miércoles, 31 de diciembre de 2008

Orden y vida


Por estas fechas algunos suelen hacer su lista de buenas intenciones que se comprometen a cumplir seriamente durante el nuevo año que está a punto de abrir sus puertas de par en par.

Quizá para muchos sean las mismas buenas intenciones que aspiraban cumplir durante este otro año que se va, y que debido a múltiples razones, tuvieron que dejar de lado empujados por el cúmulo de actividades diarias que a todos nos toca y que nos vemos en la obligación de cumplir.

Sin embargo, lo cierto es que desde un principio muchas de esas buenas intenciones están destinadas al naufragio, al fracaso, principalmente porque se las piensa o se las dice en un momento de arrebato, contagiado por la emotividad de estos días de fin de año que mueven tanto a los compromisos, a los balances y a las buenas intenciones.

Para que esas metas dichas o pensadas, revestidas del aura maravillosa de esta época, lleguen a concretarse, son necesaria al menos dos cosas: metodología y voluntad, o lo que es lo mismo: orden y perseverancia.

Desde que comencé a desempeñar la carrera en la que me gradué —la digo una vez más para aquellos que todavía no lo saben: Ingeniero en informática—, trasladé al ámbito personal la metodología que usaba en el ámbito profesional con el fin de no perder de vista mis “buenas intenciones” de cada año: construir una lista con diez o doce metas concretas (no más), que fueran realmente alcanzables y que dependieran más de mí que del azar (nada como “este año me gano el gordo en la lotería”); fijar a cada una de estas metas un peso específico de acuerdo a su importancia o relevancia; definir un par de fechas tentativas para su cumplimiento dentro del año (la más cercana y la más lejana, por ejemplo, y cuidar de que las fechas de cumplimiento de todas las metas no coincidieran en el último trimestre) y por último crear una hoja de cálculo en la que vaciaría todas esta información y que me serviría de herramienta, de brújula, para dar seguimiento (mensual y a veces hasta semanal) al desarrollo o cumplimiento de cada una de las metas que me había trazado. Esta metodología ha permitido que esté “encima” de mis buenas intenciones y que no las eche al olvido, hasta que vuelvan a mí —para atormentarme, desde luego— a finales de año. Y por supuesto, a lo anterior habría que agregar una buena dosis de empeño, de perseverancia.

Que la gente no cumpla con las metas que se trazó alguna vez creo que, por lo general, depende más de ellas mismas que de su entorno, y de que no se hayan trazado un plan u orden factible para poder lograrlas. O que simplemente hayan escogido o impuesto a sí mismas metas inalcanzables.

Durante un reciente vuelo de Frankfurt a Madrid, me tropecé con una de esas historias anónimas que lo dejan a uno reflexionando sobre la falta de compromiso que a veces tenemos con nosotros mismos, con nuestros pequeños sueños. Al abordar el avión me encontré con que mi puesto estaba ocupado por una persona. Era una mujer de mediana edad, sin duda europea, y con unos enormes lentes oscuros. Me le acerqué y le pregunté en inglés qué asiento tenía, me respondió que el 22D, pero que la azafata la había reubicado en ese —el 22F, el que me correspondía— por cuestiones de seguridad y para mayor comodidad, y que si quería saber algo más ella con gusto me ampliaría la información. Le dije que estaba bien, que no había problema, que yo ocuparía su puesto. Total, hace tiempo que en los aviones prefiero pasillo a ventanilla, sobre todo si la fila que me toca es de tres puestos. Y eso hice. Quiso el azar que el 22E quedara libre y que casi a mitad de vuelo la señora del 22F y yo entabláramos una extensa y agradable conversación, después de que, también por azar, ambos nos percatáramos que habíamos nacido bajo el signo del mismo idioma. La señora resultó ser española, de Segovia, para más señas, y con un nombre muy castizo: María José González.

La historia de María José enseguida me cautivó: hace diez años le detectaron un tumor avanzado que, pese a no lograr arrebatarle la vida, sí dejó sus secuelas: le quitó el sentido de la vista. En menos de seis meses su vida dio un giro inesperado: además de quedar totalmente ciega, su esposo la abandonó y no tuvo más remedio que enfrentar toda aquella tragedia a solas. Tras superar la depresión que le generó el nuevo orden de su vida, acudió a un organismo que prestaba ayuda a los invidentes y decidió empezar desde cero. Ahora María José es una persona independiente, que trabaja y hace una vida en relativa normalidad, hasta navega por internet, y envía y responde emails gracias a dispositivos especiales. Vive y trabaja en Colonia, Alemania. Tiene un humor envidiable y le encanta conversar y conocer personas de otras culturas. Habla varios idiomas, aunque me confesó que el peor que se le daba era el inglés (que sin embargo era muchísimo mejor que el mío), que si tenía que hablarlo lo hacía pero no se sentía cómoda (cosa que no le sucede con el alemán, que lo hablaba a placer con las azafatas de Lufthansa). Entre las muchas cosas que me dijo hubo una que me empujó a escribir este post: “el orden para una persona normal es la mitad de su vida, pero para un invidente es TODA la vida”.

Así que también yo por estos días tengo planeado hacer mi lista de buenas intenciones para el año entrante. Echaré mano a la metodología de siempre, pero esta vez con la mente puesta en las palabras de María José. Y es que algo tenemos que aprender cuando nos topamos con las historias anónimas de personas especiales y maravillosas como ella.

martes, 21 de octubre de 2008

Regresa “Cuando seamos grandes”




Tras su exitosa primera temporada y su participación en la X edición del Festival de Teatro Infantil José Gregorio Romero 2008, Cuando seamos grandes, montaje de la pieza infantil escrita por Víctor Vegas, dirigido por Jennifer Morales y producido por el Teatro San Martín de Caracas, regresa a la sala principal de este teatro del noroeste de la ciudad a partir del próximo 8 de noviembre.

La puesta en escena cuenta con las actuaciones de Paola Baroferre, Oriana Nigro, Zammy Giménez, José Alberto Blanco, Kaoru Yonekura y la participación especial de la niña Verónica León.

Cuando seamos grandes obtuvo en 2006 el primer premio en el IX Certamen de Dramaturgia Infantil de la Universidad Central de Venezuela y fue publicada ese mismo año por el Fondo Editorial Pío Tamayo (Barquisimeto, Venezuela).
Las funciones serán los días sábados y domingos a las 3:00 pm. El Teatro San Martín de Caracas está ubicado en la Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas, telf. (212) 4512161/3772526. Estacionamiento privado al lado del teatro.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Saudade da Bahía


Una de las últimas tareas que le asignaron a mi esposa en su curso de portugués —curso que hace para saldar una deuda con sus raíces lusas: su padre, como tantos otros, emigró a estas tierras desde la isla de Madeira a mediados del siglo pasado— fue la de seleccionar una canción, investigar todo lo relacionado a su tema y autor para posteriormente hacerla sonar durante la próxima clase, exponer lo investigado y propiciar la discusión en el aula.

Como toda mi cultura musical lusa se reduce a Madredeus y uno que otro fado, ante la ayuda que me solicitaba mi esposa, le puse como condición que por favor nos limitáramos a la música brasilera, de la que sí soy seguidor, incluso desde el primer día en que pude elegir lo que me gustaba o no, que es casi como decir que soy seguidor de la música brasilera desde que tengo uso de razón.

El siguiente fin de semana tuvo entonces sabor a caipirinha y reminiscencias del olor y el arrullo que producen las olas al romper sobre las costas de Salvador de Bahía. En el stereo sonaron sin cesar las voces de María Bethania, Elis Regina, Gal Costa, Rita Lee, Nana Caymmi, Beth Carvalho, Simone, Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, João Gilberto, Chico Buarque, Toquinho, Gilberto Gil, Milton Nascimento entre muchas otras. Vale decir que a Roberto Carlos lo asocio, ineluctablemente, con los días de mi infancia, en exclusivo español, de manera que no entró en la programación de ese fin de semana.

Confieso que tenía tiempo sin colocar muchos de aquellos cds pues en los últimos cuatro o cinco años me había dedicado a escuchar música en español e inglés, pese a que considero a los músicos brasileros como los más virtuosos del continente (¿o del planeta?), en cuanto a música popular se refiere. La riqueza de matices en la música brasilera tal vez se acerque al infinito. Escucharla produce en el alma una sensación parecida a la de estar parado frente a un cuadro de Cezanne. Y para muestra un botón: la larga y prolífica trayectoria de Caetano Veloso, uno de mis músicos predilectos y, quizá, el exponente en vida más representativo de la cultura musical del gigante del sur. Veloso se inició en la década de los años sesenta del siglo pasado y todavía hoy, a comienzos de este siglo XXI, se mantiene tan creativo y activo como en sus primeros años. Justo de Caetano Veloso fueron los temas por los que mi esposa se inclinó para desarrollar su tarea. Y conste que no ejercí ningún tipo de influencia. Sólo me dediqué a representar, como mejor pude, mi papel de improvisado y amateur dj.

Ella quería un tema que fuera movido, que sonara “diferente”, y que a la vez su letra tuviera contenido. Así que su elección se decantó por “O Navio Negreiro”, sencillo incluido en el trabajo de Veloso titulado Livros, de 1997.

“O Navio Negreiro” es un tema poderoso, de esos que lo envuelven a uno para sacudirlo luego desde las propias entrañas; con elementos y profundas raíces de la música tradicional de África, donde los instrumentos de percusión (a cargo de Carlinhos Brown) son el único acompañamiento de las voces de Veloso y María Bethania; voces que, por cierto, le guiñan con descaro un ojo a otro movimiento musical de connotaciones negroides como el rap. Veloso tomó fragmentos del poema del mismo nombre, compuesto por Antonio de Castro Alves (1847-1871), en el que el poeta romántico (a quien habría que dedicarle un post entero), con brutal dramatismo, dejó plasmado de forma contundente y conmovedora el testimonio de lo que fueron las travesías de los navíos negreros desde las costas occidentales del continente africano, a la nueva tierra que esperaba ansiosa a sus pasajeros para hacerlos esclavos. Sin embargo, ellos a la postre traerían mucho más que un par de manos para la faena y una espalda para que el amo de turno descargara sus frustraciones. De hecho, a decir del propio Veloso, en un trabajo posterior que tituló Noites do Norte (2000): “A escravidão permanecerá por muito tempo como a característica nacional do Brasil”.

La herencia cultural africana es un tema recurrente en las composiciones de Veloso, especialmente las que conforman Noites do Norte, donde rinde un sentido homenaje a los millones de hombres y mujeres que entre los siglo XVI y XIX fueron obligados a cruzar el atlántico para convertirse en esclavos en el nuevo continente. A esos mismos que Castro Alves intenta redimir en su poema a través de dantescos y desgarradores versos:

Senhor Deus dos desgraçados!
Dizei-me vós, Senhor Deus,
Se eu deliro... ou se é verdade
Tanto horror perante os céus?!...
Ó mar, por que não apagas
Co'a esponja de tuas vagas
Do teu manto este borrão?
Astros! noites! tempestades!
Rolai das imensidades!
Varrei os mares, tufão! ...


Vale decir que Castro Alves murió sin ver hecho realidad uno de sus mayores sueños, al que dedicó vida y obra: la abolición de la esclavitud. Al ponerle música a “O Navio Negreiro”, Veloso también contribuye con la difusión de la obra del poeta, una especie de Rimbaud nacido en este lado del Atlántico.

lunes, 8 de septiembre de 2008

La generación tardía


Siempre se habla de la crisis de nuestro teatro contemporáneo y a veces uno se hace cómplice de esta afirmación después de ser testigo de un abominable y esperpéntico espectáculo representado sobre alguno de nuestros escasos escenarios. Pero a despecho de esta actitud pesimista, si algo ha caracterizado al teatro universal es su heterogeneidad y su capacidad inagotable de renovación. Es así como un día podemos ver un montaje o una propuesta de cierta agrupación que nos satisface o deslumbra, y, al otro, algo realmente distinto, incluso muy inferior. Y viceversa. De igual manera una pieza de un mismo autor puede ser luz en las manos de determinado director y sombra en las de otro. También hay obras y montajes que ni que se materialice en escena el espíritu de Shakespeare o de los autores clásicos griegos. Todo esto sin mencionar que, durante cada función, un mismo montaje puede llegar a ser distinto. El teatro permite esto y mucho más porque es un ente vivo, en constante evolución (o involución, también es válido), a cuya vera se conjugan los procesos de varios creadores: autor, director, actores, luminitos, escenógrafos, musicalizadores o sonidistas, productores, etcétera, etcétera. El aporte de cada uno —y en conjunto— es lo que finalmente produce el resultado que llega a los sentidos del espectador.

Al calor de esta crisis, y a las muchas otras que la han precedido (suelo tener presente las palabras de Carlos Giménez: “pienso que este enfermo incurable al que llamamos teatro, sigue agonizando con buena salud”), aparecen nuevas generaciones de teatreros dispuestas a tomar o arrebatarle el testigo a la generación anterior, bien sea creadores que salen al escenario o aquellos que se quedan back stage. Son muchos los que en la actualidad están tratando de ganarse un espacio a punta de talento, pasión y disciplina, gente joven en su mayoría, sin embargo, en mi nota no voy a referirme a ellos exactamente, sino a un grupo de nuevos dramaturgos, no tan jóvenes, con quienes he tenido la suerte de establecer un diálogo constructivo.

A principios del año pasado, Loida Pérez convocó a varios dramaturgos —de los que comenzábamos a hacer público nuestro trabajo— para sumarse a un proyecto que ella venía cocinando desde hacía tiempo. Se trataba de escribir obras breves, de no más de diez minutos, para luego llevarlas a escena en forma de un espectáculo de lecturas dramatizadas o montajes mínimos. Ya ella contaba con un espacio para materializar dichas propuestas: la Sala Experimental del Centro de Estudios Latinoamericano Rómulo Gallegos o CELARG. Apartando los resultados del proyecto, que todavía están por ser evaluados, lo más resaltante e interesante, desde mi punto de vista, fue el proceso cómo las obras que conformarían cada una de las puestas en escena fueron concebidas: se proponía un tema, los autores decidían si escribirían o no una pieza abordándolo; una vez escritas, las piezas se hacían llegar a todos los autores, se leían y eran comentadas; tras una revisión, todas eran entregadas al director que se encargaría de realizar la puesta. Finalmente, era él quien seleccionaba las obras que formarían parte del espectáculo. Por supuesto, para unos autores, el proceso en sí tuvo sus bemoles, pero esa es materia para otro post. Para mí fue un proceso enriquecedor: tener la posibilidad de entrar en contacto con la obra de otros dramaturgos a quienes me unía ciertas coincidencias (edad, búsquedas, haber obtenido algunos premios y no haber sido representados profesionalmente o estar en vías de) y compartir un singular espacio donde nos leíamos y comentábamos.

De aquel grupo de dramaturgos rescato cuatro nombres que desde entonces a esta parte han resonado en el ámbito local: Juan Ramón Pérez, quizá el más “veterano” de todos, con varias piezas a cuestas y quien este año se estrenó como guionista de cine en la película “1, 2 y 3 Mujeres” y estrenará su pieza, “Hasta la vista, Beibi”, en un festival de teatro venezolano en París; Vicente Lira, de quien ya se han estrenado dos comedias con éxito de público, una de ellas con dos temporadas (la primera en el Ateneo de Caracas y la siguiente en el CELARG); José Antonio Barrios, que es además actor y poeta —y quizá la cara más conocida del grupo, por unos populares comerciales de TV—, también ha conseguido que un par de sus piezas suba a los escenarios y, por fin, Roberto Azuaje, el que faltaba por estrenarse ante el público pero que en los próximos días lo hará por partida doble, con el montaje de “José Amindra”, dirigido por Dairo Piñeres y producido por Rajatabla, y con “Siete grados de entropía tropical”, montaje que será realizado y presentado en Londres durante el Festival de teatro latinoamericano CASA, ambas en el mes de septiembre.

No me cabe duda de que la obra de estos autores seguirá dando de que hablar en los años venideros, siempre y cuando se mantengan en la búsqueda que los ha traído hasta el punto donde se encuentran ahora. Incluso por allí, entre bastidores, he escuchado una denominación para agruparlos: “la generación tardía”, porque todos se han estrenado en el circuito profesional después de los cuarenta —desde luego, esta denominación también me incluye. Lo importante es que continúan trabajando (por ejemplo, las últimas dos piezas que he leído de José Antonio Barrios me han sorprendido gratamente, sobre todo porque en ellas ha dejado de lado su faceta de comediógrafo y ha abordado temas de mayor compromiso autoral), buscando y consiguiendo que sus piezas lleguen hasta el público, con lo difícil, es sabido, que resulta esto en un país como el nuestro. En lo posible trataré de seguir sus carreras y celebraré sus éxitos, como lo he hecho hasta el día de hoy, porque, aunque “tardía”, hay que celebrar a las generaciones de relevo en nuestro teatro.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Otra vez Vargas Llosa

En mi versión del mundo, literatura y política van juntos. Rechazo la separación y en esto me encuentro de acuerdo con mis adversarios, la literatura no puede aislarse de la vida social.

Fuente: el-universal.com

sábado, 6 de septiembre de 2008

José Antonio Barrios gana el I Concurso Dramaturgia Breve "Gilberto Pinto"


Con la pieza "Mi reino por un sueño... una cuerda tensa a punto de romperse", basada en la atormentada vida del poeta venezolano Ramos Sucre, José Antonio Barrios se alzó con el premio único del I Concurso Dramaturgia Breve "Gilberto Pinto", convocado por la Casa Nacional de las Letras "Andrés Bello".

El jurado del concurso, integrado por Rodolfo Porras, Carlos Arroyo y Gustavo Ott, seleccionó la pieza de Barrios entre el grupo de obras participantes “por considerar el carácter innovador propuesto en la estructura dramática, la creación de atmósferas, la visión humanista y poética de los personajes así como un consistente dominio de la escritura escénica”.

José Antonio es actor y poeta y su trabajo como dramaturgo ha sido reconocido anteriormente con el premio de dramaturgia de Fundarte 2006 y estuvo entre los finalistas del Premio CASA de Dramaturgia Venezolana (Londres, Reino Unido), convocado el pasado mes de febrero por el Festival inglés y el Teatro San Martín de Caracas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Editorial venezolana abre período de recepción de manuscritos


Editorial Cronopios abre convocatoria para autores venezolanos

Un nuevo emprendimiento editorial venezolano, Editorial Cronopios, acaba de abrir el plazo de recepción de obras para sus primeras publicaciones, que serán presentadas a mediados de 2009 como parte de un ambicioso proyecto que pretende “elevar los estándares en el ámbito editorial venezolano en cuanto a la calidad gráfica y literaria de lo publicado, y su promoción y difusión”, según indicó la escritora Marianne Díaz Hernández, una de sus impulsoras.

Hernández dirige la editorial junto con su madre, la también escritora Susana del Rosal, y en el equipo trabajan además una diseñadora gráfica, correctores y un asesor jurídico. El sello está dedicado a la publicación de libros de autores venezolanos, preferiblemente poco difundidos hasta el momento. Publicará libros de poesía y ensayo, pero su principal interés editorial será el relato y la novela breve.

Los libros aparecerán clasificados en cuatro colecciones: Babel, con traducciones hasta ahora inéditas, o poco difundidas, de obras extranjeras; Libro de Arena, de narrativa breve de ficción; Arroyito, de narrativa y poesía dirigida al público infantil, y Horizontes, de ensayo de carácter social.

“Una de nuestras políticas fundamentales es la apertura, en el entendido de recibir originales y considerarlos para publicación, con independencia de cualquier criterio excepto su calidad literaria”, explicó Díaz Hernández, quien agregó que la tecnología será un aliado indispensable del sello. “Proyectamos presentaciones y lecturas de nuestros libros, campañas publicitarias y la integración del uso de la tecnología en el espacio de la editorial. Algunos de nuestros escritores podrían mantener blogs dentro del espacio de la editorial, y como estrategia promocional se liberará fragmentos de sus libros en formato PDF”.

Para este primer período de recepción de obras, que cierra el 1 de noviembre, Cronopios está buscando libros inéditos y en español, pertenecientes a los géneros de narrativa, poesía o ensayo, aunque se le dará preferencia a los libros de relatos y a los ensayos sobre temas literarios o sociales. Los mismos deben tener de 50 a 150 páginas tamaño carta, en tipografía Arial a 12 puntos y con un interlineado de 1,5 centímetros. Los interesados deben enviar sus libros, acompañados de la correspondiente nota biográfica y datos de contacto, al correo editor@editorialcronopios.com.

Fuente: Letralia.com

martes, 2 de septiembre de 2008

Premio Municipal de Teatro 2008


En la tarde del martes 26 de Agosto de 2008 se conocieron los resultados del Premio Municipal de Teatro 2008:

Mejor Dirección: Costa Palamides por Penitentes y Barranca abajo - TEATRELA
Mejor Actriz: Haydé Faverola por Los días Felices - bajo la dirección de Humberto Ortiz y la producción de Alberta Centeno.
Mejor Actor: Delbis Cardona por Penitentes - TEATRELA
Mejor Actor de Reparto: Luigi Sciamanna por Los Productores - PALO DE AGUA PRODUCCIONES
Mejor Actriz de Reparto: Beatriz Vásquez por La duda -
Mejor Texto: Elio Palencia por Penitentes - TEATRELA
Mejor Teatro Académico: Mi hermano José Rosario - Grupo Teatral Abrapalabra
Mejor Teatro de tìteres: El cazador casado - Grupo IAVE
Mejor pieza de teatro infantil: La zaranda - DRAMO
Mejor Producción: Marisela (Cocó) Seijas y Juan Carlos Azuaje por Penitentes - TEATRELA
Mejor Escenografía: Fernando Calzadilla por Los días felices - TET
Mejor Vestuario: Edgar Gil por El eco de los ciruelos - COMPAÑIA NACIONAL DE TEATRO
Mejor Iluminación: Dario Perdomo por El eco de los ciruelos, Penitentes y El alquimista -
Mejor Teatro de Calle: La historia que a mí me contaron - Fundación Casa del Arco iris
Mejor Musicalización: Marco Suniaga por Sueño de una noche de verano - LA BACANTE
Mejor Música Original: Abiram Brizuela por Cuentos de guerra para dormir en paz - TUMBARRANCHO TEATRO

Menciones Especiales para los dramaturgos Karin Valecillos por Cuentos de guerra para dormir en paz y Ricardo Nortier por el texto de Parece que va a temblar.

Fuente: Aliarts

martes, 19 de agosto de 2008

La fuerza devastadora de la verdad


A veces, no siempre quien se atreve a buscar la verdad está preparado para encararla.

Es lo que le ocurre al veterano de guerra Hank Deerfield, interpretado por Tommy Lee Jones, en la película In the Valley of Elah, de Paul Haggis, titulada en nuestro idioma como La conspiración, un título, dicho sea de paso, desafortunado, porque nada tiene que ver con la esencia de la cinta y, aún mucho peor, porque condiciona al espectador desde antes de entrar a la sala.

Hank Deerfield es un oficial retirado del ejercito estadounidense que, tras la desaparición de su hijo menor —Mike Deerfield, alistado en el ejército estadounidense—, luego de que regresara de una misión en Irak, decide investigar qué ha sucedido con él. Hay un precedente: Hank perdió a su otro hijo, miembro de la fuerza aérea, en un accidente de helicóptero. Después de corroborar que las autoridades de la base militar donde estaba destacado Mike, no tienen la menor disposición de ayudarlo, Hank decide acudir a las autoridades civiles. Sin embargo, allí tampoco obtiene colaboración puesto que la detective que lo atiende, Emily Sanders (Charlize Theron), una mujer frustrada porque le asignan casos menores, sin trascendencia, razón por la cual sus compañeros de oficina (todos hombres) viven burlándose de ella, le dice que su caso corresponde a instancias militares. Es así como Hank, por cuenta propia, emprende una pesquisa para dar con el paradero de su hijo. Es importante agregar que, durante la mayor parte de su carrera militar, Hank se desempeñó como investigador, por tanto no se le hace difícil colectar información que poco a poco lo va llevando a descubrir una verdad que no esperaba encontrar; también que, Emily Sanders, al final, acaba ayudándolo en su pesquisa.

In the Valley of Elah hace referencia al lugar donde se produjo una conocidísima confrontación bíblica. A decir de Paul Haggis: "El rey Saul mandó a David al valle de Elah para luchar contra Goliat con sólo cinco piedras y una resortera. Me pregunté ¿quién haría eso? ¿quién mandaría a un joven a luchar contra un gigante? Esta película trata de nuestra responsabilidad al mandar a jóvenes, hombres y mujeres, a la guerra…”.

Haggis tiene por costumbre, en sus guiones, hurgar en ciertos temas escabrosos de la sociedad norteamericana contemporánea, por ejemplo, bastaría con recordar Crash (que también dirigió), A million dollar baby y Flags of our fathers por sólo nombrar a tres de los más recientes. En este último trabajo que reseño, no hace más que ratificar esa agudeza de su ojo en una nueva mirada crítica que deja caer sobre la sociedad estadounidense. El personaje de Hank reúne toda esa complejidad, toda esa contradicción, toda esa frustración que deben sentir y padecer ciertos ciudadanos pensantes y sensibles de ese enorme país del norte (aunque, también, como la mayoría, llenos de prejuicios) que en nombre de la libertad y la democracia, atropella y aplasta a otros países más pequeños, construyendo en ellos infiernos donde lo único que tiene cabida es la exacerbación, y a veces de la manera más frívola, de los peores instintos que puede albergar la naturaleza humana.

jueves, 14 de agosto de 2008

Experimento con espejos


Cuando miramos en el espejo, nuestra belleza relativa no es lo único que juzgamos mal. En una serie de estudios, Marco Bertamini (investigador de la Universidad de Liverpool) y sus colegas han hecho preguntas como: imagine que está parado delante de un espejo en el baño, ¿qué tan grande cree que es la imagen de su rostro en la superficie? Y, ¿qué sucedería con el tamaño de esa imagen si retrocediera de manera constante, alejándose del espejo?

A la primera pregunta la mayoría de personas responde: El contorno de mi rostro sería, con bastante precisión, el tamaño de mi rostro. En cuanto a la segunda, es obvio: si me alejo, el tamaño de mi imagen se reducirá con cada paso que dé.

Resulta que ambas respuestas son incorrectas. Dibuje el contorno de su rostro en un espejo y se dará cuenta de que es la mitad del tamaño de su rostro real. Retroceda y el tamaño de ese contorno ovalado no va a cambiar, incluso al tiempo que cambia la escena del fondo reflejada en el espejo.

Fuente: The New York Times

viernes, 8 de agosto de 2008

Batman ecléctico


Religión e ideologías suelen usar principios similares para sumar adeptos a sus filas. El más conocido de ellos es anteponer la fe a la verdad. Más allá de los dogmas que unen al feligrés, militante o fanático con su religión o ideología, no hay nada más a lo que pueda o deba rendirle culto.

Sin embargo, dejando de lado a estas dos manifestaciones del intelecto, religión e ideologías, por el alto componente emotivo, irracional, que invariablemente las envuelve, que llevan ligado a su origen, ¿sería correcto anteponer la fe a la verdad en el resto de las actividades humanas? Éste, y otra cantidad inusual de dilemas éticos para una película basada en un cómic, son abordados desde una perspectiva perturbadora en Batman: The Dark Knight, del realizador británico Christopher Nolan.

Si bien Nolan nos tiene acostumbrados a sumergirnos en esta clase de cuestionamientos morales en sus cintas (recuerden: Following, Memento, Insomnia, The Prestige), la combinación que ha logrado con Batman... es de verdad inquietante: ¿hablar de moral y ética, sumidos en una atmósfera sórdida, violenta y brutalmente dividida o liderada por freaks, en una adaptación al cine de un cómic? Se trata de una actitud valiente, y en extremo original, ¿quién se atrevería a ponerlo en duda? Porque en ella no sólo cuenta el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, entre el orden y el caos, entre lo blanco y lo negro, sino que Nolan introduce entre ambos extremos una paleta de grises que en ocasiones acerca de manera peligrosa ambas puntas de una misma realidad, hasta casi juntarlas, hacer que luzcan como cosas similares. Y a estas alturas, cómo no decirlo, la magistral actuación de Heath Ledger, interpretando a El Guasón, Némesis de Batman, ha sido la piedra fundacional para los arriesgados propósitos de Nolan.

Quizá otra de las cosas positivas que el joven director ha empezado a conseguir con Batman: The Dark Knight, es que mucha gente que tenía innumerables e infundados prejuicios hacia el cómic, y, desde luego, hacia sus adaptaciones cinematográficas, comience ahora a mirar con otros ojos este género de la creación a veces tan marginado, tan vilipendiado por aquellos que se precian de una supuesta supremacía o pureza intelectual.

¡Bravo por este Batman ecléctico que nos ha regalado Nolan y su extraordinario equipo!

lunes, 4 de agosto de 2008

“Cuando seamos grandes” en el Festival de Teatro Infantil José Gregorio Romero 2008


Cuando seamos grandes, montaje de la pieza infantil escrita por Víctor Vegas, dirigido por Jennifer Morales y producido por el Teatro San Martín de Caracas, se estará presentando el 23 y 24 de agosto durante la X edición del Festival de Teatro Infantil José Gregorio Romero 2008.

El Festival está organizado por la agrupación Puertoteatro y tendrá lugar en la ciudad de Puerto La Cruz, entre el 9 y el 24 de agosto. Como en años anteriores, contará con la participación de agrupaciones locales, nacionales e internacionales.

Cada año el Ateneo Cecilio Acosta de Puerto La Cruz, y otros escenarios del municipio Sotillo, abren sus puertas para recibir a actores, titiriteros, cuentacuentos, junglares y otros artistas que con su gracia y talento logran dibujar sonrisas en los niños, jóvenes y adultos de la región que se han convertido en fiel público de este colorido encuentro. A decir del crítico Carlos Herrera, “este Festival está posicionado en el subconsciente colectivo del pueblo puertocruzano, al igual que el Festival de Oriente. Siempre habrá que hacer un extra pero grandes y chicos asisten informados y con gran expectación”.

Cuando seamos grandes cuenta con las actuaciones de Paola Baroferre, Oriana Nigro, Zammy Giménez, José Alberto Blanco, Kaoru Yonekura y la participación especial de la niña Verónica León. El montaje tuvo su primera y exitosa temporada del 29 de marzo al 4 de mayo de 2008 en la Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas. Ahora le toca el turno de disfrutar, al oriente del país, de este magnífico espectáculo pensado para toda la familia.

Fuente: Diario El Tiempo

jueves, 31 de julio de 2008

Murakami va al cine


Habrá quien coincida conmigo en la opinión que Tokio Blues (Norwegian Wood) es la novela menos representativa de la obra del autor japonés Haruki Murakami. En otras palabras, pese a ser la más popular (sólo en Japón ha vendido 8.7 millones de ejemplares, ha sido traducida a 33 idiomas y es uno de los mayores éxitos recientes de la literatura japonesa) no es la que mejor refleja ese “mundo raro”, pletórico de misterios, entre lo real y lo onírico, contaminado hasta los tuétanos de fantasía, que caracteriza al resto de la obra novelística de Murakami, como lo son la emblemática Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o la también extraordinaria y emotiva Kafka en la orilla.

Sin embargo, Tokio blues conserva el tono intimista y nostálgico de sus otras novelas y es quizá la más adecuada, la más convencional, para que un lector no habituado al universo Murakami se inicie en la lectura de su obra.

Hoy leí que el director franco-vietnamita Tran Anh Hung dirigirá la versión cinematográfica de Tokio Blues, que según Efe, producirá la compañía Asmik Ace Entertainment junto a la televisora japonesa Fuji, tras lograr el consentimiento de Murakami. Está previsto que el rodaje comience dentro de dos meses, con el fin de que la película sea distribuida en las salas de cine en 2010.

Es sabida la reticencia de muchos escritores a que sus obras sean adaptadas al cine y, Murakami, no ha sido la excepción. En innumerables ocasiones se había negado a que así fuera. Tal vez ahora ha accedido por la confianza que debe trasmitirle que a la cabeza del proyecto esté un artista como Tran Anh Hung, conocido por su gran sensibilidad al contar historias en la gran pantalla. ¿Recuerdan aquella hermosa cinta titulada El olor de la papaya verde? Fue el tercer largo de este cineasta y, con su siguiente trabajo, Cyclo, ganó en 1995 el León de Oro en Venecia.

Hay lectores que suelen aguardar con gran expectativa las adaptaciones cinematográficas de aquellos libros que le han tocado en lo profundo. Hay también quienes, por el contrario, prefieren mantenerse al margen y quedarse con las imágenes que ellos mismos se construyeron durante la lectura. En mi caso particular me intriga la actriz (y su trabajo, desde luego) que seleccione Tran Anh Hung para interpretar a Midori, para mí, uno de los personajes más complejos y atractivos de la novela, incluso por encima de la depresiva Naoko. En cuanto a la atmósfera nostálgica y musical que recorre todo el libro (sobre todo con temas de jazz y en especial de The Beatles), creo que si Tran Anh Hung se mantiene fiel a su trabajo anterior, quizá consiga resultados aceptables para los seguidores de Tokio Blues, que, como se sabe, se cuentan por millones en el mundo.

lunes, 14 de julio de 2008

El valor de ser y creer en uno mismo


Hacía rato que una película no me ponía a reír hasta las lágrimas. Y para que la frase anterior no quede como una frase hueca, la contextualizo diciendo que el humor fácil, soso, vacío, no es precisamente el que suele hacerme reír. Todo lo contrario, este tipo de humor me desagrada en extremo. Es sin duda el humor mordaz, irónico, inteligente, el que se hila fino, que consigue pintarme una sonrisa o una carcajada en el rostro. Y de este último, la recién estrenada Kung Fu Panda, de los estudios DreamWorks, tiene secuencias a montón.

Desde mediados de los noventa, dos productoras cinematográficas vienen haciendo un trabajo extraordinario e innovador en el área de la animación y de películas para niños (aunque parezcan, no siempre son la misma cosa): Pixar Animation Studios y DreamWorks Animation. Desde entonces, ambas han logrado forjarse un nombre que ya es sinónimo de garantía para cinéfilos cuando de este tipo de películas se trata. Aunque a mi juicio, hasta el momento, Pixar ha demostrado ser mucho más certera que DreamWorks. Los lectores recordarán Toy Story (1 y 2), The bug’s life, Finding Nemo, The incredibles, en el caso de Pixar, y Shrek (y sus secuelas), Madagascar y ahora Kung Fu Panda en el caso de DreamWorks, para sólo nombrar las que yo he disfrutado y a las que considero indiscutibles joyas del cine. Casi siempre que me toca hablar de cómo debe contarse una historia es imposible no mencionar a una de ellas. Entonces mis interlocutores se me quedan mirando con cara de “¿qué le pasa a este sujeto? ¿Me está tomando el pelo?”. Y no, estoy hablando muy en serio, como lo hago ahora. Las películas que he enumerado son un alarde, una clase magistral de arquitectura dramatúrgica. En ellas los elementos del drama están estupendamente representados, con una claridad que, quienes nos dedicamos a este oficio, sólo nos queda aplaudir y tratar de imitar. Allí la presentación, detonante, conflicto, desarrollo y clímax están construidos y son mostrados con precisión de relojería suiza. Por supuesto, también los rasgos del personaje principal, protagonista, impacto, antagonistas y ayudantes quedan claramente definidos, con suficiente profundidad sicológica e historia; todo con innovación y originalidad pese a que la anécdota que se cuenta se haya contado con anterioridad, y pequeñas variaciones, miles de veces.

Por ejemplo, en esencia, Kung Fu Panda no es más que la conocidísima historia del patito feo, aunque, mientras las imágenes se mueven veloces frente a nuestros ojos, esa idea ni siquiera se asoma a nuestra cabeza. Po, el panda protagonista, sueña en convertirse en un gran maestro del kung fu, sin embargo, nadie apostaría un duro por él porque es gordo, torpe y carece de entrenamiento en artes marciales. Encima, atiende las mesas en un puesto de comida de fideos que su padre heredó de su padre y a su vez éste heredó de su padre y que el primero pretende heredar a su hijo. En fin, nadie respeta al pobre Po. Ni siquiera su padre. No obstante, llega el día en que el azar lo pone frente a un gigantesco reto (aunque según el maestro Oogway, “los accidente no existen”): es elegido como el Guerrero Dragón, llamado a ser el más grande guerrero, el que tendrá el honor de leer el rollo sagrado que contiene todos los secretos del kung fu. Pero también tiene la obligación de defender al pueblo contra cualquier amenaza, y hay una en especial que viene en camino: Tai Lung, un poderoso guerrero que antes fue discípulo del maestro Shifu, que al no ser declarado como el Guerrero Dragón, intentó acabar con su maestro y el pueblo entero, pero que fue neutralizado por Oogway y confinado a prisión durante veinte años. Ahora Tai Lung ha escapado y quiere venganza. Además, los Cinco Furiosos (Tigresa, Mantis, Mono, Grulla y Serpiente, guerreros entrenados por Shifu con la meta puesta en ser algún día elegidos como el Guerrero Dragón) ven a Po como un simple advenedizo, puesto que lo consideran sin habilidades para ser un guerrero del kung fu. Y para complicarle aún más las cosas a Po, el maestro que debe entrenarlo lo odia puesto que tampoco ve méritos en él y sólo quiere verlo renunciar. Después de lo anterior: ¿no está, acaso, magistralmente armada la historia de Kung Fu Panda?

Lo único que ayudará a Po a cumplir su sueño de convertirse en maestro del kung fu es aceptarse a sí mismo, tal cual es, y, desde luego, creer en sus capacidades para lograrlo. No hay más secretos que éste.

Uno de los tantos aciertos de la película es la recreación de la atmósfera de sabiduría milenaria que rodea a la cultura china; los paisajes y personajes como el maestro Oogway contribuyen enormemente a este fin. Cada vez que habla Oogway, uno queda literalmente boquiabierto: “El ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo. Por eso se llama presente”, dice en una de sus intervenciones. O esta otra: “A menudo encontramos nuestro destino en el camino que hemos tomado para tratar de evitarlo”. Por cierto, una de las grandes metáforas que deja colar la película.

Para quienes todavía no estén convencidos de que tenemos que aprender de los hacedores de historias de Pixar y DreamWorks, por favor, bríndenme el beneficio de la duda y vayan a ver Kung Fu Panda. Estoy seguro de que a la salida de la sala coincidirán conmigo y me lo agradecerán.

jueves, 10 de julio de 2008

Tu Ternura Molotov abre Festival en Los Angeles


Tu Ternura Molotov, obra del venezolano Gustavo Ott, abrirá el Rubicon International Theatre Festival en Los Angeles, evento que se desarrollará del 12 al 27 de Julio de 2008. El festival, bajo la curaduría de la actriz Linda Purl, abre con la producción de Teatro de las Americas de “Your Molotov Kisses” (Tu Ternura Molotov) de Gustavo Ott, dirigida por Lourdes Solarzano en el Bell Arts Factory. La ceremonia de apertura estará a cargo del actor Alfred Molina, que además se presentará en el Majestic Ventura Theatre con una obra de Stephen Bishop.

El festival californiano incluye estrenos como "Eye of the Cyclone", obra de Costa de Marfil escrita por Luis Marques y dirigida por Vagba Obou de Sales; también el estreno de “Conviction” de Oren Neeman, traducida por Mark Williams, protagonizada por el actor Americano-Israeli Ami Dayan. Además, podrá verse, entre otras, piezas como “Samuel Beckett's First Love” protagonizada por Conor Lovett , el “London cabaret” de Giselle Wolf y la producción francesa “Imagine-Toi” , obra ganadora del Premio Moliere protagonizada por Julien Cottereau.

El autor ha sido invitado a participar en el festival y dará cuatro conferencias sobre su obra, la poesía en escena y el teatro venezolano en Los Ángeles, Oxnard y Ventura, tanto el 12 y 13 como el 19 y 20 de Julio.

Tu Ternura Molotov, Premio Ricardo López Aranda de Dramaturgia (España, 2004) es la obra venezolana más producida en el extranjero en los últimos años, con montajes casi simultáneos en Argentina, España, Portugal, Suiza, México, Washington, Puerto Rico y Colombia. La pieza, desde su publicación en España en 2005, ha sido traducida a cinco idiomas y será estrenada en Caracas a finales del 2008, dirigida por su autor, en el Teatro San Martín de Caracas.

Más detalles en http://www.vcreporter.com/cms/story/detail/all_the_world_is_a_stage/6129/

Fuente: Teatro San Martín de Caracas

martes, 1 de julio de 2008

Roberto Azuaje obtiene premio CASA de dramaturgia venezolana


La obra Siete grados de entropía tropical, de Roberto Azuaje, resultó ganadora unánime del Premio CASA de Dramaturgia Venezolana (Londres, Reino Unido), convocado el pasado mes de febrero por el Festival inglés y el Teatro San Martín de Caracas, con el objetivo de seleccionar la pieza que representará a Venezuela en el Festival de Londres.

El jurado del premio, presidido por el director británico Daniel Goldman, reunido en la capital inglesa, eligió como finalistas a Gregor McGregor, de Lupe Gehrenbeck, y a la obra El sitio, de José Antonio Barrios. Al certamen se presentaron 48 piezas teatrales. La obra ganadora será traducida y puesta en escena en Londres durante el próximo mes de septiembre.

Roberto Azuaje es uno de los nuevos autores de la actual impronta de la dramaturgia venezolana. En el 2004 fue su presentación literaria al ser galardonado en el Concurso de Dramaturgia de Fundarte con la obra José Amindra, y en el 2006 obtuvo el Tercer Premio del Concurso Nacional de Creación Contemporánea y Dramaturgia Innovadora del IAEM, por su obra El más mejor. Estas últimas dos obras también serán estrenadas próximamente por la agrupación Rajatabla, bajo la dirección de Dairo Piñeres, y por el Teatro San Martín de Caracas, bajo la dirección de Gonzalo Cubero, respectivamente.

Fuente: Ficción Breve Venezolana

viernes, 27 de junio de 2008

El enfermo incurable



“…pienso que este enfermo incurable al que llamamos teatro, sigue agonizando con buena salud”.
Carlos Giménez
¿Está en crisis el teatro?

Desde los tiempos de mis primeros coqueteos con el arte dramático, en la década de los ochenta, debo confesar que vengo escuchando diversas variantes de la misma pregunta. No obstante, más de veinte años después, como en el pasado, sigue habiendo gente dispuesta a dejarse el pellejo sobre las tablas... Y lo mejor de todo es que continúa demostrándolo con hechos.

En diciembre de 2005, durante mi visita a Torreperogil, una vez más asistí a una nueva puesta en escena del maravilloso e indescifrable pasaje bíblico de la “multiplicación de los peces y los panes”.

Acaso Villa de Torreperogil no alcance a llegar a los ocho mil habitantes, sin embargo, a lo largo de todo el año la actividad cultural allí es intensa. Desde recitales de jazz, rock, pop y música académica pasando por espectáculos de danza contemporánea, flamenco y el Festival Internacional del Títere, hasta el Festival de Cortos y, por supuesto, la Muestra Internacional de Teatro —que el año pasado alcanzó su edición número veinte. Al menos para que los amantes de la música (los hay en todas partes) se hagan una idea, por el festival de Rock & Blues han transitado bandas como The Animals, Whitesnake y, el pasado verano, desembarcó con su show en el auditorio de las Torres Oscuras la mítica agrupación británica Ten Years After.

Nada mal para un lugar aparentemente chico.

Llegado a este punto hay que decirlo de una buena vez: uno de los principales motores (aunque no el único) de la agenda cultural de la villa es Teatro Arena —compañía teatral creada en 1979 y asociación cultural a partir de 1998. La historia de Teatro Arena no debe de ser muy distinta a la de otros grupos o compañías teatrales de América Latina, o del resto de España, para suscribirnos sólo al continente hispano: duro comienzo, incomprensión, falta de apoyo oficial, múltiples problemas financieros, etcétera, etcétera, hasta que, poco a poco, a fuerza de insistir y de soñar (sobre todo de soñar) fueron imponiéndose, abriéndose espacios en el gusto y en la memoria de los espectadores. Al fin y al cabo, eso es lo que en su andar de más de un cuarto de siglo han ido demostrando.

“Hechos son amores y no buenas razones”, reza el viejo adagio popular. Y justamente de hechos continuaré hablando. En el marco de la Muestra Internacional de Teatro, entre otros eventos —un Ciclo de Cuentacuentos Infantil, un Ciclo de Teatro Distinto o monólogos de humor—, a manera de complemento, al clan Arena se le ocurrió convocar un certamen de textos teatrales. Este año el certamen arriba a su novena edición, y como en octubre se celebrará el 140 aniversario del nacimiento de Valle-Inclán, los organizadores han querido honrar al gran escritor gallego agregándole la palabra “esperpento” —con la cual se conoce la etapa en que Valle-Inclán se dedicara a escribir teatro— al nombre del concurso.

Las dos piezas aquí reunidas corresponden a las obras premiadas en la edición anterior, la octava, donde tuve el honor de formar parte del jurado.

El argumento de la obra ganadora, ¡Es la guerra!, de Fernando Almena, es simple pero muy atractivo. En plena guerra civil, tres soldados deciden acampar en el monte para almorzar y luego fusilar al prisionero que llevan casi a cuestas, un soldado del bando contrario. A lo largo de la comida van descubriendo que el enemigo tiene más cosas en común que diferencias, pero no hay perdón posible, porque ¿no están acaso en guerra? A través de un planteamiento estético sencillo, casi minimalista, un extraordinario manejo de las situaciones dramáticas, con diálogos hilarantes, elementos circunstanciales inteligentes y un sorpresivo final, Almena construye un discurso cargado de humor e ironía contra el negocio y la sinrazón de la guerra. La misma guerra que amenaza con instalarse en el mundo en una noche cualquiera y quedarse aquí para siempre.

Tras un presunto accidente automovilístico, donde una niña de seis años muere, cuatro adolescentes son detenidos de manera preventiva en la comisaría de un refugio turístico perdido en el tercer mundo —en caso contrario, los pobladores los habrían linchado. Los jóvenes deciden recurrir a la teoría del juego para no delatar al compañero que iba al volante en el momento del siniestro, y así ganar tiempo mientras el padre de uno de ellos viene en su auxilio. Esta es la historia que relata en El dilema del prisionero Ángel García Crespo; obra que se alzó con el accésit del certamen, una pieza inteligente, cargada de una atmósfera sórdida, en la que los roles de víctimas y victimarios parecieran cambiar a cada instante.

A esta altura creo que será necesario repetir la pregunta del comienzo: ¿Está en crisis el teatro?

El imaginario popular sostiene que de las crisis puede sacarse buenos dividendos. Sólo hay que tener los sentidos bien alertas y saber aprovechar las oportunidades. Ojalá que Teatro Arena continúe sacándole partido a “la crisis actual del teatro”. Ojalá que junto al ayuntamiento consiga por fin construir el espacio escénico que merece la villa y por el que luchan desde hace más de tres años. Ojalá que junto al ayuntamiento continúe manteniendo esta vitrina para los autores dramáticos de habla hispana. Ojalá que la Asociación de Autores de Teatro de España continúe contribuyendo a la difusión de este plausible esfuerzo. Sería un alivio constatar que, al menos en Torreperogil, el enfermo incurable sigue agonizando con buena salud.


Víctor Vegas
Caracas, septiembre de 2006


* Prólogo del libro del VIII Certamen de Textos Teatrales de Torreperogil, publicado por la Asociación de Autores de Teatro de España y el Ayuntamiento de Torreperogil en la colección Damos la Palabra/Teatro Español Contemporáneo, Madrid, 2006.

lunes, 23 de junio de 2008

Nuestro problema de siempre

Venezuela tiene muchos recursos, pero hasta ahora ese dinero no ha generado un impacto importante en la calidad de vida de la gente y en el desarrollo del país; y un elemento clave para entender esto es la debilidad institucional. En este país las instituciones no pueden [“no deberían”, en realidad] discriminar a los ciudadanos. Este gobierno llega al poder, precisamente, porque se oponía a este tipo de prácticas, pero resulta que ahora ocurren cosas peores, con la sistematización de la discriminación política a través de las listas.

Carlos Genatios
Ex Ministro de Ciencias y Tecnología (1999-2002)
Fuente: Diario El Nacional

sábado, 14 de junio de 2008

Sobre la autenticidad de un escritor

Los escritores que rehúyen sus propios demonios y se imponen ciertos temas, porque creen que aquéllos no son lo bastante originales o atractivos, y estos últimos sí, se equivocan garrafalmente. Un tema de por sí no es nunca ni bueno ni malo en literatura. Todos los temas pueden ser ambas cosas, y ello no depende del tema en sí, sino de aquello en que un tema se convierte cuando se materializa en una novela a través de una forma, es decir de una escritura y una estructura narrativas. Es la forma en que se encarna la que hace que una historia sea original o trivial, profunda o superficial, compleja o simple, la que da densidad, ambigüedad, verosimilitud a los personajes o los vuelve unas caricaturas sin vida, unos muñecos de titiritero.
Mario Vargas Llosa

viernes, 6 de junio de 2008

Anoche, a la medianoche


Hoy 6 de junio de 2008, si alguien o algo debería vestirse de luto, ese alguien o algo debería ser la palabra en español. Anoche, a la medianoche, murió uno de sus mayores amantes, un laborioso artesano que siempre se acercó a ella con respeto, admiración, cuidado y esmero. Hablo del poeta venezolano Eugenio Montejo. Siempre que alguien me pide nombrar a dos artesanos de la palabra en nuestro país, invariablemente, de mi boca salen dos nombres: Rafael Cadenas y Eugenio Montejo.

A continuación me he tomado la libertad de reproducir uno de los poemas de Montejo que encabeza mi lista de imprescindibles:

MANOA
No vi a Manoa, no hallé sus torres en el aire,
ningún indicio de sus piedras.

Seguí el cortejo de sombras ilusorias
que dibujan sus mapas.
Crucé el río de los tigres
y el hervor del silencio en los pantanos.
Nada vi parecido a Manoa
ni a su leyenda.

Anduve absorto detrás del arco iris
que se curva hacia el sur y no se alcanza.
Manoa no estaba allí, quedaba a leguas de esos mundos,
—siempre más lejos.

Ya fatigado de buscarla me detengo,
¿qué me importa el hallazgo de sus torres?
Manoa no fue cantada como Troya
ni cayó en sitio
ni grabó sus paredes con hexámetros.
Manoa no es un lugar
sino un sentimiento.

A veces en un rostro, un paisaje, una calle
su sol de pronto resplandece.
Toda mujer que amamos se vuelve Manoa
sin darnos cuenta.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien sueña puede divisarla, va en camino,
pero quien ama ya llegó, ya vive en ella.

jueves, 5 de junio de 2008

Obama, EE.UU. y el resto del mundo

En el día de ayer Barack Hussein Obama se proclamó candidato oficial del partido Demócrata para las próximas elecciones presidenciales de EE.UU. Rato después algunos medios especulaban con las siguientes cifras en cuanto a las intenciones de voto del pueblo norteamericano, de cara a las elecciones: 47% para Obama y 44% para McCain. Por lo visto, a ambos candidatos les espera un largo y tortuoso camino de aquí al 4 de noviembre. Y en mi opinión particular, por lo que ya hemos presenciado, el recorrido será más tortuoso y largo para Obama que para McCain.

Al día siguiente, hoy, Gustavo Ott —a mi juicio una de las mentes más brillantes del país—, conocedor de la sociedad estadounidense tanto como conoce a la venezolana, me envió un excelente artículo que leí, disfruté y quise reproducir aquí íntegramente (con el debido consentimiento de su autor, por supuesto) porque además de coincidir con muchas de sus reflexiones, creí de especial interés compartirlas con los visitantes de este blog.

Es algo largo, pero, créanme, vale la pena llegar hasta el punto final.

OBAMA Y ESA GENTE DE LAS CUATRO LETRAS

Por Gustavo Ott
http://www.gustavoott.com.ar/

Es un tópico decir que hay una historia norteamericana incontable, bochornosa y triste y que, por otro lado, hay también una historia de los Estados Unidos de Norteamérica profunda, noble, emancipadora, solidaria y compasiva. Y que en medio de las dos se disuelve el mundo. La historia noble, también como tópico, es una historia oculta, maltratada y despreciada, que, sin embargo, es capaz de inventar para salvar y que está preparada para utilizar el alma como herramienta del progreso. Quiero decir que hay una historia de los que se atreven a hacer, cuando desechan lo perverso, lo que nadie ha podido ni imaginado jamás. Una historia que mezcla la idea de la revolución con el cine, el jazz con la emancipación, la inmigración con llegar a la Luna, los derechos civiles con el baseball, Internet con la Libertad y la Libertad con un impulso todopoderoso y anhelado, Dios mismo. Desde Whitman a Williams, para algunos de estos ciudadanos de las cuatro letras “E.E.U.U.”, Dios, si existe, es la Libertad.

Digo que esta historia profunda norteamericana aparece y se cuenta tan poco que uno a veces la duda. Pero entonces, cuando más se le necesita, la vuelven a contar; desde los solares olvidados de Missisippi hasta el campesino triturado por el dinero en Iowa. Desde la pobreza multicolor de Nueva Orleáns post Katrina hasta el ghetto minoría expulsado de la historia de Chicago y Nueva York. Es la misma historia de los desamparados en casas rodantes de Florida, de los treinta millones de ciudadanos del país más rico del planeta que no tienen seguro, de los expulsados de sus casas por bancos atiborrados de hipotecas, de los restos de derrotados con su carrito de supermercado como vivienda, mesa, familia e ilusión. Y todo al lado de la riqueza y el poder más espectacular jamás vista.

Es la historia heroica censurada por la ferocidad, la competencia y la discriminación que se cuenta desesperada desde la abundancia y que hoy, 3 de junio del 2008, ha empezado a ser contada otra vez. Una historia que parece comenzar como todas: “había una vez un país poderoso roto por dentro”, pero que sigue con: “y entonces, cuando nadie lo esperaba, de ese país roto por dentro, apareció un senador de Illinois”.

La Europa del bienestar, aún con los avances sociales que los ciudadanos norteamericanos apenas pueden soñar, no tiene en su libro de Historia Contemporánea un relato tan impactante e inspirador como éste de un senador afroamericano que, con el menos popular de los nombres, Barack Hussein Obama, conquista a su pueblo. Que un Hijo de emigrantes, criado en la pobreza, a los 46 años llegue a ser candidato a la presidencia del país más poderosos del planeta y que, quizás, más que probablemente, gane, posee una connotación no sólo especial, sino cultural y hasta metafórica que inspira de una manera, como pocas veces vemos en la realidad y demasiadas en la ficción. Ya quisiera la Europa y la inteligencia política del Reino Unido, Alemania, Francia y muy especialmente España, con sus prejuicios e intolerancia, llegar a pensar si quiera en hacer propia una historia como ésta.

Obama parece darle una dosis de decencia y respeto a un país que poco o nada ha hecho en los últimos 10 años para merecerla. El General John Abizaid, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en el Golfo Pérsico en el 2006, definió no sólo a los EE.UU. de principios de siglo con palabras muy duras, sino que explicó con su frase esa decepción norteamericana que todos sentimos: “Nuestro fracaso en Iraq se debe a nuestra ignorancia, prepotencia, y sobre todo, a la más simple falta de respeto por los demás”, dijo. En los tiempos de la dignidad usurpada, el pueblo norteamericano tiene una oportunidad colosal —como las que acostumbra a tener— con este civil “orejón” (así se definió ayer él mismo), que no fue pastor de la Iglesia y, digo yo, ni falta que le hacía, con una voz antigua, apasionada y respetuosa, pero contundente, que de pronto me hace pensar que la Decencia no llega demasiado tarde.

En su discurso de hoy, exactamente al cumplir 200 años del fin de la venta de esclavos en América, Obama le ha dicho al mundo que es posible cambiar no sólo a su país y devolverle la sensibilidad y el respeto por los demás, sino que también es posible cambiar al mundo. Nada menos. Y a pesar de la hipérbole, sucede que tiene razón.

Porque llegan sus palabras precisamente cuando este planeta está lanzando serias advertencias sobre su destino, en especial, sobre la posibilidad de que el futuro no sea probable, ni siquiera posible, y sobre la necesidad que tiene la raza humana de pensar si su colosal historia sobre esta roca, tercera desde el sol, tiene la capacidad para enmendar recientes errores letales cometidos. Y es que se trata de un planeta que sin lo mejor de los EE.UU., se nos deshace en las manos a todos.

Por eso, lo que sucede allá y lo que dice este hijo de madre soltera, alimentado con las migajas del sistema, tiene que ver conmigo y contigo. Desde el cambio climático, hasta la inmigración, la hambruna, el secuestro de la libertad, el fin de la Democracia, es decir, esto que somos nosotros y que, por comodidad llamamos especia humana, no tiene mucha historia por venir sin los Estados Unidos. Y si con Gore se perdió la ocasión de prevenir el colapso del mundo, con Obama se gana quizás la última oportunidad de salvarlo y además, comenzar un mundo nuevo.

Hoy, 3 de junio, oír a Obama no era únicamente recordar a King, sino más bien conocer una voz nueva, única, capaz de decirle a su gente que ya es hora de hacer otra historia, que esta noche de junio del 2008 comienza “una historia que nos permitirá, en los años venideros, decirle a nuestros hijos que finalmente nos dimos cuenta que no éramos tan fuertes ni tan potencia si no podíamos curar al enfermo, sin proveer de Seguridad Social a los desvalidos, sin acabar con la guerra, sin darle trabajo al desempleado, sin permitirle a los jóvenes el acceso a la esperanza. Eso es: quizás los EE.UU. son la última esperanza del mundo. Pero también es la mejor esperanza que el mundo tiene”, sentenció.

El pasado, como se sabe, es retórica, más bien gramática. Y el futuro, es conocido, suele perder frente al pasado y reproducirlo sin pudor. Muchos creen que el pasado, con su fuerza y reacción, se impondrá y, como es su deber, acabará con la esperanza. Pero también hay momentos en que el futuro se hace de una pasión nueva, creativa, la misma pasión del arte que aparece y que no existía antes, y así es capaz de hacer regresar al pasado a su prisión literaria. Esa pasión, que rebelde grita que sí hay algo nuevo bajo el sol, me parece, es la que despierta Obama. Y qué privilegio el nuestro de poder ser testigos de esta singular épica de un senador negro de Illinois que, desde la pobreza y la exclusión, tiene la rara oportunidad de salvar al mundo con una historia norteamericana profunda que provoca contar. Y adueñarse de ella.

lunes, 2 de junio de 2008

Una parte de mi obra reunida en la web


Durante los últimos cinco meses he venido trabajando con la gente de Moebius Digital en el diseño y desarrollo de mi página web. Ha sido un proceso interesante y a la vez estimulante, que por momentos me hacía retornar a mi época de informático. A partir de hoy por fin una primera versión se encuentra on-line, a disposición de los internautas. En ella, adicional a la información básica sobre mi trayectoria, el visitante podrá acceder a parte de mi obra dramatúrgica. Sin costo alguno podrá descargar las piezas de teatro para leerlas de manera particular, pero respetando todo lo relacionado a derechos de autor en caso de que su interés sea el de hacerlas públicas, como se especifica con claridad en la respectiva sección de la página. Además, los visitantes encontrarán información de los libros que he publicado hasta la fecha, reseñas, entrevistas, noticias y, desde luego, links a algunos textos narrativos que se encontraban dispersos en la web, colgados en revistas literarias como The Barcelona Review, Letralia, Ficción Breve Venezolana y Margen Cero, entre otras. A quienes tienen la costumbre de pasearse por acá los invito entonces a visitar, como suele decirse, mi página oficial: http://www.victorvegas.com/.

viernes, 30 de mayo de 2008

La tecnología al servicio del arte


En uno de los cursos durante mis estudios universitarios de pregradado —corrían los días inciertos de la segunda mitad de la década de los ochenta, del siglo pasado—, había un profesor que, en sus clases, casi siempre traía a cuento el tema del inminente fin del arte y, con ella, desde luego, de los artistas, como consecuencia de los gigantescos avances tecnológicos que se estaban gestando por entonces en el área de la informática. Según él, gracias a la computadora personal o PC, en el futuro mediato el arte estaría al alcance de todos y sería un producto de exclusivo origen digital y no la materialización en belleza de las pulsiones humanas.

Veinte años después, el anunciado Apocalipsis de las artes (y de los artistas), como lo pronosticaba mi profesor de pregrado, todavía no asoma la nariz en el horizonte. Al menos no a mi modo de ver, por supuesto. En cambio la tecnología se ha convertido en una herramienta fundamental a la que los creadores de todas las tendencias y disciplinas del arte han echado mano para hacer más fácil su labor; incluso, en algunos casos, ha contribuido a aumentar su productividad puesto que, gracias a la tecnología, han podido deshacerse de tareas rutinarias que antes les significaban un lastre. ¿Quién puede imaginarse en nuestros tiempos a un escritor que no utilice las ventajas de un buen procesador de palabras? Sin duda los que tal vez aún existan, en algún apartado rincón del planeta, no lo harán por gusto propio si no por limitaciones de otra índole. Mis primeras obras, por ejemplo, las escribía a lápiz y cuando se me presentaba la ocasión de que un amigo me prestara su máquina de escribir, aprovechaba para pasarlas en limpio. Entonces, como solía decir Bolaño, era más pobre que una rata. Sin embargo, aquella impoluta versión de mi manuscrito duraba poco, demasiado poco, la verdad, porque enseguida comenzaba a tachar y hacer correcciones sobre ella hasta que la dejaba mucho peor a la que la había precedido, la versión escrita a mano. Ahora me aterra siquiera pensar en la posibilidad de transitar de nuevo por aquella etapa.

Bien, llegados a este punto: ¿Qué diría un guionista de cine o TV si le dijera que, gracias a la tecnología, pronto podrá contar con un software que lo ayudará profusamente en su oficio de crear historias?

Se trata nada más y nada menos que del proyecto Escriba, en el que desde hace aproximadamente un par de años viene trabajando Frank Baiz. Aunque esta fecha no es más que un decir, puesto que detrás de Escriba hay no menos de 20 años de experiencia, los mismos que le han servido a Frank para desarrollar y pulir su particular y efectivo modelo para la escritura de guiones. Pero voy a dejar que sea el propio Frank, con sus propias palabras, que explique de qué va Escriba:

El proyecto Escriba se basa en un modelo que he venido desarrollando y que busca sistematizar ciertos elementos básicos de la dramaturgia del guión. En particular, el modelo se ocupa de articular la historia entendida como sucesión de acciones orientadas hacia un fin (base de muchos modelos conocidos, desde el paradigma de Syd Field hasta el utilísimo viaje del héroe), y la historia entendida como itinerario de "transformación" de un personaje, lo que comúnmente se llama "arco del personaje", es decir, de articular "el viaje interno" con "el viaje externo", y esto con la finalidad de que el escritor ejerza cabalmente su creatividad en el terreno de la invención y no se vea entorpecido por el problema de la estructuración. El modelo busca asegurar la mencionada articulación en varios niveles, desde la estructura base, hasta la escena. Por ahí va lo teórico. En lo que se refiere al aspecto práctico, Escriba ofrecerá al escritor tanto el apoyo del formato, como de la organización y el acceso cómodo e inmediato de todo el material que se necesita a la hora de escribir el guión, característica que lo hará útil para cualquier escritor —incluyendo a aquellos que pudieran interpretar el modelo como algo que "restringe su creatividad" (temor que desaparece cuando se discierne cuáles son los niveles en los que trabaja un modelo sobre cualquier discurso)—, como también varios "asistentes" que, con base a preguntas y respuestas, permiten ir construyendo la estructura que sustenta la sinopsis, la escaleta y la dinámica de los personajes dentro de cada escena. El software se programa en .NET, por lo que es factible que además de correr en Windows, pueda ser soportado por otros sistemas operativos.

He tenido la oportunidad de ver en funcionamiento, un par de veces, el software de Frank y no exagero al decir que en ambas oportunidades he quedado gratamente sorprendido. Lo que destacaría de estas dos primerísimas versiones in progress (puesto que el software, a pesar de estar muy adelantado, todavía no cuenta con una versión beta) es la sencillez y el grado de interactividad que ofrece al usuario. Desde luego hay que aclarar que, como otros software de este tipo, Escriba se basa en un modelo teórico que hay que entender para estar en capacidad de sacarle el mayor provecho posible. No basta con tener claras las ideas del guión que se desea escribir antes de sentarnos frente a la pantalla de nuestro computador, con la aplicación cargada y esperando a que comencemos a utilizarla, sino que previamente es necesario haberse empapado de su “lenguaje” para poder interactuar de manera efectiva con ella. Pero como dice Frank, su modelo es de fácil asimilación y se basa en el muy popular “viaje del héroe”, conocido, supongo yo, por todos aquellos que aspiran a convertirse en contadores de historias. Por fortuna, y de nuevo recurro a palabras del propio Frank, “el software vendrá acompañado de una generosa documentación en la que reside el conocimiento teórico previo que se necesitará para manejarlo, traducido al lenguaje más sencillo posible”. No podía ser de otro modo.

Los interesados en el software pueden desde ya acceder al enlace Escriba Software y apuntarse en una lista que promete una oferta de lanzamiento (aún cuando la página está en construcción, cuenta con la útil sección de preguntas más frecuentes) o visitar el blog de La página del guión, donde Frank suele publicar avances relacionados con su proyecto. A partir de ahora también yo, desde mi blog, adelantaré una que otra información relacionada con Escriba. Sobre todo cuando tenga instalado en mi notebook la tan esperada versión beta del software. Así que pendientes...

lunes, 26 de mayo de 2008

Mensajes en la pared en Booksur.com

En varias ocasiones visitantes de este blog, que residen fuera de Venezuela, me han escrito a mi cuenta de correo electrónico solicitándome información sobre dónde podían adquirir mi libro de relatos Mensajes en la pared. Naturalmente mi respuesta era que sólo estaba a la venta en Venezuela. Sin embargo, desde hace algunos meses, Mensajes en la pared también puede adquirirse a través de la página web de Booksur.com.

Booksur.com es una filial de Libros Andinos, con cede en la ciudad de Miami, especializada en la distribución de libros de la región: “ofrecemos cerca de 100,000 títulos de libros producidos en la región andina: Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Nos establecimos en 1970 y nos convertimos en una librería especializada en temas andinos”, es la oferta que puede leerse en su página web.

De modo que aquellos interesados en leer Mensajes en la pared, que viven fuera de Venezuela, ahora pueden adquirirlo a través de Booksur.com siguiendo con atención los pasos que allí se indican. Recomiendo, antes que nada, leer con cuidado la sección de preguntas frecuentes para evitar confusiones.

sábado, 24 de mayo de 2008

Laberinto interior

Según los conocimientos actuales, los primeros que imaginaron el concepto del laberinto fueron los antiguos mesopotámicos. Estos le arrancaban las tripas a los animales, o, a veces, los intestinos a los seres humanos, y, según la forma que tuvieran, predecían el futuro. Sentían admiración por lo complejo que eran. Así que la forma del laberinto remite a las entrañas. Es decir, que el principio de laberinto reside en tu propio interior. Y éste se corresponde con el laberinto exterior.


Haruki Murakami

jueves, 15 de mayo de 2008

El oído de Flaubert y el subconsciente


Cuentan que Flaubert solía hacer las correcciones de estilo de sus textos al aire libre, en una pequeña alameda de tilos cercana a su casa de Croisset. Allí, mientras recorría la alameda, se entregaba a la lectura de sus escritos en voz alta, dejando la responsabilidad mayor del trabajo a su oído. Así lo relata Mario Vargas Llosa en el libro Cartas a un joven novelista:

No sé si usted sabe que Flaubert tenía, respecto del estilo, una teoría: la del mot juste. La palabra justa era aquella —única— que podía expresar cabalmente la idea. La obligación del escritor era encontrarla. ¿Cómo sabía cuándo la había encontrado? Se lo decía el oído: la palabra era justa cuando sonaba bien. Aquel ajuste perfecto entre forma y fondo —entre palabra e idea— se traducía en armonía musical. Por eso, Flaubert sometía todas sus frases a la prueba de “la gueulade” (de la chillería o vocerío). Salía a leer en voz alta lo que había escrito, en una pequeña alameda de tilos que todavía existe en lo que fue su casita de Croisset: la allée des gueulades (la alameda del vocerío). Allí leía a voz en cuello lo que había escrito y el oído le decía si había acertado o debía seguir buscando los vocablos y frases hasta alcanzar aquella perfección artística que persiguió con tenacidad fanática hasta que la alcanzó.

En la enésima relectura que hago del libro de Vargas Llosa, caigo en cuenta de que un texto que escribí hacia finales de 2002, y que colgué aquí en junio del año pasado, está sin duda inspirado o influenciado por la anécdota del oído de Flaubert. A veces pensamos que hemos dado con una idea original y en el fondo no es más que un enfoque de la idea de otro, que leímos y creíamos olvidada, sin embargo, esa idea se mantuvo, permaneció agazapa en nuestro subconsciente para brotar tiempo después como si fuera realmente nuestra. ¿A esto se refería Borges al afirmar que toda creación era de una u otra forma un plagio?

Los curiosos pueden leer el texto del que hablo haciendo clic aquí.

jueves, 1 de mayo de 2008

La literatura como pararrayos


Poco a poco uno va llenándose de libros. Por aquí y por allá se van acumulando las pilas puesto que en los anaqueles de la biblioteca ya no queda lugar disponible. Todavía así nunca parecen suficientes.

Libros de viejos y queridos autores que hemos convertido en nuestros libros de cabecera. Otros de autores recientes y por descubrir. Algunos leídos en la adolescencia, que nos negamos a releer, porque tememos no reencontrar en ellos la magia que en su momento nos trastocó.

Y es que los libros, como los seres vivos, también cambian con el paso del tiempo, se van haciendo viejos (y aquí no me refiero, desde luego, a su aspecto puramente físico, sino a algo más recóndito), unos con mayor rapidez que otros.

Incluso hay libros que pese a haberlos adquirido años atrás, aún conservan, intacta, la envoltura original, virgen, sin una sola rasgadura. Libros que quizá nunca llegaremos a leer.

En mis años de informático, cuando el dinero no era un problema serio —no como ahora, quiero decir, porque el dinero fue, es y será siempre un problema serio en nuestras sociedades— acostumbraba a comprar libros aún a sabiendas de que no podría leerlos. Al menos no de inmediato. En aquel tiempo mi promedio de lectura era realmente patético, lastimoso. Tan sólo dos o tres libros al año. No más. Aún así era difícil resistirme a la tentación de entrar en una librería y salir, rato después, cargado de libros. Y si esa librería echaba sus anclas en ciudades como Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá, la experiencia se tornaba todavía más intensa y desestabilizadora. Ahora estoy seguro de que en aquellos años, sin saberlo, me aboqué a la tarea de construir una especie de fondo de libros para esta otra etapa que vivo en la actualidad, en la que, por muchas razones, comprar un libro ya no es lo mismo que antes.

Precisamente de aquellos años data el libro —releído una y otra vez en no pocas ocasiones— del que quiero hablar en este post. Y quizá en los siguientes. Se trata de un libro ideal para quienes nos iniciamos en el arte de contar historias, escrito por un consagrado e inigualable contador de historias: Mario Vargas Llosa. ¿Su título? Cartas a un joven novelista (Editorial Planeta, 1997).

Vargas Llosa estructura su libro como epístolas dirigidas a un interlocutor, aspirante a novelista, con el que mantiene una íntima, sincera, didáctica y muy extensa correspondencia. A veces, mientras avanzamos en la lectura, nos sentimos como fisgones que hemos violentado un espacio creado exclusivamente para dos. Y otras, incluso, como los destinatarios del texto que leemos. Pero no es en la forma, sino en el contenido, donde se halla lo sustancial de Cartas a un joven novelista. Vargas Llosa, de una manera sencilla, amena y en extremo inteligente, dicta cátedra, una clase magistral en el arte de contar historias. Allí reflexiona sobre las motivaciones, la vocación, las perspectivas, la disciplina y perseverancia de alguien que ha decido elegir el oficio de escribir. Pese a estar enfocado hacia el género de la novela, creo que funciona con igual validez para el resto de los géneros literarios (sobre todo los narrativos, como el relato y la crónica) que tienen como meta principal precisamente ésa, la de contar historias. “La predisposición a fantasear nada más que como umbral del verdadero ejercicio de la literatura; la indisoluble relación fondo-forma, el estilo, la técnica narrativa, la voz propia, el tiempo, el poder persuasivo de una historia, la organización del relato, la ambigüedad, los datos escondidos, las ‘mudas’ de una historia”, son, entre otros, algunos de los tópicos que, con la precisión de un neurocirujano, el autor aborda en Cartas a un joven novelista. Sin duda, un libro de obligada y reiterada relectura para cualquier novel escritor.

En lo sucesivo, iré posteando aquí algunas de las notas que he tomado durante mis relecturas del libro de Vargas Llosa; en su mayoría citas o fragmentos que he considerado relevantes para acercarles la lupa.

Con la intención de que sirva de abreboca a curiosos o interesados en el tema, aquí va el primer fragmento:

Tal vez el atributo principal de la vocación literaria sea que quien la tiene vive el ejercicio de esa vocación como su mejor recompensa, más, mucho más, que todas las que pudiera alcanzar como consecuencia de sus frutos. Ésa es una de las seguridades que tengo, entre muchas incertidumbres sobre la vocación literaria: el escritor siente íntimamente que escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, pues escribir significa para él la mejor manera posible de vivir, con prescindencia de las consecuencias sociales, políticas o económicas que puede lograr mediante lo que escribe.

¿Acaso hubiera podido elegir un mejor fragmento para dar inicio a esta especie de vía crucis literario?

Puede que sí, pero he comenzado por éste porque sin duda me toca en lo inmediato.

jueves, 24 de abril de 2008

Gente sin imaginación

Sólo que ya estoy más que harto de la gente sin imaginación. De ese tipo de gente que T.S. Eliot llama “hombres huecos”. Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello. Personas que intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad soltando, una tras otra, palabras huecas.


Haruki Murakami

lunes, 21 de abril de 2008

Quince que cuentan


Desde hace poco más de tres años (seguramente más) Ana Teresa Torres y Héctor Torres vienen haciendo un trabajo de hormiguita, como se le suele decir a esas arduas tareas que nos imponen a veces ciertas actividades u oficios.

Su meta era la de crear un espacio donde las nuevas generaciones de narradores venezolanos pudieran mostrar sus trabajos al público e interactuar con él. Gracias a esa iniciativa de los Torres (y aquí abro un paréntesis para subrayar lo que Héctor siempre aclara: “no somos familia”; consanguínea, se entiende), apoyada por el Pen de Venezuela y el Centro Cultural Chacao, nació el evento Semana de la Nueva Narrativa Urbana, que este año alcanza su tercera edición.

Noche tras noche, a lo largo de una semana, quince voces de la nueva narrativa local (tres cada noche) pueden ser escuchadas y leídas por el público asistente. A ellos se unen cinco reconocidas voces (una por noche), también de la narrativa local, que los presentan y comentan sus relatos.

Quienes hayan tenido la ocasión de asistir a las dos ediciones anteriores, habrán podido comprobar que se trata de un evento donde la sencillez y el profesionalismo se dan la mano. Tal vez por esta razón la gente respondió con generosidad y asistió concurridamente durante los diez días de aquellas dos ediciones de 2006 y 2007. Ya lo dijo Chejov, “La sencillez es una gran virtud”.

A lo largo de esta semana que ha empezado a correr, en el Centro Cultural Chacao, en El Rosal, de nuevo se reunirán los noveles narradores locales y aquellos que les encanta que le caigan a cuento. Y para el cierre del día viernes, se tiene planeado presentar el libro Quince que cuentan, publicado por la Editorial Fundación para la Cultura Urbana, con palabras de Carlos Pacheco, donde se recoge los quince textos de los autores de la segunda edición —en la que tuve la oportunidad de leer uno de mis relatos.

Ojalá que los noveles narradores locales puedan seguir contando con este valioso espacio creado por los generosos y laboriosos Torres (¿se han puesto a pensar todos los hilos que ambos tienen que mover para que cada año se realice el evento en un país como el nuestro? ¿Con libro incluido?) y que el público en general continúe apoyando la iniciativa con su asistencia, porque para contar es necesario que alguien escuche o lea. Sin duda.

jueves, 17 de abril de 2008

Continúa éxito de Cuando seamos grandes

p

Aunque niños se nos permita ser
tan sólo una vez en la vida
el sueño vivirá en nosotros
como el grano de pan en la espiga


Cuando seamos grandesde Víctor Vegas

Del 29 de marzo al 4 de mayo

Con las actuaciones de Paola Baroferre, Oriana Nigro, Zammy Giménez, José Alberto Blanco, Kaoru Yonekura y la participación especial de la niña Verónica León.

Produce Teatro San Martín de Caracas/TextoTeatro
Dirección de Jennifer Morales

Sábados y domingos, 3:00 pm

Sala Principal del Teatro San Martín de Caracas.
Av. San Martín c/Pte. 9 de Diciembre, estación metro Artigas.
Telf. (212) 4512161/3772526

Estacionamiento privado al lado del teatro.

lunes, 14 de abril de 2008

Permitamos que nos caigan a cuentos otra vez


La semana próxima, del lunes 21 al viernes 25 de abril, vuelve la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, evento que tiene como finalidad la difusión y promoción de perfiles emergentes en el contexto de la narrativa venezolana, organizado por el Pen de Venezuela y el Centro Cultural Chacao, bajo la coordinación de Ana Teresa Torres y Héctor Torres.

En su tercera edición, contará con la participación de los siguientes escritores que leerán sus textos al público asistente: lunes 21, Luis Alejandro Ordoñez, Dayana Fraile y Gabriel Torrelles; martes 22, Rafael Ortega, José Urriola y Jorge De Abreu; miércoles 23, Jorge Gustavo Portella, Ricardo Román Marcano y Olga Colmenares; jueves 24, Carlos Russo, Luis Enrique Belmonte y Keila Vall de la Ville; viernes 25, Gabriel Payares, Javier Dominguez y Rafael Osío Cabrices.

Cada noche, los tres lectores de turno, serán presentados y sus textos comentados por los reconocidos escritores Ednodio Quintero, Carlos Noguera, Alberto Barrera Tyszka, Milagros Socorro y José Luis Palacios, respectivamente.

El vienes 25, día de cierre, según esta nota, será presentado el libro con los relatos de los autores que participaron en la edición pasada.

Los encuentros de la III Semana de la Nueva Narrativa Urbana se realizarán en el auditorio principal del Centro Cultural Chacao, en El Rosal, a partir de las 7:00 pm.

lunes, 7 de abril de 2008

La maldad como belleza


¿Puede acaso la maldad llegar a ser bella?

No ciertamente en la crudeza de nuestra cotidianidad, reflejada en las páginas de los diarios o en los departamentos de redacción de otros medios de comunicación, desde luego, pero sí en las manos de un creador, de un artista, que a través de su ingenio la moldea, le da forma y la convierte en objeto de arte, es decir, en belleza.

Ahora mismo me vienen a la mente tres ejemplos: The Silence of the lambs de Jonathan Demme, Bram Stoker’s Dracula de Francis Ford Coppola y Estrella distante de Roberto Bolaño, dos películas y una pequeña joya de la literatura donde la maldad se transfigura en belleza.

Sin embargo, no es de cine ni de literatura de lo que voy a hablar sino de la más reciente puesta en escena de la premiada obra Ochenta dientes, 4 metros y 200 kilos del reconocido dramaturgo venezolano Gustavo Ott, producida por el Teatro San Martín de Caracas y bajo la dirección de Luis Domingo González, cuyo estreno, en la sala principal del mismo teatro, fue el pasado viernes 4 de abril.

También Luis Domingo González con su puesta, de manera sobria y contundente a partir del texto de Ott, las limpias y excelentes actuaciones de Rubén León, David Villegas, José Gregorio Martínez, Carolina Torres y Leonardo Gibbs, y las acertadas participaciones técnica de Alfonso Ramírez en la  musicalización, Gerónimo Reyes en la iluminación y Enrique González V. en la escenografía y vestuario, logran convertir a la maldad en belleza.

La puesta de González, con indiscutible economía de recursos, hace más con menos y consigue construir la atmósfera adecuada para contar la historia de Ángel, Cacho y Cándido, tres amigos que en la adolescencia, a causa de una proverbial irresponsabilidad, cometen un crimen que los marca para toda la vida. A partir de allí sus destinos se escribirán con sangre, aunque ellos intenten borrar de sus memorias el obsceno suceso. Pero como en las tragedias griegas, por más que los tres quieran eludir su sino, éste los persigue convertido en gárgola, un monstruo de 80 dientes, 4 metros y 200 kilos que llevan sobre las espaldas.

A lo largo del montaje hay momentos de gran belleza poética: cuando un viejo recoge basura le cuenta una truculenta historia a los adolescentes Ángel, Cacho y Cándido, historia que coincide con la que ellos están viviendo; o cuando, atormentados por la culpa, los tres adolescentes, por separado, despiertan en medio de pesadillas; o cuando Cacho, próximo a enfrentarse a su irrevocable destino, ve claramente al monstruo que lo ha perseguido por años; o ese recurrente despertar y caer de nuevo en el sueño (¿o pesadilla?) de un Ángel ya adulto y fracasado; para por fin rematar en un final ¿macabra y obscenamente poético?

Como en la mayoría de piezas de Ott, 80 dientes... tiene una estructura compleja, sin que esto se convierta en obstáculo para el correcto fluir de la historia que se cuenta. La profundidad de su tema, lo irracional de algunas de sus situaciones y esos diálogos absurdamente líricos a los que nos tiene acostumbrado, contrastan para construir un curioso retrato de nuestra sociedad actual, de nosotros como país, ¿acaso no nos parecemos demasiado a esos tres alegres adolescentes que aman el béisbol y van por la vida sin querer responsabilizarse de sus acciones? No obstante, tarde o temprano, la vida pasa factura...

Pese a reconocer su incuestionable calidad como texto dramático, 80 dientes... no forma parte en mi lista personal de imprescindibles. Ella y yo no terminamos de hacer “clic”. Y esto no lo digo a manera confesional o por puro capricho, sino con la intención de reforzar el concepto totalizador y totalizante en el teatro moderno y su implacable fórmula: texto+director+actrices/actores+producción= teatro.

Que el espectáculo teatral depende irremediablemente de que cada uno de los elementos de esta fórmula funcione como engranaje de relojería suiza, es lo que nos ha demostrado, una vez más, la gente del Teatro San Martín de Caracas durante el estreno del pasado viernes de la premiada obra de Ott.

Inmejorable manera para celebrar 15 años de existencia.