematográfica de Ensayo sobre la ceguera, titulada Blindness, comenzó a filmarse en septiembre pasado bajo la dirección del brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El jardinero fiel). El guión ha sido escrito por el canadiense Don McKellar bajo la supervisión directa del propio Saramago. Entre la ficha artística destacan nombres como el de Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover, Gael García Bernal y Alice Braga.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Libros e intolerancia

La defensa teológica de un libro considerado definitivo, irrebatible e indispensable, no ha tolerado discrepancias. En parte, porque la desviación o reflexión crítica se iguala a la rebelión; en parte, porque lo sagrado no admite conjeturas ni entrecomillados: supone un cielo para sus gendarmes y un infierno con tintes de pesadilla combustible para sus transgresores.
Fernando Báez

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Premio Municipal de Literatura 2007


Premio Municipal de Cuento:Mensajes en la pared de Víctor Vegas

Menciones honoríficas:
1. ¿Quieres jugar a Memory? de Natalia Contramaestre
2. A Jesús Enrique Guédez, como un reconocimiento merecido a su trayectoria como narrador, poeta, docente, investigador y cineasta.

Jurado: Jesús Nieves Montero, Antonio Núñez Aldazoro y Esteban Emilio Mosonyi


Premio Municipal de Novela:La balada del bajista de Judit Gerendas

Jurado: Carlos Noguera, Eloi Yagüe Jarque y Carlos Sandoval


Premio Municipal de Poesía:
Ecólogo del Día Feriado de Juan Calzadilla

Menciones honoríficas:1. Lugares Olvidados de Beatriz Alicia García
2. Lenguajes del Sol de José Ángel Fernández

Jurado: Guillermo Luque, Modaira Rubio, Belkys Arredondo


Premio Municipal de Investigación Literaria:
La voz del resentimiento: lenguaje y violencia en Miguel de Unamunode Víctor Julio Carreño Rincón

Menciones honoríficas:
1. El travestismo teatral (Diccionario de una metamorfosis en el teatro venezolano) de Hernán Marcano
2. Las estrategias del sujeto de Álvaro Martín Navarro

Jurado: Maria del Pilar Puig, José Gregorio Bello Porras y Diego Sequera


Premio Municipal de Investigación Social:
El Código Chávez: Descifrando la Intervención de Estados Unidos en Venezuela, de Eva Golinger

Menciones honoríficas:1. Democracia y Discurso Político: Caldera, Pérez y Chávez de Ana Irene Méndez
2. La Arquitectura y el Urbanismo. Puntos de Confluencia (Compilación de varios autores) de Rosa María Chacón


Premio Municipal de Investigación Histórica:
Origen de Los Teques desde Guaicaipuro hasta nuestros días de Miguel Ángel Lucero Mejías

Mención honorífica:
Venezuela: Dos Proyectos Democráticos de Oscar Battaglini


Premio Municipal de Estudio e Investigación de las Comunidades Indígenas en Venezuela:
El Aporte del Indio Americano al Pensamiento Europeo de Humberto Gómez García

Jurado: Yris Aray, Antonio Rodríguez y Ronny Velásquez

La entrega de premios de Literatura en todas sus menciones, así como los de Cine (largometraje, cortometraje y difusión cinematográfica) se realizará la segunda quincena del mes de enero de 2008.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Envejecer es sólo cuestión de tiempo


El tiempo lo trastoca todo, lo transforma todo; todo lo erosiona. Es así de simple e implacable. Nada queda indiferente ante su paso.

Hay cosas que a vuelo de pájaro parecieran decirnos lo contrario. Como las pirámides de Egipto o aquellas otras levantadas por las culturas precolombinas. Pero no es que estas cosas hayan conseguido sustraerse a la implacable ley del tiempo, es sólo que su ritmo de envejecimiento es mucho más lento, más pausado.

Y si el tiempo tiene la propiedad de erosionar hasta las piedras, ¿qué podríamos esperar para nuestra piel? Esa piel que va cayendo a medida que van discurriendo los años, que va haciéndose más delgada, perdiendo flexibilidad, brillo y entonces comienza a deslucir hasta que llega el momento en que quedamos atrapados, sepultados bajo una manta de arrugas.

Dramático, ¿no es cierto?

Pues de esto y de mucho más nos habla La piel de Elisa, de la galardonada dramaturga canadiense Carole Fréchette, estrenada el pasado viernes en la sala Espacio Plural del complejo Trasnocho Cultural, con las actuaciones de Diana Volpe y William Escalante.

Una mujer nos cuenta historias de amor como si fueran suyas. Las desmenuza con delicadeza deteniéndose en cada imagen, en cada sensación, como si las viviera de nuevo. Va saltando de historia en historia mientras interactúa con el público y nos pide que miremos la piel de sus manos, de sus mejillas, de su cuello, de sus codos. ¿Qué vemos? De pronto vuelve a retomar el hilo de la historia de turno, de manera minuciosa, cuidando cada detalle, porque “los detalles son importantes”, nos dice.

A medida que va y viene de las otras historias, aparentemente inconexas —¿a dónde nos quiere llevar esta mujer?—, nos deja colar retazos de lo que pareciera ser su propia historia. Nos habla de un muchacho que le habla mientras ella llora en la mesa de un bar. ¿Hay algún secreto en todo esto? ¿Dónde está el misterio? Y otra vez pide que miremos la piel de sus manos, de sus mejillas, de su cuello, de sus codos... Algo nos queda claro: a esta mujer le preocupa enormemente su piel...

Diana Volpe nos deleita con su magistral interpretación de la angustiada Elisa; sabe crear el suspenso que exige el texto para llevarnos poco a poco, in crescendo, hacia su explosivo y revelador final. El texto de Fréchette es a la vez exultante y conmovedor, con una estructura muy atractiva, nada convencional y sí en extremo inteligente. Escalante está allí sólo para reforzar la historia de Elisa y hace justo lo que tiene que hacer. Que analizándolo bien, no es poca cosa después de todo.

La piel de Elisa es dirigida por el reconocido director canadiense Robert Tsonos, y producida por Juan Carlos Azuaje de Teatrela, con el auspicio del Instituto de las Artes Escénicas y Musicales, IAEM, y la Embajada de Canadá. Estará en cartelera hasta el 25 de noviembre en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, viernes y sábados, a las 9 PM, y los domingos a las 7 PM.

Si usted es de aquellos que le temen a envejecer, entonces no deje de verla.

lunes, 29 de octubre de 2007

Primer Encuentro Internacional de Narradores



Monte Ávila Editores, la Fundación Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello” y el Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos” (CELARG) han organizado para la semana del 5 al 9 de noviembre el Primer Encuentro Internacional de Narradores.

El evento reunirá a una veintena de narradores venezolanos y cinco narradores latinoamericanos. Según puede leerse en la carta de invitación, “tiene como finalidad posibilitar o abrir un necesario espacio para el diálogo entre los más importantes narradores contemporáneos de nuestra lengua y los narradores venezolanos de diferentes generaciones y, a su vez, entre ellos y el público lector venezolano, lo cual, creemos, será altamente estimulante, provechoso y enriquecedor para el desarrollo y dinámica de nuestro proceso sociocultural y de nuestra narrativa en particular”.

Entre los narradores que nos visitan se encuentran Mempo Giardinelli, Laura Mintegi, Oscar Collazos, Senel Paz y Marilyn Bobes. Los locales están representados por nombre de distintas generaciones como Antonieta Madrid, Carlos Noguera, Laura Antillano, Gabriel Jiménez Emán, Luis Britto García, Humberto Mata, Armando José Sequera, Ángel Gustavo infante, Eloi Yagüe, Gisela Kosak, Milton Quero, Rodrigo Blanco, Krina Ver, Ana García Julio, entre otros.

La programación la conforman foros, lecturas de textos narrativos, conversaciones con el público y talleres. Entre los temas que se abordarán durante el encuentro resaltan: “Las poéticas del narrador (¿Qué escribo?, ¿Porqué escribo?, ¿Cómo lo hago?)”; “Retos, tabúes y osadías de la narrativa latinoamericana”; “Papel del escritor en el proceso de integración latinoamericana”; “Autor, Editor y Lector: ¿una relación posible?”.

Los espacios del CELARG, la Casa Nacional de las Letras ”Andrés Bello”, la Universidad Bolivariana de Venezuela y el Museo Arturo Michelena serán los lugares donde se estarán realizando las distintas actividades en Caracas, así como la Universidad de los Andes en Mérida y el Ateneo de Valencia en Carabobo.

Yo estaré leyendo algunos de los relatos de Mensajes en la pared los días martes 6, a las 5:00 PM, en el Museo Arturo Michelena ubicado en la Pastora, junto a Marilyn Bobes, Milton Quero y Ana García Julio; y el miércoles 7, a las 4:30 PM, en la Universidad Bolivariana de Venezuela, junto a Marilyn Bobes, José Napoleón Oropeza y Gonzalo Ramírez Cubillán.

La programación completa del evento podrán encontrarla aquí.

jueves, 25 de octubre de 2007

La perfección de la esfera


Para los habitantes de la Grecia antigua, la esfera representaba la figura geométrica perfecta. Según Borges, el argumento de dicha afirmación lo escribe Platón en una de sus obras, El Timeo, y parte del hecho verificable de que cualquier punto de la superficie de una esfera equidista de su centro. Un razonamiento formal, fría y debidamente lógico, viniendo del maestro de Aristóteles.

Pero lo cierto es que muy pocas cosas en nuestro mundo, por decir lo menos, suelen aproximarse a la perfección. Quizás por ello el balón de fútbol, en sus inicios, comenzó siendo una figura amorfa, pesada y bastante alejada de la esfera veloz y liviana que conocemos hoy. De acuerdo al criterio de algunos entendidos, la prehistoria del balón de fútbol —como tantos otros inventos que han servido y sirven a la cotidianidad de los seres humanos— tendría su origen en la China milenaria.

Sería durante el gobierno de Fu-Hi que un individuo de tez amarilla y ojos rasgados se entregó a la curiosa tarea de apelmazar cerdas de origen vegetal y luego recubrirlas con pedazos de cuero crudo para finalmente fabricar el primer balón de fútbol. Por supuesto que entonces no existían grandes trasnacionales que reclamaran los derechos de patente ni campeonatos locales o mundiales que lo declararán el balón oficial del torneo. Esta inusual costumbre vendría siglos más tarde, como consecuencia natural e insoslayable de la condición y evolución del homo sápiens.

En 1839, otro invento contribuiría enormemente en el progreso del balón de fútbol: el caucho vulcanizado de Charles Goodyear. Hasta entonces los balones se comportaban de manera impredecible, algo similar a una “pelota loca”. A estas alturas me es imposible evitar una digresión y abrir un pequeño paréntesis para dejar fluir una interrogante que baila una especie de calipso en mi cabeza: ¿tendrían los grandes cobradores a balón parado, como Roberto Carlos, Ronaldinho Gaucho, Zidane, Juan Román Riquelme o David Beckham, frente a aquellas veleidosas pelotas locas, alguna posibilidad de forjarse la reputación con la que cuentan en nuestros días? Tal vez la pregunta sea algo ociosa, morbosa e igualmente inútil, pero, sin duda, no exenta de validez.

Antes del caucho vulcanizado, los modelos de balones utilizados estaban compuestos por doce a dieciocho piezas (los actuales usan treinta y dos) y se recubrían de cuero vacuno y bovino, aunque cuando los tiempos no eran favorables, se utilizaba piel de caballo y de conejo resultando su calidad ostensiblemente menor. El invento de Goodyear transformó esta realidad además de muchas otras. Él mismo, en 1855, diseñó y fabricó los primeros balones de fútbol de goma vulcanizada.

En 1872, la English Football Association realizó una revisión de su reglamento, creado nueve años atrás, para fijar las dimensiones y presión con la que debían fabricarse los balones de fútbol. Todavía hoy esas disposiciones continúan vigentes y son respetadas por la FIFA. Casi un siglo después, en el mundial de México ‘70, otros dos factores influirían en el diseño del balón de fútbol e incidirían en su rápida evolución en los años que siguen hasta nuestros días: la compañía Adidas y el mito Pelé.

Como tantas otras historias de objetos manoseados por un carácter mercantilista, a partir de esta fecha, el balón de fútbol entró en la espiral de lo espectacular. Ya no bastaba con que los balones fueran relativamente esféricos, livianos y resistentes: incluso debían de ser construidos veloces como las moscas. Sin embargo, del mismo modo que una moneda ostenta dos caras, la carrera hacia la perfección del balón de fútbol involucra a dos sujetos: ganadores y perdedores.

Dejando a un lado cualquier pretensión que vaya más allá de las canchas de fútbol y de los noventa minutos reglamentarios, estas notas no harán ningún tipo de referencia a las enormes ganancias de las marcas fabricantes ni a las condiciones de explotación en las que millones de trabadores viven en el tercer mundo para producir un balón. Entre ellos niños que deberían usarlo sólo para jugar. Mi interés es más elemental y deportivo: atacantes y arqueros.

Cada vez que un nuevo modelo de balón es presentado al mundo futbolístico, hombres como Bufón, Casillas, Oliver Kham y Víctor Valdés arrugan el ceño y guardan silencio. Otros, como Ronaldo, Terry Henry, Mista, el moro Morientes, Giuly o Van Nistelrooy no esconden su enorme satisfacción y entusiasmo por patear al nuevo juguete. Una vez más se repite la dantesca escena que ha acompañado a la historia de la humanidad: el perdedor calla y espera; el ganador canta y avanza.

Sería difícil y arriesgado predecir el futuro del balón de fútbol para los próximos, digamos, diez años. Más razonable sería acudir a la sentencia del argot deportivo que citan algunos comentaristas: el balón es redondo. No cabe duda que su sencillez extrema invita al escepticismo y a la sospecha. Aun cuando es preferible acudir a ella en lugar de decir que “el balón es una esfera”. Y esto sin ánimos de transitar territorios que domina la ironía o jugar a los dobles sentidos, sino porque, simplemente, los griegos ya no miran las cosas como solían hacerlo en la antigüedad. Y esto incluye, desde luego, a las figuras geométricas.

* Este texto fue escrito, por encargo, durante algún día de 2005, en vísperas del mundial de fútbol Alemania 2006.

jueves, 18 de octubre de 2007

Convocatoria a la III Semana de la Nueva Narrativa Urbana

Semana de la Nueva Narrativa Urbana convoca a nuevas voces.
La Semana de la Nueva Narrativa Urbana comienza a organizar su tercera edición (prevista para marzo de 2008), la cual tendrá como novedad la apertura de una convocatoria a fin de seleccionar los participantes de esta edición, para ofrecer más oportunidades a nuevas voces poco conocidas. Las bases que regirán esta convocatoria son las siguientes:
  1. El evento, que no es un certamen literario, tiene como objetivo dar a conocer el trabajo de las voces emergentes de la narrativa venezolana, por tanto podrán participar todos los autores venezolanos o extranjeros con más de cinco años de residencia en el país.
  2. Deberán participar con un solo cuento inédito, con un máximo de 12 cuartillas a doble espacio (30.000 caracteres sin espacio). Los autores seleccionados (los cuales formarán parte de la muestra) cederán los derechos de sus obras para la primera edición del libro resultante. Los cuentos deberán mantener su condición de inéditos hasta la publicación del libro.
  3. Deberán enviar sus cuentos (escritos en fuente Times New Roman a 12 puntos con doble espacio), acompañados de un resumen curricular. No se aceptarán trabajos con seudónimo.
  4. Los trabajos aceptados formarán parte de la III Semana de la Nueva Narrativa Urbana, la cual incluye el recital y el libro resultante. Además del pago de los derechos de autor, no hay premio en metálico para los seleccionados.
  5. En esta convocatoria no podrán participar los autores seleccionados en ediciones anteriores.
  6. Los cuentos deberán ser enviados hasta el 31 de enero de 2008, al correo electrónico: anateresatorresg@gmail.com, con copia a htorres@ficcionbreve.org.

lunes, 15 de octubre de 2007

Una duda razonable


¿Eliminan los derechos económicos de la creación cultural?

Según se pudo conocer por la prensa, dentro del nuevo grupo de artículos modificados por la Asamblea Nacional a la propuesta de Reforma de Constitución Nacional, se encuentra el artículo 98, en el cual se suprimen los derechos vinculados a los 'derivados económicos' de la creación cultural. A tal efecto, se eliminó el párrafo que dice: 'El Estado reconocerá y protegerá la propiedad intelectual sobre las obras científicas, literarias y artísticas, invenciones, innovaciones, denominaciones, patentes, marcas y lemas, de acuerdo con las condiciones y excepciones que establezcan la ley y los tratados internacionales suscritos y ratificados por la República en esta materia'.

Según el diputado Carlos Escarrá, uno de los promotores de la iniciativa, 'una cosa es inventar y otra los derechos derivados de la creación. Lo que se está suprimiendo es la explotación comercial capitalista, porque eso no es un derecho cultural', según se puede leer en la edición del 12 octubre 2007 del diario El Universal.

Escarrá agregó que 'una cosa es que tengas un hijo y otra que tú lo explotes comercialmente. La propiedad intelectual es la que tú tienes sobre una creación, ahora, los derechos económicos derivados de una propiedad intelectual son una cosa totalmente distinta'.

Según la escritora Ana Teresa Torres, con este cambio 'se violaría el derecho al trabajo de los escritores al eliminar su remuneración y convertirlo en actividad gratuita o adhonorem. Si bien son muy raros los escritores que en Venezuela pueden vivir del producto de sus libros, al menos reciben una compensación a través de los derechos de autor. ¿Elimina esta modificación los derechos de autor? ¿Elimina el derecho de exclusividad de los editores?', se pregunta.

Otras interrogantes que asaltan con esta modificación serían ¿esto da paso a la legalización de la piratería, al suprimir el derecho al beneficio económico de los creadores de cine, literatura y música? ¿Pierden vigencia instituciones y asociaciones de defensa de los derechos del autor, como SACVEN? ¿Se infiere que los creadores no tienen el derecho de vivir dignamente de su obra? ¿Quedará la creación artística como un pasatiempo, luego de hacer 'actividades realmente importantes para el colectivo'? ¿En esa nueva reforma, los diputados le niegan a los artistas y creadores el derecho a vivir de su creación?
Todos los creadores, y especialmente todo aquel que ha trabajado por una industria editorial fuerte y sana en nuestro país debemos estar atentos a este tema, y exigir que se aclaren las dudas derivadas de esta modificación del artículo 98, y poder ejercer las presiones adecuadas a fin de que no se menoscaben los derechos económicos de la reación cultural.

* Fuente: Boletín semanal de Ficción Breve Venezolana

martes, 9 de octubre de 2007

Cuando San Petersburgo fue Leningrado


El tema de la lucha armada de los años sesenta en Venezuela —léase guerrilla— ha sido abordado en no pocas ocasiones por nuestro cine.

Sobre todo aquél que se realizó en la década de los setenta.

Películas como Cuando quiero llorar no lloro (1973) y Crónica de un subversivo latinoamericano (1975), de Mauricio Walerstein; La quema de Judas (1974), de Román Chalbaud; Compañero Augusto (1976), de Enver Cordido; Canción mansa para un pueblo bravo (1976), de Giancarlo Carrier; País portátil (1979), de Antonio Llerandi e Iván Feo; entre otras.

Pero creo no exagerar si digo que ninguna de ellas aborda el tema desde una óptica tan original y personal —intimista, sería la palabra correcta— como Postales de Leningrado (2007), de Mariana Rondón.

El enorme atractivo de Postales de Leningrado reside sin lugar a dudas en la forma en que se cuentan los hechos. La voz y la mirada de esa niña omnisciente que narra en off, que de pronto nos hace pensar que, en un juego infantil muy bien armado, ha prestado voz e ingenio a una vieja película en super 8 que proyecta a escondidas en un rincón de su casa, cada día, una y otra vez, y que conoce al detalle; una película —a la que los espectadores concurrimos como fisgones— que es quizá su única manera de acercarse a unos padres condenados a estar lejos, siempre distantes. Porque ésta es otra de las característica de Postales de Leningrado: está narrada desde la nostalgia, desde la perspectiva de dos niños que esperan, que tienen en común la ausencia de sus padres.

La cinta de Rondón, pese a tratar el tema de la guerrilla, no es una obra política ni violenta. Desde luego hay escenas que nos remiten a la violencia de aquellos años, aunque casi nunca de manera explícita. Cuando la historia exige lo explícito, allí aparece de nuevo el ingenio de la niña narradora para pintar el horror con colores que no nos duelan, que nos conmuevan pero sin llegar a agredirnos. Gracias a este recurso hay momentos de gran belleza visual, momentos en que la pantalla estalla en imágenes oníricas, de gran contenido poético.

Sin embargo, en Postales de Leningrado también hay lugar para el humor. Un humor de colores pasteles, sutil e inteligente que se agradece. Un humor que en ocasiones se desprende del propio pasado, bien al recrear una cuña o al poner la lupa sobre los símbolos representativos de la cultura de la época. También hay lugar para los despliegues técnicos y de efectos especiales. Una de las secuencias finales de la película, que nada tiene que envidiar a las que vemos en el mejor cine independiente de los Estados Unidos —el fresco, el innovador—, transcurre en una tienda por departamentos. La escena parodia al cine de acción, de suspenso; de espías, para más señas; una deliciosa secuencia hecha con irreverencia, buen gusto, inteligencia y humor, donde lo visual y auditivo se entrelazan para golpear los sentidos del espectador.

En resumen, Postales de Leningrado es una película entretenida, divertida, con una gran carga poética que nos habla de la nostalgia de unos años duros, demasiado duros para unos niños que no tuvieron más alternativa que pintarlos de colores con su imaginación. No en vano el lema que escogieron para promocionar el film fue: “Se fueron a salvar el mundo y los seguimos esperando”. Tanto a ellos como a ese mejor mundo, más justo, que prometieron...

*Postales de Leningrado obtuvo recientemente el premio a mejor largometraje en el Festival de Biarritz y representa a Venezuela en la competencia por las postulaciones a Mejor Película Extranjera en la próxima edición de los premios Oscar.

jueves, 27 de septiembre de 2007

En el centro de todo está la belleza


“El problema es la belleza”.

¿Qué nos impulsa a decir que algo es bello? ¿Cuáles son los parámetros que nos hacen definir la belleza?

Por supuesto que no se trata de parámetros rígidos. Algunos incluso, a estas alturas, ni siquiera existen; no han sido pensados aún. Porque la belleza, como se sabe, no es un concepto absoluto.

Por ejemplo, antes de Les demoiselles d’Avignon existían unos parámetros claros para definir la belleza, sin embargo, el cuadro de Picasso obligó, a partir de su misma concepción, a que se pensara en otros parámetros, a que se inventaran otros.

“El problema es la belleza”.

Y de acuerdo a estos parámetros, que en muchos casos llegan a arraigarse en lo más profundo de la gente confundiéndose con su propia esencia, hasta llegar a formar parte de su cultura —en dos platos: se transforman en algo personalísimo, que confiere identidad—, la imagen de un objeto o persona resultará hermosa para unos y fea o grotesca para otros.

Nada más natural.

Al respecto, leí la semana pasada una nota curiosa en la columna Camiseta 10, de Cristóbal Guerra, en el diario El Nacional:

El fútbol, que por su estructura, su similitud con el ajedrez desde la óptica de la táctica y la estrategia, es una actividad regida por la lógica, también tiene sus sorpresas. Esta semana trascendió que en Austria se ha creado un movimiento para pedir a su selección nacional que ‘renuncie voluntariamente’ a jugar la Eurocopa. Lo más inesperado del pedido popular, obviamente, tiene que ver con el hecho de que es Austria, junto a Suiza, el país organizador del torneo. Sería insólito, y posiblemente inédito, la realización de un torneo internacional de esta envergadura sin el anfitrión. Y todo por el desastre que es la selección austriaca, que ha perdido todos sus partidos jugados este año, el último de ellos, y como local, 2-0 ante Chile (y el año pasado cayó 1-0 ante Venezuela). El grupo que promueve la deserción dice ‘queremos ver pases imposibles, grandes regates, tiros a los palos’, y concibe al fútbol como un arte, ‘porque Austria es una nación de cultura, un pueblo de estetas. La participación de Austria en la Eurocopa vulneraría nuestro sentido estético’.

“El problema es la belleza”.

En su poética pieza, 120 vidas por minuto, Gustavo Ott nos muestra a un verosímil Soto deambulando por los pasillos de un avión que se viene a pique una y otra vez. En ella Soto reflexiona (Ott, durante su proceso creativo, tuvo acceso a papeles de trabajo inéditos del maestro) sobre arte y belleza, como lo hizo en vida, y dice:

El problema es la belleza. La belleza, que no tiene patrones. Esa es la verdad del problema: la belleza. La belleza como poesía. No existen parámetros de la belleza sino después que está realizada. La belleza que no es indolente, que no lo puede ser, que no lo ha sido nunca. La belleza como la imposición de una idea sobre un estado sublime de la capacidad intelectual del hombre.

Ambos textos me llevaron a preguntarme, ¿existe en realidad la belleza? Y tras idas y venidas la respuesta no pudo ser otra que, sí, sin duda existe la belleza. Y aún más: la belleza es quizá la única cosa de este mundo que puede salvarnos.

Sí. “El problema es la belleza”.

* La imagen: Esfera Amarilla, 2004, de Jesús Soto. Acero, nylon y acrílico. 260 x 211 x 211 cm. Fotografía de Reinaldo Armas, cortesía de TAC.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Escritores en su tinta

La literatura se parece a las peleas de los samuráis, pero un samurai no pelea contra un samurai: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es literatura.
Roberto Bolaño
If literature has engaged me as a project, first as a reader, then as a writer, it is an extension of my sympathies to other selves, other domains, other dreams, other worlds, other territories.
Susan Sontag
Nadie es escritor por haber decidido decir ciertas cosas sino por haber decidido decirlas de cierta manera.
Jean Paul Sartre
Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que corresponde.
Isaak Babel
El esmero es la ÚNICA convicción moral del escritor.
Ezra Pound
Todo se construye sobre lo anterior, y en nada humano es posible encontrar la pureza.
Ernesto Sabato
No es la búsqueda, sino la disposición a encontrar.
Renato Rodríguez

lunes, 3 de septiembre de 2007

Una semanita más



Inicialmente estaba programado que, en su primer ciclo —como parte del proyecto “Escrito aquí” del Teatro San Martín de Caracas—, Mientras amanece se mantuviera en cartelera durante dos semanas, del 24 de agosto al 2 de septiembre. Sin embargo, se le ha sumado una semanita más y ahora estará hasta el domingo 9 de septiembre.

Mientras amanecede Víctor Vegas

"Tan segura está la muerte de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja."
José Saramago

Con las actuaciones de David Villegas y William Escalante.
Dirección Gonzalo Cubero.
Produce Teatro San Martín de Caracas/TextoTeatro

Viernes y sábados 8:00 pm
Domingos 6 pm

Teatro San Martín de Caracas.
Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas.
Telf. (212) 4512161/3772526

Estacionamiento privado al lado del teatro.

viernes, 31 de agosto de 2007

La primera vez


¿Quién podría olvidar la primera vez?

Uno convertido en un manojo de nervios, con una ansiedad imposible de calmar, con las hormonas a millón; una mezcla de sensaciones nunca antes experimentadas, vividas, y lo que es peor, con tan poca información, o más bien información caótica, tergiversada, de lo que significa enfrentarnos a nuestra primera vez, a nuestro primer encuentro sexual.

Mi primera vez fue a los dieciséis. Esa edad cuando creemos saberlo todo y en realidad sabemos tan poco. Tuve la fortuna de que fuera con una mujer siete años mayor, incluso con un hijo de meses a cuestas. En el fondo quizá demasiado conservadora para mi curiosidad de entonces: yo quería verlo todo, probarlo todo, con la luz encendida; sin embargo, siempre me topaba con los límites que ella iba dibujando en la intimidad. Como era natural, yo terminaba accediendo a sus deseos, aunque fuera a costa de los míos. Incluido el de tener sexo a plena luz. Era tímida, con una ingenuidad que a veces me costaba creer que fuera verdadera, una mujer sin lugar a duda extraña. Pese a todo, ahora en la distancia, no puedo sino recordarla con profundo afecto.

No sé que vio ella en mí, nunca me atreví a preguntárselo durante los casi tres años que nos mantuvimos jugando a los amantes.

Pero ¿a cuenta de qué viene todo esto?

A cuenta de que las cosas parecieran haber cambiado poco en lo últimos veinticuatro años: pese a vivir en la era de la información, de las telecomunicaciones y la internet, en lo que se refiere a sexo, los adolescentes y jóvenes de hoy a veces se enfrentan a la misma desinformación, tergiversaciones, tabúes, en fin, al caos de veinticuatro años atrás.

En la excelente sección “Sexo sin tabú” de Vanesa Davies, en el diario El Nacional, leí el pasado miércoles lo siguiente: “A los 21 años, Mariana es virgen; no por falta de pretendientes, sino por temor a que resulte una experiencia dolorosa y traumática. Esto se debe a una educación represiva de la sexualidad, asociando el sexo como fuente de malestar, algo pecaminoso, deshonesto. En definitiva, mensajes negativos”. La anterior es la respuesta de la doctora Aminta Parra, de la Unidad de Terapia y Educación Sexual, a una inquietud manifestada, supongo, por una joven lectora de la sección de Davies. Más adelante se lee: “Con base a su experiencia clínica la especialista afirma que sólo 2 de cada 10 mujeres reporta placer o gratificación en su primera relación sexual; ‘es decir, a 80% le resulta una vivencia negativa, dolorosa, no satisfactoria’”. Y poco después: “Contrariamente a lo que se podría pensar, también se convierte en algo poco confortable para los hombres. ‘Puede ser doloroso. Puede haber sangramiento por penetrar de manera inadecuada una vagina seca, e inclusive por penetraciones fuertes a la vagina cerrada de la compañera sexual (quien también se encuentra ansiosa)’”.

En lo que a mí respecta, el sexo no puede ser sino una experiencia placentera para los amantes (en plural, porque pudieran ser más de dos en la misma cama, si así lo consienten los involucrados, desde luego), no el mecanismo natural de preservación de la especie, como quieren hacérnoslo ver algunas religiones (¿o todas?) y nuestros abuelos. Y para conseguir que el sexo se convierta en una experiencia de verdad placentera, no hay nada mejor que la información. Bien sea de primera mano, es decir, hablando sin tapujo con nuestra pareja de cama, o buscando información en fuentes adecuadas, expeditas, como libros o revistas especializadas.

Otra cosa fundamental que debería tenerse en cuenta es que los padres empiecen a hablar de sexo con sus hijos desde muy temprano. No esperar a que las hormonas de los muchachos se desboquen para hacerlo. Mientras mayor información tengan a su disposición sobre las relaciones sexuales, llegado el momento, enfrentarán con mayor responsabilidad y placer esa primera vez. Y por supuesto existirá menos posibilidades de que comentan errores o sean engañados.

Cuenta la leyenda que Napoleón Bonaparte solía decir: “contar con la información adecuada y oportuna equivale a tener ganado el 90% de una batalla”. En el caso que nos ocupa, no sólo estaríamos preparando a los muchachos a disfrutar de relaciones sexuales más placenteras y responsables, sino evitándoles embarazos no deseados y lo que pudiera ser mucho peor: enfermedades que no sólo podrían marcarlos para siempre, sino incluso costarles la vida.

martes, 28 de agosto de 2007

Premio Municipal de Teatro 2006-2007


Resultado Oficial de Ganadores del Premio Municipal de Teatro 2006-2007, que tuvo como jurado a:

Luis Alberto Rosas
Hernán Marcano
Costa Palamides
Edgard Moreno Uribe
Carlos Herrera

Mejor Producción:
Yo, Satán, Co-producción TET - Contrajuego

Mejor Dirección Premio “Carlos Giménez”:Juan José Martín por la obra Yo, Satán

Mejor obra de Teatro Académico:
Instituto Universitario de Teatro IUDET por Los Comparseros

Mejor Texto de autor Venezolano o Extranjero residente en el país “José Ignacio Cabrujas”:La Quinta Dayana de Elio Palencia

Mejor Actriz:
Elaiza Gil - Grupo Bagazos por su personaje de Dayana en La Quinta Dayana

Mejor Actor:
Germán Mendieta por sus personajes en Trastos viejos de la Fundación Rajatabla y De Especies de Xiomara Moreno Producciones

Mejor Actriz de Reparto:
Francis Romero por su personaje de la Madre en La Quinta Dayana, Grupo Bagazos

Mejor Actor de Reparto:
William Goite por su personaje en al obra Yo, Satán

Mejor Escenografía:
José Simón Escalona por la obra: La Celestina

Mejor Vestuario:
Fernando Calzadilla por Salieri
Mejor Música Original:
Nacho Huett por La Celestina y Tres, Grupo Theja

Mejor Musicalización:Dante Tulipano por la obra Las novias de Travolta

Mejor Iluminación:
José Jiménez por la obra Golpes a mi puerta

Mejor obra de Teatro Infantil:
Ópera en cuentos mínimos del grupo Encuadre Teatral y NM Producciones

Teatro de Títeres: Declarado Desierto

Teatro de calle: Declarado Desierto

Menciones Honoríficas:1.- Proyecto Crea Joven-Grupo Séptimo Piso
2.- Proyecto "Canal Lounge", Lecturas dramatizadas de textos de telenovelas.
3.- Gonzalo J. Camacho por 55 años de vida artística.

lunes, 20 de agosto de 2007

Ética vs. poder


¿Cuáles son los efectos del poder sobre la ética? ¿Puede llegar a doblegarla? ¿Hubo alguna vez ética donde el poder ha calado tan hondo, hasta los tuétanos, como quien dice, donde ha echado raíces tan profundas? ¿Qué tan ético es en realidad el poder?

Las anteriores son algunas de las preguntas que me hice luego de ver, en su primera temporada, el montaje que de la pieza de Antonio Álamo, Yo, Satán, realizara en noviembre pasado la gente del Centro de Creación Artística TET y del Teatro del Contrajuego.

Sin duda un espectáculo de gran calidad, con una dirección sobria, donde los detalles fueron rigurosamente cuidados (sobre todo iluminación, escenografía y vestuario); a la vez complejo y minimalista: complejo gracias al texto y minimalista por la puesta en escena. Una combinación no muy común pero que aquí ha funcionado a la perfección, que engancha al espectador y termina por impactarlo.

¿Qué sucedería si el Papa comienza a dar muestras de una crisis de fe? ¿Qué decisiones tomarían sus más cercanos colaboradores, tanto aquellos que lo quieren, que le son fieles, como aquellos que aspiran a ocupar su lugar? De aquí parte Álamo para tejer, con puntadas de maestro, un “thriller teológico o una comedia vaticana”, que para mí no es más que una comedia negra, inteligente, cargada de exquisitas ironías... en fin, una pieza muy bien escrita. El tema central de Yo, Satán es el poder y sus alrededores. Y Álamo ha escogido uno de los símbolos más antiguos y aceptados de poder para desarrollar su historia: el Vaticano. Pero igual pudo ser el Palacio de la Moncloa, la Casa Blanca, el Palacio de Miraflores o el edificio-casa matriz de cualquier corporación trasnacional. Esos centros donde quien no aprenda a adular, a postrarse ante el poder, a corromperse, a nadar como el mejor entre intrigas y conspiraciones, pocas opciones tiene de supervivencia. Y será aún peor si ese alguien alberga ambiciones, deseos de ascender y rodearse también de aduladores (y de enemigos, por supuesto).

El personaje principal, Gaspar Olivares, fraile y exorcista de la Orden de los Predicadores, sin ningún tipo de experiencia en los tejemanejes del poder, residente de los eslabones más bajos de la pirámide jerárquica eclesiástica, de pronto se ve involucrado en una conspiración de repercusiones dantescas en el Vaticano. Salir de ella lo mejor parado posible será su vía crucis particular. A propósito, las conversaciones de Gaspar Olivares con el Santo Padre no tienen desperdicio, son una absoluta delicia, de ellas se desprenden ácidas reflexiones cargadas de no menos ácidas verdades. Quizá sean los momentos más inteligentes e hilarantes de la pieza.

Con su obra, Álamo pareciera haber perforado una de las paredes de los muchos bunkers que el poder se ha edificado a lo largo y ancho del planeta. A través de esa abertura podemos fisgonear la cotidianidad de los poderosos, lo corrosivo de sus ambiciones y hasta dónde están dispuestos a llegar para conseguir sus objetivos. Lo irónico es que casi siempre, desde esas mismas instancias de poder, atravesadas por la descomposición, por innumerables corruptelas, se nos pretenda imponer paradigmas de comportamiento, de valores morales, en fin, de ética. Con el mayor cinismos, ciertos jerarcas se atreven a dictar cátedras de ética a sus seguidores sin reparar en sus propios comportamientos, o de las instituciones que representan, que van a contra corriente de lo que exponen en sus discursos.

Pero desde hace tiempo el cinismo anda desbocado por el mundo.

Ayer por la tarde volví a ver, en una nueva temporada, el Yo, Satán de Álamo en montaje del TET y Contrajuego. El elenco tuvo dos variantes: Alexander Leterni sustituye a Markel Méndez en el papel de Gaspar Olivares y Maiker Flores reemplaza a William Goite en la interpretación del pintoresco Arzobispo de Lusaka, Emmanuel Malama. El resto del elenco continúa siendo el mismo: Omar Gonzalo como el Papa; Guillermo Díaz Yuma como Cardenal Joseph Hacker; Ludwig Pineda como Cardenal Giusseppe Chiaramonti, Israel Moreno como Monseñor Luciano Vanini y Jesús Sosa como Monseñor Luigi Bruno. Todas las actuaciones son de primer nivel (por cuestiones de gusto, yo me quedo con el elenco de la temporada anterior), sin embargo, me gustaría destacar la irreverente interpretación que del Santo Padre hace Omar Gonzalo, una delicia visual y auditiva. La escenografía y vestuario corren por cuenta de Orlando Arocha. Todos bajo la dirección de Juan José Martín.

Para acrecentar la ironía, Yo, Satán se presenta en el Teatro Luis Peraza (Av. Universitaria, Valle Abajo), cuya sala se encuentra justo debajo de la Iglesia San Pedro. No podía ser de otra manera. Allí estará hasta el 2 de septiembre. Funciones viernes y sábado a las 7:00 pm y Domingos a las 6:00 pm. Telf: 662.36.33.

martes, 14 de agosto de 2007

Estreno de mi pieza “Mientras amanece”



"Tan segura está la muerte de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja."
José Saramago

Con las actuaciones de David Villegas y William Escalante.
Dirección de Gonzalo Cubero.
Produce Teatro San Martín de Caracas/TextoTeatro

Viernes 24 de agosto.
8:00 pm
Teatro San Martín de Caracas.
Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas.
Telf. (212) 4512161/3772526

lunes, 13 de agosto de 2007

Para escribir telenovelas


Gabriela Piñero es una joven economista que ha decidido apostar por un ambicioso proyecto: producir telenovelas de calidad.

Para nadie es un secreto que a lo largo de los últimos quince o veinte años, la calidad de las telenovelas producidas en el país ha venido en franca desmejora; en picada, como quien dice. Todavía más si la comparamos con la de los dramáticos colombianos, por cuestiones geográficas, sus más cercanos competidores. Mientras las telenovelas colombianas han crecido enormemente durante este período, las nuestras han retrocedido casi en igual proporción.

“El objetivo es la promoción y formación de escritores que deseen escribir para la televisión. La idea es lograr que personas talentosas en el arte de escribir, se decidan a entrar en la industria de la televisión esperando que con esto logremos incrementar sus niveles de calidad”, dice Gabriela.

En la vía por conseguir su objetivo, Gabriela ha creado una productora independiente, La-gabiota Producciones C.A., a través de la cual ya ha materializado un par de iniciativas que buscan consolidar su proyecto: Canal Lounge, novedoso evento de lecturas dramatizadas de libretos de escritores emergentes —con la participación de conocidas actrices y actores de TV—, que hacen sentir al espectador como si estuviera en un estudio de grabación; y la Cátedra de Telenovela.

La cátedra de Telenovela es un ciclo de foros, en homenaje a José Ignacio Cabrujas, donde escritores, directores, productores, actrices, actores y editores de la industria hablan sobre la situación actual y las tendencias en la manera de hacer telenovelas. Las sesiones se realizan los terceros martes de cada mes y se prolongarán durante un año. La primera sesión, realizada el pasado mes de julio, contó con la participación de los escritores Sonia Chocrón, Luis Colmenares y Julio César Mármol. Los tres reflexionaron en torno al tema: “La telenovela: ¿Es realmente un género menor?”. La segunda sesión, cuya fecha es el 21 de agosto, lleva por título, “El remake: ¿garantía para el éxito?

El lugar de encuentro es en la Sala José Ignacio Cabrujas de la Fundación Chacao, ubicada en la avenida Francisco de Miranda con 3º avenida de Los Palos Grandes. C.C. El Parque. Nivel C1. Teléfonos: 286.4122 – 286.4468. A las 7:30 pm. La entrada es libre.

Y quienes tengan interés en contactar a Gabriela Piñero, aquí dejo la dirección de su correo electrónico: gpalvarez@hotmail.com

PS: A propósito, para los interesados, la experiencia del Canal Lounge se repetirá los días 31 de agosto y 1,7 y 8 de septiembre, en el Centro Cultural Chacao de El Rosal. Cuatro escritores emergentes estarán presentando los primeros capítulos de sus telenovelas: Hernán Marcano (La decisión de Raquel), Ramón Martínez (Súpermujeres), Ricardo Lorenzo (Sorángel) y Gabriela Piñero (El latido de creer). El valor de la entrada es de 59,900. bolívares.

lunes, 6 de agosto de 2007

Eso que en el fondo somos


La contradicción quizá sea uno de los atributos más representativos de los seres humanos.

Y siendo humanos, los escritores no escapan a ella.

No es común encontrar escritores que honren en la práctica lo que dicen en sus obras. Sobre todo si se trata de ensayistas.

Tal vez Susan Sontag podría ser catalogada entre esas rarezas.

La coherencia que mostró en vida con su obra, la hizo incómoda para muchos. Una verdadera piedra en el zapato. En especial para la sociedad que la vio nacer, crecer y desarrollar sus carreras de intelectual y activista de derechos humanos: los Estados Unidos de América.

En Ante el dolor de los demás (Alfaguara, 2003), entre otras tantas reflexiones, suelta la siguiente:

En la actualidad los pueblos que han sido víctimas quieren un museo de la memoria, un templo que albergue una narración completa, organizada cronológicamente e ilustrada de sus sufrimientos. Los armenios, por ejemplo, han reclamado durante mucho tiempo un museo en Washington que dé carácter institucional a la memoria del genocidio del pueblo armenio que perpetraron los turcos otomanos. Pero ¿por qué aún no existe, en la capital de la nación, que es una ciudad de abrumadora mayoría afroamericana, un Museo de la Historia de la Esclavitud? (...) Al parecer es un recuerdo cuya activación y creación son demasiado peligrosas para la estabilidad social. El Museo Conmemorativo del Holocausto y el previsto Museo y Monumento al Genocidio Armenio están dedicados a lo que no sucedió en Estados Unidos, así, la obra de la memoria no corre el riesgo de concitar una resentida población nacional contra la autoridad. Contar con un museo que haga la crónica del colosal crimen de la esclavitud africana en Estados Unidos de América sería reconocer que el mal se encontraba aquí. Los estadounidenses prefieren imaginar el mal que se encontraba allá, y del cual Estados Unidos —una nación única, sin dirigentes de probada malevolencia a lo largo de su historia— está exento. Que este país, como cualquier otro, tiene un pasado trágico no se aviene bien con la convicción fundadora, y aún todopoderosa, del carácter excepcional de Estados Unidos. El consenso nacional sobre la historia estadounidense, según el cual es una historia de progreso, constituye un nuevo marco para fotografías dolorosas: centra nuestra atención en los agravios, tanto aquí como en otros lugares, para los que Estados Unidos se tiene por solución o remedio.

Pero Sontag no sólo critica en su ensayo la consabida doble moral estadounidense, sino esa otra que también palpita con buena salud en el resto del mundo. Además, allí pone al descubierto nuestro morbo, nuestra indiferencia, nuestra falta de solidaridad, nuestra perversión, nuestra inhumanidad; en fin, eso que en el fondo somos.

A través de una breve historia de la fotografía de guerra, del impacto que produce la imagen en las retinas de los seres humanos, Sontag construye sus interrogantes, sus argumentos, su discurso, para al fin presentarnos su particular visión de eso que en el fondo somos... la verdad, nada alentadora.

Desde la guerra de Crimea y la de Secesión de Estados Unidos —entre “las primeras guerras importantes de las que los fotógrafos dieron cuenta”— pasando por las dos guerras mundiales, la guerra civil española, Vietnam, Camboya, Somalia hasta llegar a la guerra de los Balcanes, entre otras; así como la iconografía de sucesos que han conmocionado a la opinión pública mundial, como los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en New York y Washington. Manipulación, odio, intolerancia, crueldad, indiferencia, injusticia, hipocresía se encuentran compactados en cada párrafo, en cada página de Ante el dolor de los demás. Mientras uno lee es imposible no pensar que el mundo estaría mucho mejor sin nosotros.

Por ejemplo, frente al hallazgo de una serie de fotografías de víctimas negras de linchamientos en pueblos marginales de Estados Unidos (entre 1890 y 1930), la autora escribe: “Las fotos se hicieron en calidad de recuerdos y algunas fueron convertidas en postales; más de unas cuantas muestran a espectadores sonrientes, probos ciudadanos y cristianos fieles como sin duda era el caso de la mayoría, los cuales posan ante una cámara con el fondo de un cuerpo desnudo, carbonizado y mutilado colgando de un árbol”. Cuadro que nos remite instantáneamente, un siglo después, a lo que soldados estadounidenses hicieron, ya no con cadáveres, sino con cuerpos de prisioneros torturados en Abu Ghraib. O los retratos que hacían de los prisioneros (acusados de “intelectuales” o “contrarrevolucionarios”) los Khmer Rouge, antes de ejecutarlos; costumbre, por cierto, copiada de la Unión Soviética del camarada Stalin. O lo que en la década del noventa solían hacer con sus enemigos los soldados serbios durante la guerra de Kosovo. Una práctica (fotografiar a sus víctimas) que, como se ve, no es exclusiva de una época o cultura. “Lo que es ‘bárbaro’ para uno es el ‘sólo estoy haciendo lo que hacen los demás’ para otros”.

Y quizá aquí se encuentre lo más terrible de todo: que personas en apariencia normales, comunes y corrientes, sean capaces de llegar a cometer las peores atrocidades a causa de la intolerancia. O simplemente aprobarlas, que quizá no suene igual pero que termina siempre siendo lo mismo.

¿Qué hacer entonces ante el dolor de los demás?

No basta con la compasión, nos dice Sontag. “La compasión es una emoción inestable. Necesita traducirse en acciones o se marchita”.

Esa es tal vez la gran interrogante que nos deja esta pequeña obra maestra que recién acabo de terminar y que ya he comenzado a releer.

*La imagen que acompaña al post pertenece a la serie de aguafuertes Los desastres de la guerra, de Goya, a los que Sontag, en varias oportunidades, hace referencia en su libro.

PS: La semana pasada, el gobierno de los Estados Unidos autorizó a empresas de ese país la venta por un monto de 59 millardos de dólares en armamento a sus aliados en el Golfo Pérsico, Egipto e Israel. “La locura que corre por el mundo da impulso a la industria de la defensa”, dice Jim Cramer, de la cadena CNBC. “Estos contratos no hay que verlos sólo como una ayuda a los países aliados en el Medio Oriente, sino como una ayuda a la industria local. El futuro se presenta brillante para este sector”.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Cambalache


La gente de ReLectura está invitanado a un evento donde los asistentes podrán intercambiar esos libros que ya no desean seguir viendo en los anaqueles de sus bibliotecas.

A continuación la nota de prensa que me han hecho llegar:

Intercambio de libros: Martes 7 de agosto en Chacao
Te preguntas qué hacer con esos libros que no quieres tener más en tu biblioteca porque ya los leíste, no los vas a leer jamás o los tienes repetidos. El martes 7 de agosto, a las 7:00 pm, en el Centro Cultural Chacao, ReLectura invita a toda la comunidad lectora a nuestro primer intercambio de libros: ¡Cambalache! Trae lo que te sobra y encuentra lo que te falta.
Más información en el Foro, donde puedes ver las listas de libros que los foristas han enviado hasta el momento. Envía la tuya... haz tus reservaciones.
Para los interesados, aquí dejo el enlace a la página web de ReLectura, para que envíen sus listas y le echen un vistazo a las que ya han sido enviadas.

lunes, 30 de julio de 2007

Algo que deberíamos tener siempre presente

La tolerancia es la disposición cívica a convivir armoniosamente con personas de creencias diferentes y aún opuestas a las nuestras, así como con hábitos sociales o costumbres que no compartimos. La tolerancia no es mera indiferencia, sino que implica en muchas ocasiones soportar lo que nos disgusta; por supuesto, ser tolerante no impide formular críticas razonadas ni obliga a silenciar nuestra forma de pensar para no “herir” a quienes piensan de otro modo.

Fernando Savater

domingo, 15 de julio de 2007

El detective más salvaje


Qué difícil es escribir sobre los ídolos.

Al menos a mí me cuesta una enormidad.

Sin embargo, el post anterior, inevitablemente, me ha hecho desembocar en este otro.

¿Y qué puedo decir de Roberto Bolaño, o de su obra, que no se haya dicho ya? Sólo me queda echar mano al manoseado recurso de contar cómo llegué hasta él, o hasta ella, que aunque no son la misma cosa es igual.

Entre 1997 y 2001, por motivos que no vienen a cuento, tuve la oportunidad de viajar por gran parte de América Latina. Sobre todo a ciudades como Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, Guadalajara, San José y Sao Paulo. Ya por entonces me tentaba el deseo de abandonar mi carrera como informático y retomar la literatura. Pero la comodidad es quizá la peor enemiga de alguien que aspira a convertirse en escritor.

Durante mis viajes, hacía todo lo posible por acercarme a las librerías de estas ciudades en busca de novedades. Mis preferidas eran las de Buenos Aires (en Corrientes, un buen lector de estos parajes, si se descuida, puede llegar a rozar la locura), Bogotá y Ciudad de México. Las consideraba un verdadero paraíso. De cada una de aquellas visitas regresaba a Caracas cargado con un lote de al menos diez libros, entre autores conocidos y desconocidos (desconocidos para mí, se entiende). Entre alguno de estos lotes de libros, por cuestiones de puro azar, venía un ejemplar de Llamadas telefónicas.

Por diversas circunstancias —entre ellas el efecto Y2k, o año 2000, que nos mantuvo a la gente de IT muy ocupada entre 1997 y la media noche del 31 de diciembre de 1999— no leí Llamadas telefónicas hasta finales de 2001. Terminar de leerla y comenzar a buscar desesperadamente el resto de los títulos publicados por el autor fueron acciones casi simultáneas. El estilo limpio, directo, de su prosa, muy cercano al periodismo, pero sin dejar de lado a la poesía, con esa capacidad para crear atmósferas enrarecidas, ambiguas; con esa destreza para desarrollar personajes construidos “desde afuera” (Arturo Belano, Ulises Lima, Carlos Wieder, Sensini, Buba, Anne Moore, Lalo Cura, José Ramírez, Archimboldi, etcétera), algo que pareciera obligarlos a moverse sobre una delgada línea imaginaria entre verdad y mentira, que, a su vez, los convierte en personajes inolvidables, podrían contarse entre las características renovadoras que le imprimió a la narrativa en idioma español. Además, no hay que olvidar la compleja estructura que tienen sus historias. En muchas ocasiones, después de leer una de sus novelas o relatos, me ha embargado una extraña sensación, un vacío, una tristeza, como si acabara de ocurrir algo terrible a mi alrededor, algo incuestionable, aunque no haya sucedido nada. Pero... ¿no ha sucedido nada en realidad?

Literal y literariamente hablando —después de conocer la obra de Cortázar—, toparme con el trabajo de Bolaño ha sido lo más relevante que me ha sucedido en los últimos años. Y créanme que no se trata de ninguna exageración. Tal vez por ello estoy revisitando de manera constante (como lo hago con la obra de Cortázar) las páginas de cinco de sus libros fundamentales: esa pequeña joya titulada Estrella distante (1996), sus volúmenes de relatos Llamadas telefónicas (1997) y Putas asesinas (2001), y, desde luego, esos monstruos devoradores de lectores que son Los detectives salvajes (1998) y 2666 (2004).

Ahora no recuerdo a qué autor le leí que, al igual que pasa con las familias, existen sólo dos clases de vínculos posibles entre ciertos escritores: bien por afinidad o bien por consanguinidad. Entendiéndose que la interconexión de esos vínculos no está representada más que por otros autores. Otras influencias.

En mi caso, me atrevería a decir que los vínculos que me unen a Bolaño son estrictamente consanguíneos. Y no hace falta conocer su ascendencia ni la mía para afirmarlo, al igual que no hizo falta conocer a mi abuelo paterno para considerarme su nieto.

Cosas de la vida y la literatura.

sábado, 14 de julio de 2007

En días como estos, 4 años atrás...


Lo había olvidado.

Mientras limpiaba el disco duro de mi computador, de gran parte de la porquería que uno suele descargar de internet, me topé con un artículo que me hizo retornar instantáneamente a aquella tercera semana del mes de julio de 2003; aquella semana negra para la bohemia latinoamericana.

Pero no digo más. Sólo reproduzco a continuación, en su totalidad, el artículo de Victoria Rhode, publicado en el diario El Impulso el 3 de agosto de 2003.

Bohemia in black

Por Victoria Rhode

La tercera semana del recién acabado y lluvioso mes de julio, tal vez sea recordada en adelante como una de las más negras y tristes para la bohemia latinoamericana. Tres fueron sus bajas. Tres sus derrotas frente a la persistencia del tiempo y el orden implacable de la vida.

La primera de ellas lleva por nombre Máximo Francisco Repilado Muñoz, mejor conocido como Compay Segundo, el extraordinario músico y compositor cubano que a mediados de los noventa retornó del olvido para seducirnos con su armónico, sus sones y su voz. Algunos lo recordarán como uno de los simpáticos viejecitos que montado sobre ese inusual éxito llamado Buena Vista Social Club, recorrió los más importantes escenarios del mundo, arrancándole aplausos y excelentes comentarios a los entendidos —y a los que no entendemos tanto, también. Aun cuando ya él venía en ascenso, el proyecto de Ry Cooder, y el posterior film de Wim Wenders, permitieron que ese ascenso fuera más acelerado, más expedito, cosa muy conveniente para un hombre que acababa de cumplir los noventa. De la cinta de Wenders recuerdo la silueta delgada, parsimoniosa de Compay Segundo, mostrándonos las calles de la Habana, el malecón y una fábrica de tabacos, encaramado sobre un descapotable de los años cincuenta. Me atrevería a decir que Compay Segundo murió feliz (si es que eso sea factible) pues vivió según su propio deseo: “Tener cerca mi guitarra, un tabaco y un traguito de ron para disfrutar con los amigos. Lo mejor de la vida, caballero”. ¿Acaso un genio de la bohemia necesitaba más?

La segunda baja fue en literatura y se llama Roberto Bolaño. Los premios Herralde (1998) y Rómulo Gallegos (1999) por su influyente novela Los Detectives Salvajes, le concedieron enorme promoción a escala mundial y lo develaron como joven promesa de las narrativas hispánicas. Sin embargo, ya venía de revolver (no he querido emplear el sustantivo revolución) los estratos de la poesía con un movimiento de vanguardia denominado infrarrealismo, que fundó en Ciudad de México, a mediados de los setenta, junto con otros poetas aztecas. El estilo a veces irreverente, a veces corrosivo pero siempre original e intenso de sus textos poéticos y narrativos es celebrado por sus lectores que, a uno y otro lado del Atlántico, no se cuentan por pocos. Particularmente, de sus libros de poesía llegó a mis manos Tres, un viaje alucinante por cuerpos, lugares de aquí y de ninguna parte y por la literatura: su gran pasión. De allí destaco, de manera especial, Los Neochilenos, un road poem, si es posible el término. Al final de uno de sus escritos poéticos leemos: “Muerte que no me traía el descanso, Pues tras corromperse mi carne Aún seguía soñando”. Lástima que los que quedamos de este lado ya no podremos seguir su prolífica, vehemente y aguda imaginación.

Del tercer y último adiós de esta infortunada semana se ha hablado y llorado bastante. Tanto, que la noticia de la muerte de la Guarachera de América, Celia Cruz, literalmente anuló los otros dos adioses y se adueñó de los espacios disponibles en los medios como de los pañuelos de millones de melómanos alrededor del mundo. Dos de sus canciones me conmocionaron en su momento y siguen teniendo la magia de hacerme revivir la misma extraña sensación cada vez que las escucho. Ellas son: Usted abusó, mi primer contacto con La Reina de la salsa y, la otra, de más reciente data, La vida es un carnaval. Ambas ejemplo de su camaleónico olfato para mantenerse vigente en la cartelera musical. En uno de sus últimos trabajos discográficos, Siempre Viviré (2000), grabó una versión tropical del super-éxito de Gloria Gaynor, I will survive. Ese tema viene a ser un resumen rítmico de lo que fue su vida. Allí la escuchamos cantar: “Oye mi son/ mi viejo son/ tiene la clave/ de cualquier generación/ en el alma de mi gente/ en el cuero del tambor/ en las manos del bonguero/ en los pies del bailador:/ Yo viviré”.¿Quién se atrevería a negarlo?

Así ha cerrado este mes-diluvio de julio de 2003: la bohemia de luto y la inmortalidad de júbilo.