viernes, 7 de noviembre de 2014

Loreak


Siempre he admirado a los cineastas que toman riesgos, que pese a los tiempos que nos condicionan, intentan contar historias de una manera distinta, original, respetando y apegándose con fidelidad al tempo y a las pulsiones que a su vez exigen esas mismas historias. En otras palabras, creadores que no sucumben a las tentaciones del mercado.

Ahora mismo se me vienen a la cabeza nombres como los de Wong Kar-wai (In the mood for love), Nanni Mortti (La Stanza del Figlio) y Andréi Zviáguintsev (The return), por mencionar sólo a tres de esos autores que, en su momento, nos han obsequiado con sugerentes y poéticas imágenes en algunos de sus trabajos.

Es también el caso de los vascos Jon Garaño y Jose Mari Goenaga y su hermosa, sobrecogedora e inquietante Loreak.

Loreak en euskera significa flores. Y precisamente de flores va esta película. Flores que durante un tiempo no paran de llegar y que, en dos momentos diferentes, desestabilizan la vida de una pareja (en especial, uno de los miembros de esa pareja: Ane) y de dos mujeres (Lourdes y Tere) unidas por un vínculo de afinidad. El asunto es que esas flores entran de manera anónima al círculo cotidiano de las tres mujeres. No hay remitente y no es posible identificarlo. Al menos no de forma inmediata. Entonces, cada una a su manera, llenará el vacío que dejan las incertidumbres con las fantasías que a veces crea nuestra imaginación. En algunas de las tres protagonistas estas fantasías traerán esperanzas y en otras decepción.

Garaño y Goenaga nos hacen partícipes de un juego seductor, no por previsible en ciertos tramos, falto de autenticidad y encanto. Hacen del montaje un elemento fundamental en su narración, como ya antes lo han hecho cineastas como Tarantino y González Iñárritu. Pero es quizá en el ritmo del relato, sus silencios y pequeños gestos, las acciones en apariencias baladí, donde encontramos la esencia de la obra de los vascos, su poética, que emociona e impacta a medida que va desarrollándose y acercándose al clímax.

Mención aparte merecen las actrices que interpretan a Ane, Lourdes y Tere (Nagore Aramburu, Itziar Ituño, Itziar Aizpuru, respectivamente), brillantes las tres en sus caracterizaciones.

Loreak es un melodrama sutil e intimista, cargado de resonancias, que sacude a golpe de silencio y desolación.

Un dato final para el espectador que se anime a verla: hace algunos años, una dependienta de una floristería, me dio el siguiente consejo: la mejor manera de pedir perdón es regalar flores blancas.

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