lunes, 19 de marzo de 2007

Permítenos que te caigamos a cuentos



Entre el 23 y 27 de abril se estará realizando la segunda edición de la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, evento organizado por el PEN de Venezuela bajo la coordinación de Ana Teresa Torres y Héctor Torres, y con el apoyo de la Fundación Chacao y la Fundación para la Cultura Urbana.

Dicho evento reúne a quince voces de la nueva narrativa venezolana que, durante cinco noches, leerán sus relatos para el público que desee acercarse a escucharlos en el Centro Cultural Chacao, ubicado en la avenida Tamanaco de El Rosal, justo detrás del Centro Lido, a las 7:00 pm.

El lunes 23 abrirán el evento Álvaro Pérez Capiello, Víctor Vegas (sí, leyeron bien: yo) y Gisela Kozak. Les seguirán el martes 24: Ricardo Waale, José Tomás Angola y Carlos Ávila; el miércoles 25: Mario Morenza, Marianne Díaz Hernández y Eduardo Cobos; el jueves 26: Carolina Rodríguez, Rafael Victorino Muñoz y Miguel Hidalgo; y cerrará el viernes 27: Arnoldo Rosas, Leopoldo Tablante y Ana García Julio.

Cada noche, el trío de voces será presentado —y sus textos comentados— por un autor reconocido de nuestra narrativa; ellos son: Judit Gerendas, Antonieta Madrid, Federico Vegas, Ángel Gustavo Infante y Oscar Marcano, respectivamente.

El año pasado la Semana de la Nueva Narrativa Urbana, en su primera edición, tuvo muy buena acogida de público, incluso rebasó las expectativas de los organizadores. Esperemos que este año vuelva a repetirse el fenómeno.

Entonces, permítenos que te caigamos a cuentos otra vez.

viernes, 9 de marzo de 2007

Los lectores de Cortázar


Para Cortázar existían sólo dos tipos de lectores. El primero de ellos, el lector-hembra, lo describía como “el tipo que no quiere problemas sino soluciones, o falsos pro­blemas ajenos que le permitan sufrir cómodamente sentado en su sillón, sin comprometerse en el drama que también debería ser el suyo”. En el extremo opuesto de la misma cuerda, estaba el lector-cómplice, que definía como aquel que “puede llegar a ser copartícipe y copa­deciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma”.

Después de lo anterior, como es natural, alguien que esté leyendo esta nota no le será difícil concluir que a Julio Cortázar le gustaba pensar que escribía para el segundo tipo de lectores: “Por lo que me toca, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me in­teresa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo”.

Según Diego Trelles Paz, escritor peruano, “la noción del lector como activo creador de la obra literaria y la destrucción del estado parasitario de la lectura, ya habían sido señaladas por José María Castellet en su libro La hora del lector (1957) y, trece años más tarde, Roland Barthes reafirmaba esta premisa señalando que: «el objetivo del trabajo literario (de la literatura como trabajo) es hacer que el lector no sea más un consumidor, sino el productor del texto»”.

Vaya clase de afirmación. ¡Bravo por Barthes!

De una u otra manera, un grupo —quisiera pensar no despreciable— de los que nos ha tocado escribir en esta época, compartimos obsesiones similares a las expuestas en los párrafos previos. ¿Cómo hacer que el lector se involucre activamente en la construcción de las historias que contamos? ¿Cómo encender la chispa que eche a andar su propia maquinaria creativa mientras lee nuestros relatos? ¿Cómo hacer que nos acompañe activamente en la gran aventura de ficcionar? Vale señalar que quienes escribimos en la actualidad la tenemos bien cuesta arriba frente a las nuevas generaciones de lectores, porque si bien la manera de contar historias ha cambiado, ha evolucionado, ha sido objeto de no pocas innovaciones en las últimas décadas, también el lector ha ido evolucionando con el tiempo y hoy en día es mucho más difícil, por decir lo menos, hallarse con lectores ingenuos —si es que alguna vez esta rara especie llegó a existir. Además, cine y televisión han contribuido para que la cuesta de la que vengo hablando se haga mucho más pronunciada y tortuosa para las nuevas generaciones de autores. ¿Cómo cautivar a los lectores en la época post Tarantino? La respuesta no puede ser otra distinta a la que han echado mano tantos creadores: la forma, la estructura que armemos al momento de contar, en fin, el envoltorio de nuestras historias.

Por ejemplo, el caso de Roberto Bolaño, uno de los escritores latinoamericanos más influyente de nuestros tiempos, no deja de ser paradigmático. A él se debe parte de las innovaciones en la manera de narrar a las que he hecho referencia, sobre todo, en su inquietante y extraordinaria novela Los detectives salvajes. Durante una entrevista que le concedió al periodista Daniel Swinburn, del diario chileno El Mercurio, dijo: “En cualquier caso, la presión temática siempre ha ido a la par con la presión de la estructura. De hecho, cuando imagino un cuento o una novela o una pieza teatral, lo que sea, menos tal vez un poema, el primer escollo, el primer problema a resolver es el de la estructura, es decir, el envoltorio. A fin de cuentas, lo que se cuenta siempre es una variación de lo que el hombre se viene contando a sí mismo desde hace miles de años. Lo que cambia, lo que permite que el árbol, si aceptamos darle esa figura a la experiencia literaria, se mantenga vivo y no se seque es la estructura, nunca el argumento”.

Y allí está Rayuela, de Cortázar, para confirmarlo.

De manera que es en la estructura donde hallaremos el gran reto a la hora de sentarnos a escribir. En ella está el verdadero atractivo para el lector, nuestra posibilidad de encender su maquinaria creativa, de que a la hora de leernos se comporte como un lector-cómplice y no como un lector-hembra.

Menudo reto.

jueves, 8 de marzo de 2007

A reír al teatro


Entre el 2 de marzo y el 8 de abril, los habitantes del suroeste de la ciudad tendrán la oportunidad de reírse a mandíbula batiente con la primera Muestra de Comedia del Teatro San Martín de Caracas.

Se trata de un selectivo grupo de comedias estrenadas en las salas del circuito comercial del este caraqueño que Jorgita Rodríguez, presidenta de la empresa productora de espectáculos Talento Femenino, y el reconocido dramaturgo Gustavo Ott, director del Teatro San Martín, pensaron que podía funcionar muy bien en ese espacio. Y no se equivocaron, pues el pasado fin de semana, cuando se inauguró el evento, la asistencia fue masiva. El viernes abrió Mister Juramento, de Néstor Caballero, interpretado por el polifacético Franklin Virgüez; le siguió sábado y domingo Locas, Trasnochadas y Melancólicas, de Indira Páez, con las actuaciones de Lourdes Valera y Nohely Arteaga.

Otros espectáculos que prometen estirar las risas del público durante los siguientes fines de semana son La coleccionista, de Manuel Mendoza y Alejandro Aragón, con la participación de Tania Sarabia y Sheila Monterola; Pony, de Gustavo Ott, con las interpretaciones de Verónica Arellano y Salomón Adames; Rosario Prieto, viuda de..., escrita y actuada por Rosario Prieto, con la participación especial de Juan Carlos Lira; El hombre chiste, de Carlos Sánchez Delgado, representado por César Bencid; Entiéndeme tú a mí, de Eloy Arenas, protagonizada por Karl Hoffmann y Carlos Montilla; la pieza infantil Las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza, de Humberto Orsini; y el 8 de abril, el cierre de la muestra será con el monólogo que Romano Rodríguez escribió para su hermana Ruddy, Una mujer con suerte.

Los organizadores prometen repetir el evento en los años venideros. Los interesados pueden consultar la programación del mismo en la página web del Teatro San Martín de Caracas o en VayaAlTeatro.com.