lunes, 29 de enero de 2007

Lennon en Durness





Por alguna razón que ignoro, In my life se encuentra entre mis temas preferidos de The Beatles. Aunque, a decir verdad, esto tal vez pueda sonar a despropósito en oídos de otro beatle-lennon-maníaco.

La mayoría de las canciones de la banda, como es de conocimiento universal, están firmadas por la dupla Lennon-McCartney. Pero lo cierto es que muchas fueron compuestas por John, otras tantas por Paul, y otras, quizá las menos, y sólo en sus comienzos, por ambos. Sin embargo, mientras se mantuvieron unidos derrumbando los esquemas levantados por la industria musical hasta el momento de su aparición, cualquier creación salida de sus cabezas, corazones o vísceras, indistintamente, le colocaban la rúbrica Lennon-McCartney. Así Yesterday, The long and winding road y Eleonor Rigby, por nombrar tres piezas al azar, fueron compuestas por Paul, mientras que Help!, Strawberry fields forever y Don’t let me down llevan la indiscutible marca de John.

Este fin de semana leí que Durness, un pueblecito extraviado en la costa norte de Escocia, de menos de 400 habitantes, le sirvió a Lennon de inspiración para componer In my life.
There are places I'll remember
All my life though some have changed
Some forever not for better
Some have gone and some remain
All these places have their moments
With lovers and friends I still can recall
Some are dead and some are living
In my life I've loved them all
Al parecer, entre los 9 y 14 años, Lennon pasó largas vacaciones de verano en Durness, en la granja del padrastro de su primo hermano Stanley Parkes, siete años mayor. “Jonh adoraba lo salvaje y lo sencillo del lugar”, dice Parkes, quien jugó un rol importante en la infancia del ex Beatle, una especie de chaperone que lo acompañaba a todas partes y con quien compartió los momentos más felices de sus primeros años. Tiempo después, en 1969, Lennon regresaría a Durness junto a Yoko Ono y sus respectivos hijos, Julian y Kyoko. Pero esta vez el viaje tuvo un contratiempo infeliz: Lennon se vio envuelto en un aparatoso accidente de tránsito; recibió 17 puntos de sutura tras sufrir varias heridas faciales y tuvo que permanecer recluido en un hospital de la localidad durante cinco días. “A los lugares donde has sido feliz es mejor que no intentes nunca regresar”.

Hace poco la Oficina de Turismo de North Highland incluyó en su página web algunos de estos vínculos del ex Beatle con la zona y el resultado no ha podido ser más efectivo y a un tiempo impresionante: de 3.000 visitas diarias que recibía el portal, tan sólo el pasado lunes se dispararon a 150.000. La nota no hace mención de las cifras en el resto de la semana, pero creo que basta sólo con el dato del lunes para que uno deje caer la mandíbula hasta niveles del subsuelo.

Cada tanto, The Beatles pareciera gritarles a sus fans: “¡Hey! Aquí seguimos; no nos olviden”. Y ellos, como buenos fans, responden a ese llamado. En mi caso particular, después de leer la nota de prensa, corrí al equipo de sonido y volví a escuchar las voces y los sonidos de estos incuestionables picassos de la música contemporánea.

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